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¡Uribe, sí… Chávez, no!

Jul 6, 2008
3 min read
Por Cayetano Llobet

Por Cayetano Llobet

¿Quién me puede impedir expresar mis preferencias por tal o cual Gobierno? Mucho menos, si no represento a nadie más que a mi cabeza y a mis tripas. Y como la liberación de Ingrid Betancourt me parece ejemplar, en lo técnico y en lo simbólico, quiero compartir con mis amigos mi admiración por Uribe. Y lo distingo de Chávez porque me parecen las expresiones antitéticas de las formas de gobernar. Para nadie es un misterio que el ‘comandante’ venezolano siempre me ha producido una sensación especial de repugnancia. Lo llamé ‘predicador colorinche’ antes de que apareciera la más genial y precisa descripción que de él hizo Carlos Fuentes: el ‘Mussolini tropical’.

En aquel tiempo, la Presidencia de Bolivia no se había convertido, todavía, en la mensajería de Chávez. Hoy sabemos que, además de tener un simple mensajero en Palacio de Gobierno, Chávez entrena a los terroristas más cercanos a las oficinas presidenciales. Y como todo el mundo sabe de la presencia, de la falta de escrúpulos, del poder de los venezolanos en Bolivia, asumo los riesgos de afirmar que Hugo Chávez me sigue produciendo la misma repugnancia que antes. No me cabe la menor de las dudas de que otros gobiernos ya han entrenado a gente boliviana. De lo que sí dudo es que lo hayan hecho para cumplir objetivos terroristas. Más bien, no lo creo. ¡Bastaría preguntarle al ministro de la Presidencia, a don Juan Ramón Quintana, que tantas veces ha estado en la célebre Escuela de las Américas! Uribe es un tipo serio, sin que nadie pueda afirmar que es una hermana de la caridad en el ejercicio del Gobierno. La operación del miércoles pasado, el rescate de Ingrid Betancourt y de 14 secuestrados, es una cirugía militar y de Inteligencia. Porque, además, Ingrid se había convertido en la secuestrada símbolo. Ella no era soldado de ninguna guerra y la encerraron y vejaron por más de seis años. La presencia de ella en la selva colombiana era uno de los factores que impedía que pudiera reconocerse a las FARC como ejército beligerante y como interlocutor político. Propuesta de Chávez, ¡obviamente obedecida por Morales y García Linera! Y cuando se hace una operación quirúrgica de ese tamaño y de significación y trascendencia mundial, hay que asumir lecciones. Primero, Evo Morales, que en su primera declaración estaba convencido de que habían sido las FARC las que liberaron a Ingrid y gracias a las conversaciones del compañero Chávez. Mejor información presidencial, ¡imposible! Y, desde luego, ya habrá asumido que hay ejércitos dotados de orgullo… ¡allí no se ríen de los comandantes! Segundo, y ya que ha vuelto a estar de moda aquello de “por qué no te callas”, ha sido una de las formas de callar a Chávez. Porque a estas alturas, y gracias a los frondosos y pródigos apuntes de Raúl Reyes –los muertos habladores son los más peligrosos–, nadie tiene ninguna duda sobre la estrechísima relación del Gobierno venezolano con la guerrilla colombiana. Tercero: que no hay que meterse donde no lo llaman. Si Evo Morales cree que les va a ganar “a los neoliberales” Alan García y Álvaro Uribe con declaraciones pomposas e intervenciones imprudentes, no tiene idea de la correlación de fuerzas en el mundo y de las direcciones de la política y de la economía. Y si cree que los millones de Chávez y las vomitivas reuniones del Mercosur lo van a salvar históricamente, está en la luna. Y cuando a alguien, en Palacio, se le ocurra hacer operaciones encubiertas, no confíen en Chávez… ¡pregúntenle a Uribe!

 
 
 

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