Viaje a Azerbaiyán y Georgia I. Día 1: Vuelo y llegada a Azerbaiyán
Y llegó el día de viajar a Azerbaiyán. Amanecimos pronto, ya que teníamos el vuelo a las 8:05 y, aunque no teníamos que facturar, no podíamos salir con la hora muy pegada puesto que nos comeríamos todo el tráfico de un viernes en hora punta. Afortunadamente la carretera iba fluida y, como llevábamos el checkin hecho y solo viajábamos con equipaje de mano, para las 6:30 ya estábamos sentados frente a la puerta de embarque.
Despegamos en hora, al amanecer, un día muy muy nublado. Tanto que los cuatro rascacielos de Madrid hacían honor a su nombre sobresaliendo por encima de las nubes.
Una vez con velocidad de crucero y, dado que no nos iban a dar de comer por ser un vuelo de dos horas y media (aunque sí que una botella de agua y una chocolatina), intentamos dormir un poco y recuperar algo de sueño tras el madrugón, leer o ver alguna serie. El vuelo fue tranquilo, sin turbulencias, y llegamos a Frankfurt en hora. No teníamos prisa por bajar del avión, ya que no habíamos facturado y nuestra conexión no salía hasta las 13:55. Nos esperaban pues casi tres horas por delante, un tiempo que dedicamos a estirar las piernas por la terminal y a comer. Buen momento también para leer sobre Azerbaiyán.
Ubicado en la región del Cáucaso Sur en Eurasia, entre Asia Occidental y Europa Oriental, es un país que limita al norte con Rusia, al noroeste con Georgia, al oeste con Armenia, al sur con Irán y al este con el mar Caspio. Cuenta además con un exclave, el de Najicheván, que linda con Armenia al norte y al este, con Turquía al oeste y con Irán al suroeste. Aunque se trata de un país pequeño, Azerbaiyán posee una gran variedad de paisajes, desde glaciares hasta áridos desiertos, pasando por las altas montañas del Cáucaso y zonas boscosas. De hecho hay tal diversidad que en él se pueden encontrar 9 de las 11 zonas climáticas. Además, la mitad de los volcanes de lodo del planeta se encuentran en Azerbaiyán, en la zona de Gobustán, a 50 kilómetros al sur de Bakú.
La cultura azerí bebe de muchas influencias. Y aunque históricamente comparte ideas culturales y religiosas iraníes; sus lazos étnicos y lingüísticos están más cerca de las naciones túrquicas. Si a esto le sumamos setenta años de influencia soviética, tenemos como resultado una mezcla un tanto peculiar y difícil de definir. Por ejemplo, si hablamos de religión, tradicionalmente la mayoritaria desde el siglo VII ha sido el islam. Pero, aunque hoy en día se estima que el 95% de la población es musulmana, no es practicante. Las mujeres no llevan velo, el alcohol está normalizado y, aunque hay mezquitas, no se oyen las llamadas al rezo como en otros países musulmanes. Azerbaiyán fue el primer país islámico de la historia en declararse República Laica y Democrática allá por 1918 y así queda reflejado en su constitución, donde además se garantiza la libertad de culto. Así pues, la identidad musulmana azerí tiene mucho más que ver con la cultura y la etnia que con un sentimiento religioso.
Por su parte, el azerí, es un idioma túrquico que forma parte de las lenguas oguz y está estrechamente relacionado con el turco, el kashgai y el turcomano. De hecho es mutuamente inteligible con el turco y el gagauzo. Pero por supuesto el ruso es hablado por la mayoría de la población, de nuevo herencia de la época soviética. Como el alfabeto cirílico, que fue sustituido en 2001 por el latino para acercar el país a Occidente.
Tras el colapso del Imperio Ruso durante la I Guerra Mundial, Armenia, Azerbaiyán y Georgia formaron la República Democrática Federal de Transcaucasia. Cuando se disolvió, en 1918, Azerbaiyán declaró su independencia bajo el nombre de República Democrática de Azerbaiyán. Sin embargo, apenas un par de años después, en 1920, fue invadido por el Ejército Rojo pasando a formar parte de la Unión Soviética como la República Socialista Soviética de Azerbaiyán. Y es que Lenin tenía claro que el petróleo de Bakú era indispensable para la supervivencia de la URSS. De hecho, durante la II Guerra Mundial Hitler planeó la Operación Edelweiss, en la que pretendía que la Wehrmacht se hiciera con el control de Bakú. No obstante, aunque los alemanes avanzaron bastante en su ofensiva, no cumplieron su objetivo porque el dictador tenía la mirada puesta en Stalingrado y decidió no mandar más apoyos al Caúcaso. Así pues, Azerbaiyán jugó un papel crucial en la estrategia energética de la URSS y su petróleo continuó alimentando la maquinaria soviética.
