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Viaje a Roma XVIII. Día 6 II: Roma

Jul 30, 2025
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El bus que tomamos en las catacumbas nos dejó en la Piazza Venezia, junto al Monumento a Vittorio Emanuele, que ya habíamos visitado el día anterior. No obstante, en la zona se nos había quedado pendiente por ver la Piazza del Campidoglio, junto a la franciscana Iglesia de Santa Maria in Aracoeli, del siglo XIII, en el Monte Capitolino.

Este monte era la colina sagrada de la Antigua Roma. Allí se erigía el gran templo de Júpiter y era desde donde partían todas las vías consulares que recorrían el Imperio, es decir, era (y sigue siendo) el kilómetro cero de las carreteras italianas. También donde acudían los ejércitos victoriosos tras su desfile triunfal para agradecer a los dioses su ayuda en la batalla. No obstante, tras el saqueo y destrucción de las tropas de Carlos V en 1527, los templos paganos quedaron en ruinas y la colina perdió su carácter sagrado. La zona estaba en un estado tan lamentable que el Papa Pablo III encargó en 1536 a Miguel Ángel la transformación del espacio. Este trabajó pues, no solo en el símbolo del poder religioso (la Basílica de San Pedro del Vaticano), sino también en el del poder civil.

El artista diseñó la que se considera primera gran plaza monumental de la Roma moderna, tanto sus edificios como su original suelo y la Cordonata capitolina, la gran rampa escalonada que termina en las gigantescas estatuas de Cástor y Pólux, los dos hermanos protectores de la ciudad, de pie junto a sus monturas. Hasta entonces la ciudad estaba orientada hacia el Foro Romano, sin embargo, Miguel Ángel planificó la esta plaza justo hacia el punto contrario, hacia San Pedro y el Campo Marzio.

La rampa conduce al Palazzo Senatorio, que se erige donde, ya en el 196 a.C., existía un templo dedicado a Veiove. En la Edad Media los restos de este se incorporaron a una fortaleza y, aquel edificio, con el nacimiento del municipio libre de Roma en el siglo XII, se convirtió en su sede. En la actualidad sigue siendo el Ayuntamiento de la ciudad. La fachada actual data de finales del siglo XVI y fue realizada por Giacomo Della Porta y Girolamo Rainaldi, puesto que Miguel Ángel falleció sin que le diera tiempo a concluir el proyecto. La torre fue construida entre 1578 y 1582 por Martino Longhi el Viejo.

En su parte baja destaca la pequeña estatua de Minerva -Dea Roma flanqueada por otras dos más grandes de los ríos Nilo y Tigris provinientes de las Termas de Costantino del Quirinale.

En el centro de la plaza destaca la estatua ecuestre en bronce de Marco Aurelio, del siglo II, aunque es una copia, ya que la original se encuentra en los Museos Capitolinos, ubicados desde 1735 en los otros dos edificios que enmarcan la plaza: el Palazzo Nuovo y el Palazzo dei Conservatori. En ellos, completados por Giacomo della Porta y Giacomo Rainaldi ya en época barroca, también se pueden ver los restos arqueológicos que se han encontrado bajo la plaza, así como las colecciones de los papas desde el silo XV.

El Campidoglio es hoy en día la única plaza renacentista que queda en Roma y quizás la más significativa. En ella se celebró el 2 de julio de 1849 la Asamblea Constituyente de la República Romana y se aprobó la Constitución.

En su parte trasera, accediendo por una callejuela entre el Palazzo Senatorio y el Palazzo Nuovo llegamos al símbolo de Roma por excelencia: la Loba capitolina.

Aunque, de nuevo, se trata de una reproducción, pues la original también se encuentra en los Museos Capitolinos.

Girándonos, pudimos además observar el Foro Romano desde otra perspectiva diferente a la del día de nuestra visita.

También observamos cómo, más allá, en la Via dei Fori Imperiali estaban instalando las gradas para el fin del Giro de Italia que tendría lugar unos días después.

Después de unos minutos observando la panorámica y haciendo unas fotos, reemprendimos la marcha para agotar las últimas horas en la ciudad.

