Verano 2020. Viaje a Navarra. Día 3 V Parte: Amaiur/Maya
Tras la visita a Urdazubi/Urdax llegamos a Amaiur/Maya, otro ejemplo navarro de pueblo-calle o pueblo-camino, ya que construyó sus casas siguiendo el recorrido del Camino de Santiago del Baztán. No obstante, pese a contar con unas 300 personas y ser pequeño en apariencia, este pueblo ubicado en la zona de los Pirineos navarros destaca por su patrimonio cultural e histórico.
Nada más llegar dejamos el coche junto a uno de los rincones más emblemáticos de Amaiur/Maya: el molino. Hoy en día rehabilitado y en funcionamiento, fue el eje central de la economía del pueblo en el pasado. Y es que desde que el maíz se trajo de América en el siglo XV fue considerado un importante cultivo en esta zona de la comunidad foral.
En la visita el molinero hace demostraciones de molienda y de horneo del pan. Además, el visitante podrá degustar los típicos talos recién elaborados, unas finas tortas de maíz que se suelen consumir rellenas de productos de la zona como chistorra, queso, tocino o incluso chocolate en su versión dulce. En el molino se puede comprar también harinas de maíz o trigo.
Frente al molino se erige la Iglesia de la Asunción que, aunque su aspecto se debe a las reformas acometidas entre los siglos XVI y XVIII, data del siglo XIII.
Desde allí iniciamos un paseo que nos llevó a la entrada del pueblo, presidida por un peculiar arco construido en el siglo XVII y que desde entonces constituye la entrada al núcleo urbano. Existen diferentes leyendas alrededor de este acceso. Unas cuentan que una terrible peste afectó al ganado de la zona y que cuando la epidemia llegó a las puertas del pueblo, el arco impidió su entrada. Otras afirman que protegía a los vecinos de las enfermedades; y las hay también que dicen que el arco recuerda a los amaiurtarras que perecieron por las pestes.
A partir de ahí nos reciben a un lado y otro de la calle imponentes caseríos de piedra con el toque bermejo propio de la procedente de las canteras de Almándoz y rematados con aleros, barandillas, ventanas, puertas, contraventanas y otros detalles en rojo o verde, como la ikurriña.
Además, no pueden faltar los geranios rojos y rosas adornando los balcones.
En Amaiur/Maya se pueden ver además varios ejemplos de arquitectura palaciega en construcciones como la Casa Arriada, el Palacio Arretxea o el Palacio Borda.
Este último edificio, que data de los primeros años del siglo XVII y obtuvo la categoría de cabo de armería en 1728, destaca por su fachada de piedra de sillería rojiza y su tejado a cuatro aguas. En determinado momento pasó al Estado y sirvió como cuartel de la Guardia Civil desde 1944 hasta 1966, cuando esta se centralizó en Elizondo. A principios de este siglo, tras varios intentos fallidos de subasta, fue vendido a una promotora inmobiliaria de Barcelona que en 2010 lo restauró y reconvirtió en hotel de 4 estrellas. No obstante, en aquel momento, pese a tener todo terminado y a punto, nunca llegó a inaugurase. Hubo que esperar a 2017 para que abriera sus puertas.
Siguiendo con nuestro paseo en ascenso llegamos a la parte más alta del pueblo, donde se encuentra la Ermita de la Virgen del Pilar, una pequeña iglesia de planta cuadrada.
De origen medieval y reformada en el siglo XIX, alberga en su interior un modesto retablo con una talla barroca de la Virgen del Pilar.
Continuando el camino, un poco más arriba, antes de que el sendero gire, encontramos un mirador desde el que se puede ver todo el pueblo.
