Viaje a Roma III. Día 2: Roma I
Para nuestro primer día completo en Romahabía planificado una ruta que recogía lugares entre la Roma Monumental (Plaza de España, Fontana de Trevi, Panteón, Piazza Navona…) y la Roma Imperial (Coliseo, Foro Romano, Palatino, Museos Capitolinos, Circo Máximo…). Quizá es una manera un tanto peculiar de comenzar a visitar la ciudad, pero se trataba de un domingo, por lo que consideré que no sería el mejor día para meterse en el centro histórico. Además, se trata de una zona donde todo está más concentrado, por lo que también parecía apropiado visitarlo cuando las piernas llevaran más kilómetros. Por otro lado, teníamos la excursión por el Coliseo, Foro y Palatino dos días después, así que no tenía sentido visitarlo dos veces y robarnos tiempo de otros puntos de interés.
Nuestro punto de partida era Porta San Giovanni, así que tomamos en Ippolito Nievo el tranvía 3, que nos llevaría por el Trastévere, atravesaría el Tíber y bordearía el Circo Máximo, el Palatino y el Coliseo antes de tomar la Via Emanuele Filiberto.
La Porta San Giovanni, una de las puertas de las Murallas Aurelianas, fue inaugurada en 1574 por el Papa Gregorio XIII. Su construcción vino de la necesidad de reorganizar la región de Letrán para facilitar el tráfico desde la calle Campana hasta el sur por la actual Via Appia Nuova donde había prados, viñedos y casas rurales. Le debe su nombre a la cercana Archibasílica de San Juan de Letrán que visitaríamos a continuación.
Con su inauguración se cerró la vecina Porta Asinaria, una puerta construida entre el 270 y el 273 por el emperador Aureliano y que ya no cubría las necesidades del tráfico de la época.
Tiene un diseño sencillo, sin bastiones, torres o almenas, y es que fue concebida, como digo, más como una entrada a una gran villa que como una estructura defensiva propiamente dicha. Los arcos laterales se abrieron a principios del siglo XX para facilitar más aún el tráfico romano.
Junto a ella encontramos un Monumento a San Francisco de Asís, diseñado por el escultor Giuseppe Tonnini. Fue inaugurado en 1927, con motivo de los 700 años del aniversario de su muerte. Fundador de la Orden Franciscana y de una segunda orden conocida como Hermanas Clarisas, era hijo de un rico comerciante de la ciudad que pasó a vivir una vida religiosa austera. Intentó convertir al cristianismo – sin éxito – a los musulmanes de Egipto.
La estatua lo representa con los brazos hacia arriba y las manos rectas hacia la Archibasílica de San Juan. Junto a él destacan los fieles que lo acompañaron a la reunión con el Papa Inocencio lll para que le aprobara la primera regla de la Orden.
Frente a él, como digo, se erige la Archibasílica de San Juan de Letrán, la iglesia que no solo ostenta el título de la primera en Roma, sino que es la más antigua del mundo. Es la catedral de la diócesis de Roma y por ende Cabeza y Madre de todas las iglesias.
Cuando, a comienzos del siglo IV, el emperador Constantino el Grande permitió la libertad religiosa en el Imperio Romano además cedió al Papa el Palacio de Letrán, construido originalmente en el siglo I, para que fuera su residencia oficial. Y como tal funcionó durante más de 1000 años, hasta que esta se trasladó al Vaticano.
Aunque la basílica es el edificio eclesiástico más antiguo de Roma, poco queda del templo original, ya que se vio afectada por un fuerte terremoto en 896. A finales del siglo XVI el conjunto de edificios fue prácticamente demolido por el Papa Sixto V. Solamente se salvó la antigua basílica, que fue reconstruida por Borromini en el XVII por encargo del papa Inocencio X y algún que otro resto disperso. En el siglo XVIII Alessandro Galilei dio el aspecto actual a la fachada principal coronándola con una balaustrada con la imagen de Cristo y varios santos.
Los portones centrales de la iglesia en color verde proceden de la antigua Roma. Fueron trasladadas de la Curia del Senado, en el Foro Romano.
