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Verano 2020. Viaje a Navarra. Día 5: Selva de Irati

May 6, 2021
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Para el quinto día en Navarra nos habíamos reservado una ruta por la naturaleza. También íbamos a visitar alguna ciudad, pero nos apetecía dejar de lado algo el asfalto y perdernos en el monte. Eso sí, nos lo tomamos con calma y salimos de Pamplona sin madrugar y desayunando con calma, por lo que hasta la una no llegamos a la Selva de Irati, uno de los hayedos más extensos de Europa (solo superado por la Selva Negra de Alemania).

Situada en la cabecera del río Irati, entre los valles de Aezkoa y Salazar y los valles de Zuberoa y de Cize en la Baja Navarra (Francia), la Selva de Irati cuenta con más de 17.000 hectáreas repletas de hayedos, abetos, pastizales y frescas aguas. Ofrece una red de senderos practicables y señalizados de entre 1 y 20 kilómetros de longitud y de diferentes niveles de dificultad, por lo que hay para todos los gustos, edades y formas físicas.

Nada más llegar encontramos un pequeño aparcamiento junto al Punto de Información de Arrazola, así que allí dejamos el coche y preguntamos. Pedimos a la chica que allí atendía que nos asesorara un poco, pues no queríamos ni una ruta excesivamente larga, ni muy complicada, pero sobre todo que no transitara por tramos muy abiertos. Y es que ante todo buscábamos sombra. Ella nos recomendó que la que más se adecuaba a nuestras peticiones era la de Los Paraísos-Erlan (SL-NA 54C), pues es sencilla, con poco desnivel, y entretenida, ya que transita junto al pantano de Irabia. Eso sí, para iniciarla teníamos que subir unos seis kilómetros de pista asfaltada hasta el parking del embalse de Irabia, por lo que, tras pagar la tasa, volvimos al coche y nos dirigimos hacia el punto de arranque de la ruta.

La ruta circular de unos 4,6 kilómetros y un desnivel de 110 metros, transita en todo momento al abrigo de este espléndido hayedo-abetal alternando tramos de pistas forestales y sendas de leñadores. En todo su recorrido es un paseo bien señalizado, cómodo y tranquilo, salvo en algún tramo puntual que hay que salvar una ligera pendiente o cruzar un arroyuelo.

Comienza por la pista que bordea el embalse, construido en 1922 para producir electricidad y regular el caudal del río Irati, y en algunos momentos se intuye en los claros del bosque, e incluso se puede bajar a su orilla.

Este primer tramo que bordea el embalse y que a ratos se adentra un poco en el interior del bosque es conocido como Primer Paraíso y es paseo tranquilo y relajado por el sendero bien marcado.

Más adelante el camino nos adentra en el Segundo Paraíso, abandonando la pista e iniciando un ligero pero continuo ascenso por una senda que transita por la ladera del monte Mozolotxiki. Este tramo es mucho más boscoso y también solitario. Apenas nos cruzamos con otros senderistas.

Tras llegar al collado boscoso de Ermuñoa, a 940 metros, la ruta comienza a descender conduciéndonos de nuevo a la pista asfaltada que lleva al punto de partida. Este tramo no es tan bello como el anterior, pues nos encontramos con algún claro (además de la parte que has de andar por la pista junto con los coches), pero a cambio nos encontramos con unos caballos pastando tranquilamente y unas vacas echadas al sol.

Un poco más adelante, pero en un apartado a la sombra, aprovechamos nosotros también para descansar, hidratarnos y comernos los bocadillos que habíamos llevado preparados antes de regresar al coche y seguir con el plan del día.

 
 
 

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