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Viaje a Roma XIII. Día 4 V: Visita al Foro Romano y Palatino II

May 20, 2025
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Tras haber subido a la colina del Palatino para observar el foro en su totalidad y conocer datos históricos, tocaba el momento de transitar sus caminos, y para ello regresamos a la Via Sacra. El primer edificio que encontramos a mano derecha dejando atrás el Coliseo y a la altura del Arco de Tito por el que habíamos entrado es la Basílica de Santa Francesca Romana, también conocida como Santa María Nuova.

Mandada construir en el siglo IX por el papa Paulo I, es una de las pocas basílicas románicas que hay en la ciudad de Roma. Fue restaurada y ampliada en el siglo XII, momento en que se erigió también su campanario cuadrado.

A continuación, también a mano derecha, vemos los restos de la Basílica de Majencio y Constantino. Este imponente edificio fue construido a principios del siglo IV por orden del emperador Manjencio. Aunque está derruido en su mayor parte, aún por lo que queda en pie nos podemos hacer una idea de la magnitud que tuvo en su día. Con una nave central de 80 metros de largo, 25 de ancho y 35 de alto, era una de las construcciones más importantes de la época y se sabe que fue destinada a la Administración de Justicia y tratos comerciales.

Delante de la basílica, a pie de Via Sacra, se conservan los pilares de piedra que una vez fueron las columnas de un Pórtico Medieval.

Siguiendo con nuestro paseo, el siguiente edificio es el Templo de Rómulo, una de las construcciones mejor conservadas del Foro. A lo largo del tiempo se han planteado varias hipótesis sobre este templo de planta circular y fachada curvilínea. Durante mucho tiempo se creyó que estaba dedicado a Valerio Rómulo, hijo de Majencio, que murió en el año 309 y fue deificado. Otra teoría considera que está dedicado a Júpiter Estátor.

Destaca su puerta realizada en bronce de más de mil quinientos años que aún conserva su cerradura original. El Papa Felix V convirtió el monumento en el vestíbulo de la Iglesia de los Santos Cosme y Damiano, pero la entrada al foro fue reabierta en 1879.

A continuación está el Templo de Antonino y Faustina, construido por Antonio Pio en honor a su esposa deificada, la emperatriz Faustina, fallecida en el año 141. 20 años después, cuando este murió, fue cuando también se le dedicó a él.

En la Edad Media fue convertido en la Iglesia de San Lorenzo, lo que le hizo librarse de los saqueos de la época. Después el Papa Urbano V reutilizó materiales de la construcción de dentro de la iglesia para restaurar el Palacio Laterano. En la actualidad el templo conserva las diez columnas corintias de 17 metros de altura y el friso en el que aún puede leerse la dedicatoria a la emperatriz.

Las siguientes ruinas que nos encontramos son las de la Basílica Emilia, un edificio cuya función era proteger a los viandantes de las inclemencias del tiempo. En su interior albergaba bancos, comercios, así como los tribunales y otras estancias administrativas. Es difícil imaginarse cómo era en su época, ya que solo se conservan las bases de las columnas exteriores y de la nave, así como las bases de las tiendas.

El edificio que se erige en su extremo es la Curia Julia, mandado construir por Julio César y concluido en la época de Augusto, en el 29 a. C. Más tarde, fue renovado por el emperador Diocleciano en el 283 tras un incendio. Funcionaba como Senado, y es que “curia” indicaba un lugar de reunión. Aunque, al igual que el Templo de Antonino y Faustina, fue transformada en iglesia en el siglo VII, de ahí su buen estado de conservación.

Junto a la curia se erige el Arco de Septimio Severo, construido en el año 203 para conmemorar las victorias militares del emperador Septimio Severo y sus hijos Getas y Caracalla contra los Partos. Tras la muerte de Septimio Severo sus vástagos eran coemperadores. No obstante, Caracalla hizo que asesinaran a su hermano y a continuación se eliminó toda referencia a Getas de monumentos y edificios. Así, aunque la inscripción del arco triunfal hacía referencia a ambos, no hay rastro del nombre.

Realizado en travertino y ladrillo, y totalmente revestido de mármol pentélico, está compuesto por un arco principal y dos más pequeños a sus extremos.

Durante la Edad Media fue usado como fortaleza y quedó sepultado durante siglos bajo escombros y tierra. Habría que esperar hasta la primera mitad del siglo XX para que finalmente volviera a salir a la luz y pudiera ser restaurado. De hecho, los últimos trabajos de mantenimiento fueron en 2020-2021.

