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Viaje a Azerbaiyán y Georgia XI: Día 4 II. Rumbo a Georgia

Jun 3, 2024
8 min read

El aeropuerto Heydar Aliyev que nos recibió al aterrizar no tenía nada que ver con el que pisamos para marchar. Y es que mientras que la Terminal 1 está recientemente reformada y predominan los espacios amplios con mucha cristalera y luz LED; la 2 por su parte parece más bien una estación de autobuses. Apenas había espacio donde estar, por lo que enseguida nos dirigimos al control de pasaportes para ver si en el interior podíamos encontrar algún sitio para comer. Después de nuestra experiencia en Bombay con no llevar el itinerario impreso, esta vez habíamos pedido en recepción del hotel que nos imprimieran las tarjetas de embarque, por si acaso no nos funcionaba llevarlo en formato digital. Sin embargo, nos dio igual, ya que después de hacer la cola el señor que escaneaba los billetes y controlaba los pasaportes nos dijo en perfecto azerí (menos mal que pillamos al vuelo el lenguaje no verbal) que fuéramos al mostrador a por una tarjeta tradicional. El escáner no le reconocía nuestra documentación.

Por suerte, en mostrador nos atendieron rápidamente (con chascarrillo sobre de qué equipo de fútbol éramos incluido) y con nuestras tarjetas en orden y, sin esperar cola, volvimos al control. Allí, para no obstaculizar al resto de pasajeros, nos derivaron a otro señor que comprobó nuestros pasaportes, visados y tarjetas y se sorprendió de que no fuéramos de vuelta a casa vía Estambul y en su lugar volásemos a Tiflis. Supongo que no es muy normal ver a tres españoles por allí y menos que sigan quedándose por la zona.

Tras pasar la cinta de equipajes llegamos a la otra parte de la terminal. Y sí, seguía pareciendo una estación de autobuses con apenas salas de espera ni sitios de restauración. Así pues, sin mucho donde elegir nos sentamos en un pequeño bar en el que hacían bocadillos en el momento para por lo menos comer algo, pues no sabíamos cómo se nos iba a dar la tarde.

El vuelo salió puntual y apenas duró una hora así que fue un visto y no visto. De hecho, acababa de despegar y ponerse en rumbo cuando nos sirvieron un bocadillo de queso y bebida. Para cuando empezamos a descender el personal aún no había terminado de recoger la basura. Sobre las 5 de la tarde pisamos suelo georgiano, un país del que apenas sabía nada unos meses antes.

Georgia como nombre realmente es un exónimo usado en Occidente. Fue Jacques de Vitry quien lo etimologizó como una referencia a San Jorge en la Edad Media. En realidad el nombre oficial del país, el que aparece en la Constitución es Sakartvelo. De hecho los georgianos hacen mucho hincapié en ello y quieren que se tome como oficial también en el exterior para no ser confundidos con el estado americano. Localizado entre Europa Oriental y Asia Occidental, Georgia comparte fronteras al norte y noreste con Rusia, al oeste con el Mar Negro, al sur con Turquía y Armenia y al sudeste con Azerbaiyán, de donde veníamos.

Con origen en los antiguos reinos de Cólquida e Iberia, Georgia fue anexionada al Imperio Ruso a principios del XIX y tuvo un camino similar al de Azerbaiyán tras el colapso de este. Primero formó parte de la República Democrática Federal de Transcaucasia y cuando esta se disolvió, proclamó su independencia el 26 de mayo de 1918. Pero tampoco le duró mucho, ya que no pudo resistir la invasión del Ejército Rojo y en 1921 se convirtió en una de las quince repúblicas soviéticas. De Georgia era el líder marxista Iósif Dzhugashvili, aka Stalin, quien sucediera a Lenin en la URSS hasta su muerte en 1953.

El 9 de abril de 1991, poco antes de la disolución de la URSS, Georgia declaró su independencia y el 26 de mayo Zviad Gamsajurdia fue elegido como el primer presidente de la Georgia independiente. No obstante, al igual que en Azerbaiyán, fue depuesto mediante un Golpe de Estado en enero de 1992 y sustituido por Shevardnadze, ministro de Asuntos Exteriores de la URSS bajo la presidencia de Gorbachov. Esto acabó en una guerra civil que se extendió hasta casi 1995.

