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Verano 2020. Viaje a Navarra. Día 6 IV Parte: Foz de Lumbier

Jun 28, 2021
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Tras abandonar Sangüesa, en apenas media hora estábamos en la Foz de Lumbier, un desfiladero de imponentes paredes calizas formado a lo largo de millones de años por la acción del río Irati. Situada al sur de la población de Lumbier, en el extremo occidental de la sierra de Leyre, cuenta con algo más de un kilómetro de longitud y unas paredes casi verticales que oscilan entre los 150 y 400 metros de altura.

El cañón, que toma su nombre del pueblo cercano Lumbier, está bastante protegido de la actividad humana y cuenta con una gran riqueza geológica, por lo que fue declarado Reserva Natural en 1987. La Foz de Lumbier también es un magnífico lugar para la observación de aves rapaces, entre las que destacan los buitres leonados y el alimoche.

Dejamos el coche en el aparcamiento destinado a ello (en temporada alta hay que pagar 2.5€), y, pasando el merendero y los aseos, iniciamos la ruta de unos 3 kilómetros ida y vuelta que, según los paneles informativos era sencilla y apta para todos los públicos.

Y lo cierto es que es un paseo muy sencillo y accesible. Quizá para carrito de bebé o silla de ruedas no es tan recomendable por el traqueteo de las piedras del camino, pero lo cierto es que la pista, que sigue el trazado de la antigua línea de ferrocarril conocida como “El Irati” que unía Pamplona con Sangüesa (el primer tren eléctrico de la península), es llana y cómoda en su recorrido.

En todo momento el paseo se hace por la base de los acantilados de la garganta, por lo que resulta un paseo muy atractivo gracias a la combinación del escarpado cañón con el río a sus pies y las aves en el cielo.

Una vez hemos pasado un mirador, la senda continúa por un túnel excavado en la roca. Este no está iluminado, por lo que conviene sacar la linterna del móvil para saber por dónde andamos, ya que mide 167 metros y tras unos pasos nos adentramos en la más negra oscuridad. Y mejor dejársela a mano, ya que un poco más adelante hay un segundo túnel de 206 metros.

El paseo corto emprende su regreso hasta el aparcamiento al llegar al Puente del Diablo (un puente del que solo quedan unas ruinas porque destruyeron los franceses en la Guerra de Independencia y que según la leyenda fue construido con la ayuda del diablo).

Sin embargo, si se tiene más ganas de andar, hay un recorrido balizado que discurre por el entorno exterior de la foz y regresa por el camino del ferrocarril y que se va a los 5,5 kilómetros y ya tiene un poco de desnivel (175 metros). Tras un pequeño ascenso sube hasta el cordal montañoso que separa las cuencas de Lumbier y Liédena y desde el que se puede observar la sierra de Leire.

Como hacía bastante calor y era la hora de comer, nosotros decidimos emprender el regreso hasta el merendero, donde nos sentamos un rato a la sombra a recargar energía antes de regresar a Pamplona a pasar la tarde.

 
 
 

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