Cerca del arco ubicaban dos templos. El primero de ellos era el Templo de Saturno, considerado uno de los edificios más antiguos del Foro Romano (se estima que su fecha oscila entre entre 501 y 498 a. C.). Estaba dedicado, como su nombre indica, al dios de la agricultura y la cosecha, un dios al que los romanos hacían fiestas en su honor (las Saturnales) entre el 17 y el 23 de diciembre. No obstante, la función principal del templo era resguardar el Tesoro Nacional romano. También albergaba los archivos estatales, reservas de oro, plata e insignias. En la actualidad de este templo de estilo jónico tan solo se conservan las ocho columnas de su pórtico y el frontón parcialmente intacto.

El segundo templo es el de Vespasiano y Tito, cuya construcción se llevó a cabo entre los años 79 y 87. Estaba dedicado al emperador Vespasiano, lo que lo convirtió en uno de los edificios más importantes del foro. Hoy en día apenas se pueden ver tres columnas corintias y parte de los cimientos, del podio y de la cámara interior.

Siguiendo con el recorrido, dimos la vuelta, circulando por el foro como si de una elipsis se tratara. Frente al Templo de Saturno se halla la Columna de Focas, dedicada al emperador bizantino Focas en el 608, lo que la convierte en el último monumento del foro. Realizada en mármol sobre una base de ladrillo, tiene una altura de 13 metros, aunque en su día estuvo coronada por una estatua del emperador al que honra. Este fue derrocado, decapitado, mutilado, sacado en desfile por las calles de Roma y, finalmente, quemado. Después todas sus estatuas fueron eliminadas, por eso no se ha conservado.

A su lado, y en el lado opuesto a la Basílica Emilia, se encuentran las ruinas (básicamente los cimientos) de la Basílica Julia, construida en la segunda mitad del siglo I a. C por mandato de Julio César, aunque fue acabada en la época de Augusto, quien se la dedicó a sus hijos adoptivos Cayo y Lucio César. No obstante, el nombre que pasó a la posteridad no fue Basílica Cayo y Lucio, sino Basílica Julia.

En este edificio, que no era religioso, albergaba los tribunales de lo civil, oficinas gubernamentales, bancos y tiendas. Era el lugar de reunión favorito del pueblo romano.

A continuación llegamos a las tres columnas corintias y parte del entablamento que se conservan del Templo de los Dioscuros. En la mitología los Dioscuros eran Cástor y Pólux, los hijos mellizos de Zeus y Leda. Según la leyenda estos lucharon con los romanos en la batalla del Lago Regilo (495 a. C.). Un día los hermanos aparecieron en el foro dando de beber a sus caballos en una fuente y anunciaron a los romanos la victoria. Entonces se decidió erigir un templo en su honor en ese lugar que pronto se convertiría en el símbolo del éxito militar del pueblo romano.

En la época republicana sirvió como lugar de reunión para el Senado romano, y desde el siglo II a. C. el podio sirvió como plataforma de los oradores. En la del Imperio se utilizó también en diversas ocasiones como lugar de encuentro imperial. Además, fue un centro económico de Roma, albergando la oficina de pesos y medidas

Junto a este templo, en el centro del foro, vemos los restos del Templo de del Divino Julio o Templo de César y, obviamente, está dedicado a Julio César, primer romano deificado tras su muerte y en ser honrado con un templo.

El edificio fue erigido en el lugar donde Julio César fue incinerado y, aunque no se conserva gran cosa, sí se puede ver el altar donde fue llevada a cabo la cremación, donde incluso hoy en día se siguen realizando ofrendas.

Y con esto concluimos nuestra visita al foro romano. Aún quedaba una hora para el cierre, por lo que cuando se marchó la guía, en lugar de salir del recinto con ella, decidimos dar un último paseo entre las ruinas para intentar imaginarnos todo aquello rodeado de edificios. Lógicamente nos quedaron muchas cosas por ver, pues se trata de una superficie muy amplia con restos de diferentes períodos históricos. Pero para una primera visita a Roma no está nada mal la aproximación para hacernos una idea. Además, gracias a los arqueólogos no solo existe la posibilidad de imaginárselo, sino que también se pueden ver magníficas reconstrucciones.


 
 
 

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