La Basílica de San Juan de Letrán fascina por la belleza de su interior. No hay espacio donde no haya algo que mirar. Da igual si es para arriba, para abajo o para los lados, cada rincón tiene algo que destacar. Por ejemplo, la iglesia alberga doce estatuas que representan a los apóstoles, realizadas por los alumnos de Bernini; unos frescos del techo, diseñados por Michelangelo, que fueron ejecutados por su alumno Giacamo della Porta; el fresco de Giotto que representa a Bonifacio VIII proclamando el primer jubileo de la Historia, en el año 1300; el claustro cosmatesco, realizado por la célebre familia de los Vassalleto en el siglo XIII; el mosaico del ábside, réplica del XIX del original; o la elegante capilla Corsini, obra de Alessandro Galilei, el mismo arquitecto que diseñó la fachada principal.
En el centro de la iglesia destaca el altar papal, decorado en estilo gótico, con las reliquias de Pablo y Pedro tras una celosía dorada. Cabe señalar además el ciborio del siglo XIV, una de las pocas huellas que dejaron en Roma los papas franceses de Aviñón.
Como no podía ser menos dada la importancia de esta basílica, alberga las tumbas de seis papas: Sergio IV (1009-1012), Alejandro III (1159-1181), Inocencio III (1198-1216), Martín V (1417-1431), Clemente XII (1730-1740) y León XII (1878-1903).
Además de esta fachada solemne por la que entramos, la iglesia cuenta con una secundaria orientada hacia el Palacio de Letrán, el Baptisterio y el obelisco.
El Palacio de Letrán es hoy en día sede del Museo Histórico Vaticano. Es parte de los Museos Vaticanos, pero fue trasladado a este edificio por el papa Pablo VI en el siglo XX. Alberga muebles, tapices, tallas de maderas, retratos de papas, frescos e incluso armas. En este edificio se celebraron acontecimientos importantes en la historia de la iglesia como concilios y coronaciones.
Al otro lado de la basílica se erige el baptisterio, un edificio de ladrillo de planta octogonal (el ocho simboliza la resurrección y la nueva vida en la tradición cristiana) fundado por el emperador Constantino junto con la primera basílica, a comienzos del siglo IV. Es considerado un monumento de gran valor histórico por ser considerado el más antiguo de occidente.
En la plaza destaca el antiguo obelisco egipcio, el más alto y antiguo de la ciudad. Este monumento de 31 metros (45 en total con la base) y 455 toneladas, fue traído del templo del faraón Tutmosis III en Karnak durante el reinado del emperador Constancio II en el siglo IV y colocado en el Circo Máximo. Se movió a esta ubicación por orden de Sixto V ya que yacía de cualquier manera partido en tres trozos.
Continuamos nuestro paseo dirigiéndonos al Santuario Pontificio, un edificio mandado construir entre los años 1586 y 1589 por Sixto V para trasladar la Scala Sancta, la Escalera Santa, que en aquel momento se ubicaba en el Patriarchium, la antigua residencia de los Papas, situada en el complejo de los Palacios Lateranenses.
En el piso superior se encuentra la antigua capilla privada de los Papas, llamada el Sancta Sanctorum por conservar algunas de las reliquias más veneradas de la Cristiandad. La escalera que conduce a la capilla es conocida como “santa” porque se dice que originalmente formaba parte del palacio de Poncio Pilato en Jerusalén y que sería la escalera sobre la que anduvo Jesús cuando se dirigía a su juicio del Viernes Santo. Fue trasladada como reliquia a Roma en el siglo IV. por Santa Elena, la madre del emperador Constantino.
No parece que esta creencia tenga mucho fundamento histórico, sin embargo sigue siendo objeto de devoción y los creyentes suben los 28 escalones de rodillas como un acto de devoción, tal y como lo estableció el Papa Pío VII. Originalmente era de mármol, pero desde 1723 está forrada de madera de nogal para protegerla del desgaste producido por el paso de los peregrinos.
Tanto las paredes que la rodean como el techo están extensamente cubiertos por frescos de la escuela romana del siglo XIII. Lamentablemente no se puede fotografiar su interior.
En caso que se desee subir de manera habitual, se pueden usar cualquiera de las otras cuatro escaleras existentes.
Desde allí tomamos la Via di San Giovanni in Laterano hacia el Parque de la Colina del monte Oppio, donde se encuentra la Domus Aurea, un enorme complejo palaciego que mandó construir Nerón tras el gran incendio del año 64.