No obstante, en los 60 el petróleo de Bakú comenzó a perder importancia en el abastecimiento de la URSS y esto influyó negativamente en la economía. Por ello, a pesar de que en las últimas décadas habían aumentado tanto la población como los niveles de alfabetización e industrialización en Azerbaiyán, se empezaron a manifestar las primeras señales de descontento.
Y la cosa fue a más en la segunda mitad de los 80 con las políticas aperturistas de Gorbachov. Entonces surgieron los disturbios civiles y las luchas étnicas en diversas regiones de la Unión Soviética, entre ellas en Nagorno-Karabaj, una franja montañosa de más de 4.000 km2 en el oeste de Azerbaiyán, muy cerca de la frontera con Armenia. En la actualidad residen en la zona unas 150.000 personas, la mayor parte de ellas armenios cristianos que se sienten parte de una Gran Armenia y una minoría azerí musulmana. Mientras que los primeros alegaban lazos culturales y religiosos con la zona y reivindicaban que representaba la resistencia armenia frente a la dominación de los distintos imperios (otomano, persa y ruso) que se hicieron con la zona; los segundos defendían la unidad del Karabaj sin diferenciar entre la parte alta y el resto del territorio y destacaban la influencia de Persia. Para ellos que existiera una población de armenios abrumadoramente mayoritaria se debía a una estrategia del cristianismo para reforzar su presencia en la zona.
En realidad este conflicto se remonta principios del siglo pasado tras la desaparición del imperio zarista y, aunque había renacido cuando Stalin transfirió la Nagorno-Karabaj a la administración de Azerbaiyán como región autónoma con el fin de asegurar el petróleo de Bakú y acercarse a la Turquía de Atatürk, los armenios, el 90% de la población, no pudieron hacer gran cosa para oponerse en ninguna de las dos ocasiones. En 1988 sin embargo, con la decadencia del poder soviético, tuvieron lugar manifestaciones masivas a favor de la unificación de Nagorno-Karabaj con Armenia y de rechazo a las políticas de Azerbaiyán. Los cristianos querían bien la independencia, bien unirse en una Gran Armenia. De hecho se votó por esta anexión, pero la URSS no lo permitió y los intentos de autodeterminación fueron duramente reprimidos lo que repercutió en que el conflicto empeorara aún más.
El año 90 arrancó con fuertes revueltas que las autoridades locales fueron incapaces de contener, por lo que el 15 de enero se declaró el estado de emergencia en algunas zonas del país. Sin embargo, para las autoridades soviéticas no fue suficiente y el 19 el Presídium del Sóviet Supremo de la Unión Soviética aprobó el decreto que lo ampliaba también a Bakú. Esa noche, tras la demolición de la estación central de televisión y el corte de las líneas telefónicas y de radio de las fuerzas especiales soviéticas, 26.000 soldados soviéticos entraron en la capital arrasando contra la multitud que se manifestaba. Desde entonces el 20 de enero se conmemora el Día de los Mártires (o el Día del Dolor de la Nación). La violenta represión continuó tres días y el estado de emergencia se prolongó durante más de cuatro meses.
Finalmente, ese mismo año el Consejo Supremo de la República Socialista Soviética de Azerbaiyán retiró las palabras Socialista y Soviética del nombre oficial del país y se recuperó la bandera de la República Democrática de Azerbaiyán. Un año más tarde, el 18 de octubre de 1991, el Consejo Supremo de Azerbaiyán adoptó una declaración de independencia que fue ratificada por un referéndum nacional en diciembre siguiente, cuando la Unión Soviética se disolvió oficialmente.
La Guerra de Nagorno-Karabaj no concluyó con la independencia, sino que la población armenia de la región seguía con sus reivindicaciones, lo que condujo a que Azerbaiyán quitara a la región su autonomía. Aún así, los partidarios de la independencia convocaron un referéndum al que un 92% de los censados votó a favor. El 6 de enero de 1992 se proclamó la República de Nagorno-Karabaj, aunque no contó con el respaldo internacional. Ni siquiera Armenia lo reconocía como país. Tras años de enfrentamientos, en 1994 se firmó el Protocolo de Bishkek, un alto el fuego mediado por Rusia. Para entonces Armenia no solo controlaba el territorio propio de la República de Nagorno-Karabaj, sino también cerca de un 20% del territorio nacional de Azerbaiyán, siete regiones que consideraba su franja de seguridad.
