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Viaje a Azerbaiyán y Georgia XVI: Día 6. Excursión por la antigua Georgia

Aug 19, 2024
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Después de un primer día conociendo Tiflis y probando la gastronomía georgiana, para nuestra segunda jornada habíamos contratado una excursión que nos llevaría por la antigua Georgia: Mtskheta, Jvari, Gori y Uplistsikhe.

El minibús salía a las 9 de la mañana desde la plaza de los baños sulfúricos, y como ya habíamos pasado por allí el día anterior, ya habíamos hecho nuestros cálculos para llegar con tiempo desde nuestro apartamento. Una vez el grupo estuvo completo, salimos rumbo a nuestra primera parada y, de camino, nuestra guía se presentó y nos preguntó de dónde éramos. Además de nosotros tres, íbamos con un par de personas que viajaban solas y venían de Dubai/Abu Dabi, un par de chavales daneses, un grupo de 6 chinas y una madre y una hija rusas. Aunque la excursión era en inglés, creo que no debió formarse grupo para hacer la opción en ruso y nos las acoplaron al nuestro. Esto significó que nuestra guía tenía que repetir todo en doble versión. A las chinas les daba igual, porque en realidad solo se medio apañaba en inglés una de ellas y la mayoría de las veces pasaban completamente de la guía y sus explicaciones o peticiones.

La primera parada fue a unos 24 kilómetros al norte de Tiflis, en el Monasterio de Jvari, ubicado en la cima de una montaña rocosa con vistas a la ciudad de Mtskheta, la antigua capital del reino caucásico de Iberia. Desde ella también se puede ver el único punto donde confluyen (y no se mezclan) los ríos Kurá y Argavi.

Su nombre en español es Monasterio de la Cruz, porque según los relatos tradicionales fue allí donde en el siglo IV Ninó, la mujer santa que predicaba el evangelio por estas tierras, tras haber convertido al rey Mirian III, colocó una gran cruz de madera sobre los restos de un templo pagano. Poco después la cruz comenzó a obrar milagros y atrayendo a peregrinos de todo el Cáucaso. Hacia el año 545 se construyó una pequeña iglesia y, finalmente, según las inscripciones de la fachada, entre los años 590 y 605 se erigió el edificio actual.

La importancia del complejo fue creciendo con el tiempo recibiendo cada vez más peregrinos. Sin embargo en 914 durante la invasión Sajid de Georgia, aunque la iglesia se mantuvo prácticamente intacta y solo hubo que realizar trabajos menores tras un incendio, el monasterio por el contrario fue destruido por completo.

La iglesia ha funcionado como lugar de culto en activo durante siglos, a excepción del período soviético, época en la que se conservó como monumento nacional, pero con acceso restringido porque en sus inmediaciones instalaron una base militar. Después, tras la independencia de Georgia, el templo fue restaurado y se recuperó como centro religioso. Desde 1994 Jvari, junto con otros monumentos históricos de Mtskheta, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Sobre una enorme piedra podemos ver una cruz moderna. Sustituye a la original que puso la santa, que se guarda en el interior de la iglesia.

Además de su importancia histórica y religiosa para el país, esta iglesia es relevante puesto que sentó las bases para la para la arquitectura típica del Cáucaso. Su planta en forma de cruz con cada brazo rematado por ábsides semicirculares y una única cúpula octogonal que descansa sobre los muros y no sobre pilares sirvió de modelo para otras iglesias construidas con posterioridad en Georgia y en Armenia.

Tras la breve parada para ver la iglesia, conocer su historia y disfrutar de las vistas, regresamos al bus para emprender rumbo a Gori, a unos 70 kilómetros de allí y a tan solo 13 de la frontera con Osetia del Sur. Estratégicamente ubicada en la encrucijada de las principales rutas de tránsito, fue atacada por invasores extranjeros en varias ocasiones a lo largo de los siglos. Fundada en el siglo XII por el rey David IV, esta ciudad de unos 50.000 habitantes fue un importante centro industrial durante la época soviética pero hoy su principal atracción es el Museo Estatal Iósif Stalin, pues fue en esta ciudad donde nació en 1878 Iósif Vissariónovich Dzhugashvili.

El edificio en que se ubica el museo es casi un palacio en el que se muestra la vida, obra y milagros de Stalin. Allí en la escalera inicial nos recibe la única estatua que queda en pie suya en el país. Como no podía ser menos, se trata de un museo que, de alguna manera, intenta destacar lo bueno y ocultar lo malo. La visita no la hicimos con nuestra guía, sino con una del propio museo, que iba muy rápido pasando de una estancia a otra mostrándonos fotos de Stalin desde su infancia como hijo de un zapatero y de una sirvienta hasta su muerte como líder de la URSS pasando por sus años de estudiante, épocas en el exilio y militancia; cartas, cuadros, objetos personales, regalos que le hicieron otros líderes, sus uniformes… Incluso hay una maqueta de su máscara mortuoria y de los planes para lo que hubiera sido un mausoleo conjunto con Lenin en Moscú.