En aquella época, el complejo de 80 hectáreas rodeado de grandes jardines y un lago artificial era el palacio más llamativo y caro de Roma. Sin embargo, Nerón se suicidó en el año 68, por lo que nunca llegó a verlo terminado. Dado que no fue un emperador muy querido, sus sucesores decidieron demoler gran parte del complejo para borrar su recuerdo. Trajano por ejemplo la enterró bajo 8 metros. Y así estuvo durante siglos.
En 2017, tras un período de derrumbes, fue reabierto y ahora se puede visitar en pequeños grupos acompañados de un guía. Eso sí, solo en fin de semana ya que de lunes a viernes se continúa trabajando en las excavaciones. Nosotros no habíamos reservado previamente, por lo que paseamos por el parque tranquilamente siguiendo nuestra ruta e incluso tuvimos un pequeño avance del Coliseo, construido sobre aquel lago original del complejo.
Saliendo del parque tomamos la Via Merulana, que nos lleva directamente a la Basilica Papale di Santa Maria Maggiore, una de las cuatro iglesias papales (las otras son San Pedro, San Juan de Letrán y San Pablo Extramuros) y la iglesia mariana más grande de Roma. Su campanario del siglo XIV mide 75 metros de alto y también es el más alto de la ciudad.
Mandada construir por el papa Sixto III en el año 432 sobre la colina del Esquilino es una de las siete iglesias de peregrinación. Su historia está ligada a una leyenda según la cual fue la misma Virgen María quien señaló el lugar donde quería que se construyera la basílica, haciendo caer una copiosa nevada un 5 de agosto. En la actualidad, ese día, fiesta de la Virgen de las Nieves, se celebra una misa en la que tiene lugar una lluvia de pétalos blancos sobre la zona del altar que conmemora aquella nevada.
Más allá de leyendas, lo que sí está claro es que Santa María Mayor es el primer templo cristiano en todo el mundo que fue dedicado a la Virgen. Todo ello gracias a que el Concilio de Éfeso del 431 que sancionaba que la Virgen podía ser llamada “madre de Dios”.
La basílica conserva intacta su planta paleocristiana del siglo V, aunque posteriormente ha sido objeto de numerosas ampliaciones. Atesora un llamativo artesonado de oro que se dice que fue dorado con el primer cargamento traído de América por Colón, un regalo de los Reyes Católicos al papa Alejandro VI.
Santa María Mayor alberga también numerosos mosaicos paleocristianos (incluidos los de la nave y los del arco triunfal). El gran mosaico del ábside, sin embargo, es obra de Jacopo Torriti, ya del siglo XIII.
Los grandes pilares de mármol de la basílica son aún más antiguos, ya que se presume que provienen de un antiguo edificio romano.
La basílica acogió desde sus orígenes una Gruta de la Natividad, que recreaba el lugar del nacimiento de Cristo. Allí se guardaron en el siglo VII las famosas reliquias del pesebre (unas astillas de madera), traídas de Tierra Santa, que todavía se exponen en la cripta de la confesión.
En el lado derecho de la basílica encontramos la Capilla Sixtina, que alberga la tumba de los papas Pio y Sixto V.
Justo frente a ella, realizada 25 años después con arquitectura gemela aunque con estilo barroco en vez de renacentista, se halla la Capilla Paulina, donde se encuentran las tumbas de los papas Paolo V y Clemente VIII. En este lateral se ubican también la Capilla Cesi, con las tumbas de los cardinales Federico y Paolo Emilio Cesi y la Capilla Sforza, la última obra diseñada por Miguel Ángel.
Otras tumbas en la basílica son las de los papas Clemente IX, Pablo V y Nicolás IV o reconocidos católicos, como San Jerónimo y el artista Gian Lorenzo Bernini (apenas visible, ubicada en el primer escalón del presbiterio). Además, cuenta con un museo donde se puede aprender más sobre la historia de la iglesia y contemplar antiguas obras maestras.
En la plaza en que se erige la basílica destaca una gran columna corintia estriada de mármol de más de 14 metros de altura que descansa sobre una base de mármol y travertino, cuya parte superior está decorada con águilas de bronce y dragones alados, referencias al escudo de armas de los Borgia. Queda coronada por la imagen de la Virgen con el Niño
A partir de aquí nos adentrábamos en el barrio Monti, uno de los más antiguos de la ciudad. Pero será en la siguiente entrada.

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