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Viaje a Azerbaiyán y Georgia V. Día 3: Excursión a Gobustán

Mar 5, 2024
4 min read

Para nuestro tercer día de viaje habíamos reservado una excursión. Es verdad que normalmente solemos movernos por libre, pero si queríamos salir de la capital y ver otros puntos de interés en zonas más rurales, parecía que la mejor opción era ir en una salida programada, con transporte, guía y entradas incluidas.

La excursión era un recorrido por la Península de Absheron, la región geográfica bañada por el Mar Caspio donde se hallan algunas de las joyas de Azerbaiyán. En la ruta del día teníamos parada en el yacimiento arqueológico de Gobustán, los volcanes de lodo, la montaña de fuego llamada Yanardag, la Mezquita Bibi-Heybat y el Templo de Ateshgah.

Nuestra primera parada fue el Parque nacional de Gobustán, ubicado a unos 64 kilómetros del suroeste de Bakú. El origen del nombre viene de gobu, que significa barranco, y stan, lugar. Esta reserva natural alberga la más larga tradición continua de arte rupestre del mundo que abarca, desde el paleolítico a la Edad Media. Por ello en el 2007 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En 2011 además la zona fue declarada Reserva Estatal, año en que también se reabrió el museo tras una reconstrucción total.

El recorrido por Gobustán tiene dos partes: por un lado la visita a este museo, que hace un repaso por la Prehistoria Mundial y en particular por la evolución humana y geográfica de Gobustán; y por otro lado un paseo exterior para ver los petroglifos que aún se conservan.

Gobustán tiene una localización estratégica, ya que se encuentra en un punto de conexión entre Europa y Asia. El descubrimiento del rupestre prehistórico de la zona fue clave para romper con la visión eurocéntrica de la investigación de esta rama y situar a Azerbaiyán como una de las primeras cunas de la civilización desde donde hace varios siglos emigraron pueblos hacia el norte de Europa. Los hallazgos tienen un valor excepcional, pues los grabados son numerosos (al menos 6.000 figuras grabadas en casi un millar de rocas); de diferentes temáticas y estilos; de gran calidad y densidad (los surcos anchos y profundos implican que fueron realizadas para que se vieran bien, así que quizá tenían cierta carga simbólica); y con una continuidad cultural entre tiempos prehistóricos y medievales (se estima que fueron ejecutados en un período de 40.000 años).

El descubrimiento de este yacimiento arqueológico tuvo lugar en la década de 1930 de una forma totalmente accidental en el uso de la zona como cantera. Cuando llegaron los arqueólogos alertados por los petroglifos, descubrieron además vestigios de asentamientos, cuevas habitadas y sitios funerarios. Todo esto parecía reflejar que hubo una ocupación humana intensiva durante el período húmedo que siguió a la última era glaciar, desde el Paleolítico Superior hasta la Edad Media. Sin embargo, un equipo interdisciplinario de especialistas en antropología, paleozoología, geología, paleobotánica y otras ciencias ha llegado a determinar que los hallazgos son mucho anteriores, de un período entre 35.000 y 40.000 a. C.

La parte más antigua es la que cuenta con los últimos coletazos de los cazadores recolectores, de ahí que lo más representado sean figuras animales. Podemos distinguir caballos, cabras, uros, ovejas… Están representados en un estilo realista aunque poco modulados y con poco detalle en la parte inferior. Generalmente estas figuras aparecen aisladas o unas junto a otras, pero sin ser composiciones.

Lo que tienen en común todos los petroglifos es que muestran la cotidianidad, la vida prehistórica del Cáucaso cuando el clima en la zona no era tan duro y seco como hoy en día. Podemos ver tanto la vida agrícola y ganadera, escenas de pesca y caza, combates y batallas, mujeres embarazadas, personas bailando danzas rituales…

En aquella época el Mar Caspio bañaba parte de Gobustán y la zona era adecuada para el desarrollo de la vida humana. No es de extrañar que el petroglifo más famoso de todo el complejo sea la representación de un barco que recuerda al de los vikingos. Se representan como embarcaciones sencillas, en ocasiones con personajes dentro.

Y hablando del agua, en el recorrido vimos varias marcas en el suelo con forma de granada, la fruta nacional. Estas excavaciones eran realizadas para recoger la lluvia. Cuando estaban llenas se tapaban, para evitar que cayera suciedad en los depósitos y se conservara mejor.

También se ve la acción del agua y la humedad en cuevas de una parte del recorrido, como si en algún momento hubieran sido acantilados o rompiera el mar en esas rocas. Incluso en algunas se pueden apreciar restos de conchas fosilizadas.

Otra curiosidad es el Gaval Dash, una piedra que a simple vista no llamaría la atención. Lo curioso sin embargo es que, cuando es golpeada con otra piedra, el sonido resultante es metálico.  Es propia de la región de Azerbaiyán y le debe su peculiaridad a la combinación de su clima, gas y aceite.

La visita al parque es muy interesante. Permite recorrer lugares habitados hace milenios y conocer un poco los usos y costumbres de quienes allí se asentaron. Aunque es difícil de imaginar cómo era su día a día y cómo podían sobrevivir en aquel territorio (por mucho que haya cambiado este) y con los recursos y herramientas que tenían. Sobre todo desde una perspectiva actual con una vida tan digitalizada y con más posesiones de las necesarias.

Pero aún nos quedaba mucho día por delante y mucho por conocer, así que volvimos a nuestro minibús para seguir con nuestra ruta.

 
 
 

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