Iósif era hijo del matrimonio formado por un zapatero y una sirviente. Tuvo dos hermanos más, pero murieron a edades tempranas. Él sobrevivió, sin embargo fue siempre un niño de salud frágil que enfermó de sarampión, escarlatina y viruela. Además, en 1890 fue atropellado por un coche de caballos, lo que le afectó a su forma de caminar para el resto de su vida. Era un buen estudiante y apenas siendo un adolescente se unió a la organización socialdemócrata de Georgia, comenzando así a difundir el marxismo. Llegó a ser responsable del sindicato de Georgia y  portavoz del nuevo partido marxista georgiano. Publicó octavillas en imprentas clandestinas, escribió el diario oficial del partido, lideró los escuadrones de lucha que robaban en bancos para reunir fondos para el partido bolchevique y acabó siendo elegido en 1917 secretario del Politburó del Comité Central.

Su primer cargo de gobierno fue el de Comisario del Pueblo de Asuntos Nacionales (1917-1923) mientras  paralelamente ostentaba el cargo de comisario del Pueblo para la Inspección de los Trabajadores y Campesinos (1919-1922), y era miembro del Sóviet Militar Revolucionario de la República (1920-1923) y miembro del Comité Central Ejecutivo del Congreso de los Sóviets. El 3 de abril de 1922, Stalin fue nombrado secretario general del Partido Comunista Panruso, algo que Lenin veía con cierto recelo. A la muerte de este en 1924 Stalin, Kámenev y Zinóviev tomaron el control del partido con la oposición de Trostki, quien acabó desterrado de la URSS en 1929 (y asesinado en México en 1940).

En lo que respecta a su vida familiar, parece que fue tan buen padre como lo fue el suyo, un alcohólico que maltrataba a su madre. Se dice que a Yákov, hijo de su primer matrimonio, nunca le quiso por considerarle débil. Cuando este era oficial de artillería durante la II Guerra Mundial fue hecho prisionero y Stalin se negó a intercambiarle por un oficial alemán bajo el argumento de que no debería ser especial por ser quién era. Yákov fue asesinado en 1943 cuando trataba de huir de un guardia en el Campo de concentración de Sachsenhausen. Tampoco prestaba mucha atención a Vasili, hijo del segundo matrimonio, quien se convirtió en alcohólico. Tras la muerte de Stalin pasó siete años en la cárcel y cuando salió murió de una intoxicación por alcohol.

Parece que a su hija Svetlana la quería un poco más. Aunque también intentaba controlarla en todo momento. Hasta el punto de que cuando esta quiso casarse con un hombre mayor que ella, Stalin lo mandó a un campo de concentración durante varios años. Svetlana se marchó a vivir a Estados Unidos en los años 60.

El museo se dedicó oficialmente a Stalin cinco años después de su muerte, en 1957. Fue cerrado en 1989, con la caída de la Unión Soviética y el movimiento por la independencia de Georgia. Sin embargo, poco después volvió a abrirse. En 2008, con la guerra de Osetia del Sur, el ministro georgiano de Cultura Nikoloz Vacheishvili anunció que el museo de Stalin se reorganizaría como el Museo de la Agresión Rusa, ya que consideraba que lo que allí se exhibía era una falsificación de la historia, un ejemplo de propaganda soviética. Hoy, al final de la visita hay una pequeña sala un poco escondida donde se recogen fotos y objetos sobre los campos de concentración soviéticos y otras atrocidades. Pero nada que ver con todo lo que hay en recuerdo de Stalin.

El museo se ubica en un parque cuyos edificios adyacentes fueron demolidos. Además del museo queda en pie (de aquella manera) la humilde casa en la que Stalin vivió con su familia hasta los cuatro años. En la primera planta vivía la familia, mientras que en el sótano estaba el taller de su padre. Debe estar bastante deteriorada por dentro porque no se podía visitar.

Lo que sí se puede visitar es el vagón de tren que usaba para sus desplazamientos. Al parecer no era muy amigo de los aviones, por lo que si tenía que viajar, lo hacía con este método.

Allí nos encontramos con nuestra guía y volvimos al bus para seguir con nuestra excursión rumbo a Uplistshike, a tan solo 15 kilómetros.

 
 
 

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