Después de hacer un breve receso para tomar fuerzas e hidratarnos, continuamos el ascenso hasta el mítico monolito del Monte Gaztelu, un monumento de mármol inaugurado en junio de 1922 con motivo del 400 aniversario de la resistencia en el castillo y en honor a quienes lucharon frente a los conquistadores de la Corona de Castilla. Sufragado por donaciones de los lugareños y numerosas instituciones del país, quedó destruido en 1931 por un atentado con explosivos. Durante la dictadura quedó abandonado y no fue hasta 1982 cuando la propia población lo volvió a restaurar.
El monumento está presidido por el escudo de Navarra, y en sus laterales se distribuyen los de las seis merindades y los territorios de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava.
Además, en cada una de estas caras se pueden leer sendas inscripciones conmemorativas. La única en euskera reza:
NAPAR-ASKATASUNAREN ALDE AMAYURKO ECHARRIAN BORROKA EGIN ZUTEN GIZONAI BETIKO ARGIA 1522
Su traducción en castellano figura en otro de los laterales:
En las otras dos caras se puede leer:
1522 JUAN DE ORBARA, ABAD DE URDAX JAIME VELAZ DE MEDRANO, ALCALDE DEL CASTILLO DE MAYA. MIGUEL DE JASSO, SEÑOR DE XAVIER.LUIS VELAZ DE MEDRANO. JUAN DE JASSO. VICTOR DE MAULEON. JUAN DE AGUERRE, DE ECHALAR. 1922
Alrededor del monolito se pueden ver los cimientos del Castillo de Amaiur/Maya, que han salido parcialmente a la luz gracias a unas recientes excavaciones arqueológicas. El itinerario marcado con una pasarela de madera permite recorrer los restos de las murallas y estructuras de esta fortaleza de la segunda mitad del siglo XII y descubrir cómo fue cambiando con el tiempo.
El castillo medieval se ubicó en un promontorio pues de este modo se controlaba visualmente el paso del Pirineo y a la vez el desnivel de los peñascos facilitaba su defensa. Por el lado norte es inexpugnable gracias al gran precipicio, aunque no por ello no ha habido intentos, ya que en los trabajos de recuperación se han encontrado diferentes proyectiles de artillería, siendo las más sorprendentes unas bolas de hierro macizo y de 14.7 kg halladas impactadas en tramos de la muralla.
En el centro del castillo de propiedad real se ubicaba la torre principal (cuyos restos no han sido excavados por encontrarse bajo el monolito), y a su alrededor se levantaban dos líneas de murallas construidas entre los siglos XIII y XV. La primera muralla contaba con cinco torres y en su interior había diversas edificaciones realizadas en madera que se destinaban a la residencia de la guarnición que en épocas sin conflictos no superaba las 20 personas. También disponía de un aljibe o depósito de agua que no ha sido excavado. La segunda línea de murallas, de cuatro torres en sus esquinas, tenía menor altura.
Durante la conquista de Navarra, entre los años 1512 y 1522, se reforzó el castillo con dos cubos que emplazaran la artillería y un nuevo aljibe o depósito de agua. Y es que todos los castillos necesitaban de un gran depósito de agua potable para poder resistir en caso de ser sitiados. Tenía una profundidad de más de 3 metros, estaba cubierto por una bóveda de cañón, sus paredes estaban impermeabilizadas y el suelo era de ladrillo. En el transcurso de la excavación arqueológica se han recuperado vasijas de cerámica; una llave, puntas de lanzas con baños de plata; objetos de madera como peines, etc.
A principios del siglo XVII se realizaron importantes obras para convertir los restos del castillo en un baluarte moderno con una planta en forma de estrella. Sin embargo, nunca llegó a usarse porque los Reinos de Francia y España no acabaron en conflicto bélico.
La verdad es que cuesta imaginar cómo era en pie aquel castillo solo viendo los restos, pero desde luego las vistas desde su posición son increíbles y bien merece la pena la subida de kilómetro y medio.
Tras la visita y reponer fuerzas, emprendimos el camino inverso hacia el coche pasando de nuevo por la calle principal y disfrutando de la belleza y calma del pueblo antes de volver de nuevo a la carretera para dirigirnos a Elizondo.

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