Volviendo a la Piazza Venezia tomamos la Via del Corso, donde hicimos una parada en la Chiesa San Marcello al Corso, una de las más antiguas de Roma. Tras un incendio en 1519, tuvo que ser reconstruida, momento que se aprovechó para reorientarla volviendo la portada central hacia Via del Corso.

La fachada, de estilo barroco tardío, está realizada únicamente en travertino. En el interior destaca su espectacular techo artesonado de madera perteneciente al siglo XVI.

Sin embargo, por lo que nosotros entramos fue por un cartelón que anunciaba la exposición temporal (justo terminaba ese día) de un cuadro de Dalí, El Cristo de San Juan de la Cruz, de 1951. La elección de la iglesia para esta muestra no es casual, ya que precisamente San Marcello al Corso alberga un importante crucifijo de madera considerado milagroso durante la epidemia de peste que afectó a la capital en 1522.

Conocida también como El Cristo de Portlligat, esta pintura al óleo es una de las obras más importantes de todos los tiempos. Dalí la realizó en un momento muy especial de su carrera en medio de una reformulación de su pensamiento y seña del inicio de un nuevo período, el del misticismo nuclear, en el que artista catalán combina su interés por la física y el Renacimiento italiano con la religión y la espiritualidad católica.

En el cuadro, sobre un fondo negro, aparece Jesús tomado en perspectiva desde arriba. La cabeza inclinada hacia abajo, ocultando el rostro, prescinde de la melena típica y de la corona de espinas, y es que Dalí quería mostrar una imagen que expresara más la belleza de Cristo que su sufrimiento. Abajo del todo, en un azul tan intenso que contrasta grandemente con la oscuridad, se reconoce el paseo del Port Lligat con dos pescadores y una barca.

Seguimos con nuestro paseo por la Via delle Muratte pasando por la siempre plagada de gente Fontana di Trevi hasta Piazza Barberini, donde tomamos el metro hasta Repubblica. Esta plaza fue conocida como Plaza de la Exedra hasta 1950 porque fue construida sobre un antiguo emplazamiento de la exedra del edificio de tiempos de Diocleciano.

La forma de la plaza es semicircular, quedando rodeada por la Basílica de Santa María de los Ángeles y los Mártires, integrada en un ala de las termas romanas. En el centro destaca la Fuente de las Náyades, construida entre 1870 y 1888 con las figuras de cuatro leones. Más tarde, en 1901 los leones fueron sustituidos por las estatuas de cuatro ninfas desnudas que representan a la Ninfa de los Lagos sosteniendo un cisne; la Nifa de los Ríos, sobre un monstruo de río; la Ninfa de los Mares, sobre un caballo de mar y la Ninfa de las Aguas Subterráneas, inclinada sobre un dragón. Realizadas por Mario Rutelli, estas esculturas fueron controvertidas en la época por tratarse de figuras femeninas desnudas. Por ello la fuente permaneció escondida durante mucho tiempo en un recinto de madera.

Llegados a este punto decidimos que era hora de comer, recoger nuestra maleta y dirigirnos al aeropuerto.

Quizá podríamos haber rascado algo más de tiempo y seguir paseando, pues teníamos el vuelo a las 7 de la tarde, pero estábamos cansados y hacía bastante calor, por lo que no había que estirar por estirar. Así pues, nos dirigimos a Termini, donde nos tomamos el último trozo de pizza y nos despedimos de Roma.

Sobre las 16:30 ya estábamos en Fiumicino, tras haber recuperado nuestro equipaje. Una vez que facturamos y pasamos el control, nos acomodamos tranquilamente en una sala de espera hasta que llegara nuestra hora de embarcar.

El vuelo fue tranquilo y cómodo, puesto que, al igual que a la ida, íbamos en pasillo de emergencia. Llegamos a Madrid ya de noche con ganas de una ducha y acostarnos lo antes posible, pues al día siguiente trabajábamos. Se había acabado nuestra escapada a Roma, pero ya estábamos pensando en el próximo viaje.

 
 
 

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