En 1995, Shevardnadze fue elegido presidente con el 70% de los votos, pero la situación no se calmó, ya que seguía existiendo violencia interétnica en varios territorios del país. Abjasia y Osetia del Sur, son un claro ejemplo de ello, dos territorios oficialmente georgianos, pero que en realidad son independientes de facto gracias a la ayuda de Rusia. Su historia tampoco es muy diferente a la de Nagorno-Karabaj, puesto que estas dos regiones ya pugnaban por tener mayor autonomía dentro de Georgia en la época de la URSS. Con la caída de esta se acentuaron las reclamaciones y el conflicto sigue vivo hoy en día. Las reivindicaciones también tienen mucho que ver con las particularidades identitarias y acusaciones de limpieza étnica. Los abjasios son descendientes de los circasianos, una minoría étnica proveniente del noroeste del Cáucaso, mientras que los osetios son descendientes de los alanos, un grupo etnolingüístico iranio.

En 2003 se produjo en Georgia la Revolución de las Rosas, una revolución popular apoyada por Estados Unidos que provocó la dimisión de Shevardnadze. Este fue reemplazado por Mijeíl Saakashvili, su ministro de Justicia, quién refrendó su mandato en 2004 con un 96% de los votos. Saakashvili, que había estudiado en Kiev y Nueva York, estrechó lazos con Bush e intentó la incorporación de Georgia en la OTAN. No obstante, a pesar de tener el apoyo estadounidense y de otros países como Polonia, su entrada en la Alianza Atlántica fue rechazada en la cumbre de Bucarest en 2008, y es que algunas naciones temían una respuesta violenta de Moscú.

Y efectivamente, pese a que Georgia no entró en la OTAN, a Rusia no le gustó el acercamiento y a mediados de julio de ese mismo año organizó un un ejercicio de maniobras militares que simulaba un ataque en Osetia del Sur. Georgia respondió con fuego a estas tropas rusas y el conflicto siguió escalando. El 7 de agosto, tras recibir lanzamientos de proyectiles de gran intensidad, Saakashvili declaró la guerra y al día siguiente ordenó bombardear Tsjinvali, la capital de Osetia del Sur, para después invadir la parte sur de la región con infantería. Un ataque al que Rusia respondió avanzando hasta apenas cuarenta kilómetros de Tiflis, la capital georgiana.

El alto el fuego llegó cinco días después, el 12 de agosto. Con la mediación de Sarkozy, Saakashvili y Medvédev firmaron un acuerdo por el que ambas partes se comprometían a cesar las hostilidades y retirar las tropas a las posiciones originales. No obstante, Rusia no cumplió y las dejó en Osetia del Sur. Como decía, a día de hoy Abjasia y Osetia del Sur son territorios de facto independientes de Georgia y sobreviven principalmente gracias al patrocinio de Rusia.

Georgia mantiene buenas relaciones con sus vecinos Azerbaiyán, Turquía y Armenia; pero sobre todo tiene una orientación hacia occidente con lazos políticos con Estados Unidos y la Unión Europea. Se considera cultural, histórica y políticamente parte de Europa y desde 2023 es uno de los nueve países candidatos junto con Albania, Bosnia y Herzegovina, Moldavia, Montenegro, Macedonia del Norte, Serbia, Turquía y Ucrania a entrar en la Unión Europea.

Económicamente Georgia se ha centrado en el turismo del Mar Negro, en el cultivo de cítricos, té y uvas, en la minería del manganeso y el cobre y en un pequeño sector industrial productor de maquinaria, metales, químicos, textiles y vinos.  De hecho, Georgia es la más antigua región productora de vino del mundo. Según varios estudios arqueológicos se tiene constancia de la producción de vino en la zona ya a inicios del neolítico, hace más de 8.000 años. El clima moderado y el aire húmedo influenciado por el Mar Negro proporcionan las mejores condiciones para el cultivo de la vid. Incluso en la actualidad se elaboran los caldos siguiendo la tradición, en tinajas de terracota enterradas en el suelo, por eso tienen un sabor único y peculiar. Los más conocidos son Jvanchkará, Kindzmaraúli y Tsinandali.

Georgia fue una de las primeras naciones en adoptar el cristianismo como religión oficial en el siglo IV. Hoy en día aproximadamente el 85% de la población es ortodoxa y apostólica georgiana. El resto es una mezcla de minorías de católicos, musulmanes, gregorianos y judíos.