Sin embargo este acuerdo no significó la paz. El conflicto se congeló pero no desapareció y durante tres décadas se han producido constantes violaciones y se ha ido militarizando más y más. Azerbaiyán ha ido desequilibrando la situación a su favor a nivel económico, poblacional y militar, así como estrechando sus lazos con Turquía. Y es que el país ha mejorado económicamente desde la década de 2010 gracias al gas y al petróleo, lo que le ha permitido multiplicar por 10 su inversión en gasto de Defensa. Sirva como ejemplo, el año 2013, cuando el presupuesto militar de Azerbaiyán equivalía a todo el presupuesto nacional de Armenia. Sabiéndose superior, en 2016 Azerbaiyán hizo un intento militar para recuperar parte de sus territorios, aunque no tuvo éxito.
Cuatro años más tarde lo intentó de nuevo. Tuvo lugar entonces la segunda guerra de Nagorno-Karabaj, de tan solo 44 días de duración. Y es que esta vez, con las fuerzas tan claramente desequilibradas, la balanza estaba a favor de Azerbaiyán. Rusia medió entre ambos países y se firmó un acuerdo de alto el fuego que devolvía a Azerbaiyán el 10% del territorio que ocupaba Armenia, aquellas 7 regiones alrededor del enclave usadas como cordón de contención. No obstante, quedó pendiente la resolución política, y Azerbaiyán lleva presionando desde entonces para recuperar el total de la región de Nagorno-Karabaj.
Recientemente, a finales de septiembre de este año Azerbaiyán aprovechando que ahora es socio prioritario de la UE, que Rusia está entretenida con Ucrania y que armamentísticamente es mucho más potente que Armenia, lanzó una operación militar relámpago que provocó la caída de la autoproclamada República Nagorno Karabaj integrándola de nuevo en el país en tan solo 24 horas. Armenia no tenía capacidad humana ni armamentística para enfrentarse. Tampoco aliados que le respaldaran.
Volviendo a la proclamación de la independencia de la URSS, en las siguientes elecciones democráticas resultó electo Abulfaz Elchibey, del Frente Popular, pero pronto fue derrocado por una insurrección militar. Fue entonces sucedido por Heydar Aliyev, exlíder soviético de Azerbaiyán y el fundador del Nuevo Partido de Azerbaiyán. Este se mantuvo en el poder (pese a un par de intentos de golpes de estado) hasta su muerte en 2003 y desde entonces es su hijo Ilham Aliyev quien ostenta el puesto.
En cuanto a nuestro viaje, nuestro segundo vuelo salió con una hora de retraso. Media hora porque los del catering tardaron en llegar y cargar el avión y otra media hasta que al fin nos dieron pista. Una vez en el aire, ya estabilizados, nos sirvieron la comida (o merienda, dadas las horas), un plato principal que constaba de pan de pita, bulgur, una bola de guacamole y otra de humus, además de una hoja de parra rellena de algo y una especie de empanadilla. De postre, un trozo de bollo de chocolate. La opción vegetariana constaba de un sándwich de tomate y queso con algo de fruta.
Por lo demás, durante las casi tres horas restantes intentamos de nuevo descansar algo, aunque ya estábamos con ganas de llegar después de todo el día de un lado para otro. Con el retraso acabamos llegando a las 22:45 (19:45 hora española peninsular). Por suerte el control de pasaportes fue rápido, ya que no debimos coincidir con más vuelos, así que con nuestro sello recién estampado (y van 39 países) nos dirigimos hacia la salida no sin antes cambiar 50€ para tener algo de efectivo para buscar cena y movernos a primera hora de la mañana hasta que llegáramos al centro de Bakú y tuviéramos más opciones.
En la salida nos esperaba el servicio de recogida del hotel, y el conductor, que apenas hablaba inglés, nos fue señalando por el camino los diferentes edificios que veíamos iluminados. Era noche cerrada y apenas veíamos gran cosa, pero lo que sí que nos quedó claro es que en aquella ciudad gustaban los leds.
Y apenas nos dio para mucho más el día, hicimos el registro en el hotel y bajamos a la búsqueda de la cena para comer algo rápido antes de irnos a dormir. Para nuestro alojamiento en Bakú habíamos elegido el hotel ZamZam, a las afueras. Era algo antiguo y se veía en la moqueta, en el baño y en algunos muebles, pero a pesar de ser básico la habitación era espaciosa y las camas tenían pinta de cómodas, así que nos servía.
Dadas las horas apenas encontramos sitios cercanos donde comer, y como estábamos cansados, nos decidimos prácticamente por el primer local abierto. Allí, sin mucho pensar, pedimos tres Çiğ Köfte Dürüm, unos durum que vimos que estaba preparando el chico y no tenían mala pinta. A mí, sin embargo, no me apasionaron. Por un lado la textura de la carne se me hacía bola (luego descubrimos que era cruda) y el uso de cilantro y algún picante me enturbiaba el paladar.
Con la cena dimos por cerrado el día, que había sido muy largo y cansado. Al día siguiente nos esperaba Bakú.


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