Volviendo a nuestra llegada al país teníamos que pasar el control de pasaportes. Fue bastante rápido y eso que prácticamente todo el mundo de nuestro vuelo éramos extranjeros. Pero como a los españoles no nos hace falta visado, una comprobación básica de pasaporte y billete y ya estábamos dentro con un sello más.

La terminal a la que llegamos no era mucho más grande que de la que salimos. Eso sí, nada más cruzar las puertas del control teníamos todo lo necesario: casas de cambio, tiendas de telefonía y máquinas de transporte. Y es que en primer lugar íbamos a necesitar moneda local, el como Lari georgiano (GEL), para aquellos lugares donde no pudiéramos pagar con tarjeta. En este sentido elegimos la casa que nos daba mejor conversión, que en este caso era 1€ = 2.9280 GEL. Así que por 100€ nos dieron 292.80 GEL.

La segunda tarea era comprar una tarjeta SIM con datos sobre todo para poder usar las aplicaciones de localización de cara a movernos por la ciudad o realizar búsquedas en internet. Y aunque previamente al viaje ya habíamos consultado qué opciones teníamos, una vez allí nos fue sencillo decantarnos por Cellfie, puesto que tenía una tarifa para ideal para turistas: datos ilimitados durante una semana por 3,5€. Con uno de los móviles activado como router nos dábamos internet a los otros dos (siempre que nos mantuviéramos cerca, claro).

Finalmente, para el transporte habíamos leído que existía la tarjeta Metromoney, que podía recargarse tanto para billetes sencillos como para abonos (de un día, de una semana o de un mes). Sin embargo en el aeropuerto no podía comprarse. En su lugar sí podíamos conseguir por 2 GEL (0.70€) la Travel Card expedida por el Bank of Georgia. Esta tarjeta también se podía recargar por períodos (un día por 3GEL, una semana por 20, un mes por 40, tres meses por 100, seis meses por 150 o un año por 250) y nos servía tanto para metro, buses, minibuses y algunas líneas de cable car. Eso sí, no era válida para el teleférico, para esto necesitaríamos la metromoney, como descubriríamos más adelante. Existía la tercera opción de pagar directamente con la tarjeta de débito al subir al bus o metro la tarifa estandar de 1 GEL, pero no nos compensaba porque al ser extranjeras tendríamos recargo. Así que, con poco, nos salía a cuenta comprar las Travel Card y despreocuparnos.

Con las tres cosas solucionadas tocaba buscar el transporte que nos llevaría al apartamento. No fue muy complicado, ya que nada más salir de la terminal estaba parado el 337, que nos acercaba al centro de la ciudad donde después cogeríamos un segundo que nos acercaría al alojamiento. Eso sí, fuimos todo el viaje con google maps para ver por dónde íbamos porque el idioma es imposible de leer. El griego o el cirílico al menos puedes aprender el alfabeto para leer los carteles, pero el georgiano, por mucho que lo intente, se me mezclan las diferentes letras y veo una palabra que me parece un garabato. No sé dónde empieza una letra y concluye otra. Pertenece a las lenguas caucásicas meridionales o kartvelianas, que principalmente son habladas en Georgia. Se estima que la mitad de la población sabe hablar también el ruso, aunque el inglés va ganando cada vez más hablantes, principalmente entre los jóvenes.

Aproximadamente a las 8 de la tarde llegamos por fin al apartamento, que la verdad es que estaba muy bien, tal y como se mostraba en las fotos de la reserva. Teníamos dos habitaciones y dos baños además de una estancia con cocina, una mesa con cuatro sillas y un sofá. Dado que teníamos pensado estar la mayor parte de nuestros días pateando la ciudad, no nos importó mucho que el sofá fuera algo escaso para albergar tres adultos. Básicamente íbamos a volver a cenar, ducharnos y dormir. Poco más. Así que nos servía.

Y precisamente antes de que se hiciera demasiado tarde, dejamos las mochilas y salimos a hacer algo de compra; principalmente cena y algo para desayunar al día siguiente. Como de pasada en el bus ya habíamos visto un par de comercios próximos, fuimos a tiro hecho sin necesidad de dar muchas vueltas. Y de vuelta en el apartamento una ducha reparadora, una cena rápida con unas cervezas locales y a dormir, ya que, como venía siendo habitual, pretendíamos madrugar para aprovechar las horas de luz.

 
 
 

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