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Una reflexión indecente ante el Escapulario.

Jul 12, 2017
9 min read
Por: Teremike (Miguel Angel Aguilar Arreola)

“La mujer mas poderosa del mundo”, así nombró la Revista National Geographic de diciembre del 2015 a María, la Madre de Jesús. La figura de María es una de las más complejas en la historia de las religiones, cargada de valores afectivos inmensos, sirve de modelo para millones de personas y los valores que en Ella se resaltan cambian según la época y las sociedades.

 Honrada en las Iglesias históricas del Cristianismo, como la Madre de Dios, también cuenta con una gran importancia en el Islam, aunque como Madre del Profeta Isa (Jesús), incluso le da su nombre a una Sura del Corán y en la Sura 66 se le nombra como ejemplo de los que creen.

Las Ordenes Carmelitas consagran el mes de Julio como un tiempo de especial reverencia y reflexión a la figura de María, a su importancia en la construcción del Reino, a la experiencia de las propias congregaciones religiosas que la consideran su hermana y se han sentido singularmente acompañadas por Ella en los momentos más difíciles de su historia, así como a las vivencias particulares de cada unx de sus miembrxs que siguen viendo en María un aliciente para su día a día.

 Uno de los signos mas importantes de devoción a María dentro de la tradición Carmelita es el Escapulario. Visto en la tradición popular como un garante de salvación o una especie de amuleto de buena suerte, en algunos ambientes tradicionales como un signo de consagración a practicas piadosas, alienantes y despreciativas de los cuerpos; mientras en los grupos mas modernistas se ha visto como algo que estorba o debe rechazarse.

 En estas líneas, en una reflexión muy personal, trato de explicar la actualidad que tiene para mi el Escapulario, mi manera de repensarlo como una bandera de lo abyecto, lo marginado, lo “raro” y al mismo tiempo hacer la invitación de volver a las propias fuentes de las Ordenes Carmelitas, para así pasar de la María reina, dispensadora de la Gracia Sabatina, a la María hermana, mujer sencilla que profetiza los cielos y tierra nuevas en el Magníficat, que nos obliga a imitarla.

El Carmelo, “lo raro”.

Queer tiene su raíz en el alemán queren, que significa atravesar, mientras que en la lengua inglesa expresa: lo raro, lo invertido, el que va mal, el que ha perdido el norte. Esta palabra sirvió como un insulto a las personas de la disidencia sexo- genérica hasta que estas “otredades” se lo reapropiaron y quisieron reivindicarse a través de este. Lo Queer va mas allá de las disidencia y alza la voz para denunciar como el mundo LGBT se ha estado heteronormalizando.

Lo Queer, académicamente hablando, es una Teoría contracultural crítica que estudia el sexo como dispositivo (la heterosexualidad como un régimen político totalitario) y buscando visibilizar las interseccionalidades individuales y el que existen tantas identidades sexuales como personas, tirando por tierra el binarismo que por milenios hemos intentado seguir.

 Para los fines de este apartado me gustaría quedarme con la primera definición de Queer, lo raro, pues la mística, dentro del terreno teológico es también ese terreno desconocido, la nube del no saber, el desconcierto, esa experiencia única que sale de la norma.

Es esta experiencia personal que busque la resonancia comunitaria el ser del Carmelo, en palabras de Teresa de Jesús: “…todas las que traemos este hábito sagrado del Carmen somos llamadas a la oración y contemplación. Este fue nuestro principio. De esta casta venimos, de aquellos santos padres nuestros del Monte Carmelo, que en tan gran soledad y con tanto desprecio del mundo buscaban este tesoro, esta preciosa margarita de que hablamos…” (M 5,1,2),

El Carmelo no solo tiene como su ser lo raro, también a lo largo de su historia las Ordenes Carmelitas han sido lo raro, lo marginal, lo que se necesita perseguir. Raro fue su origen, no sabemos el nombre de los fundadores, ni que orilló a estos a la vida eremítica mientras su entorno buscaba la gloria militar. Fueron vistos raros o torcidos por el nuevo régimen que los hará salir de Tierra Santa y buscar refugio en Europa. Fueron vistos como los que van en sentido contrario al llegar a Europa por dedicarse a la oración en tiempo de mendicantes, su presencia resultó incomoda y tuvieron que llegar a la realidad extraña de la contemplación en la acción y viceversa. El Carmelo al fin se hace a la norma imperante de su tiempo, pero estaba la llama de que necesitaba una renovación, la cual vino con Santa Teresa de Jesús. Este nuevo Carmelo Descalzo resultó extraño, y sufrió persecuciones, tras la muerte de la santa su obra fue incomprendida y fue tratada de encasillarla en los cánones vigentes.

La historia del Carmelo, es una historia que, salvando las diferencias, no se aparta tanto de todas aquellas personas diversas que nunca encajan en la norma por mas que se les obligue, aquellas a quienes les llueve persecución y que por alguna razón se les condena al escarnio por ser seres raros, extraños, por ir en sentido contrario, esto vale la pena recordarlo en un México que de acuerdo a la Relación de Crímenes por Homofobia realizada de 1995 a 2008 por la organización Letra S, es el segundo país con mayor índice de crímenes por homofobia en América Latina. Mismo México donde según los reportes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), se cometieron 28 mil 710 asesinatos violentos contra mujeres del año 2000 al 2015, es decir cinco diarios.

El Escapulario, bandera Cuir

El escapulario es una tira o pedazo de tela con una abertura en el centro para introducir por ella la cabeza; cuelga sobre pecho y espalda. Es parte del hábito religioso de algunas ordenes religiosas y un signo para algunos fieles que expresa su adhesión a estas. En el Carmelo el “escapulario marrón” goza de una gran estima, sus orígenes son difíciles de rastrear pero se sabe que primero se subrayó su carácter como “Yugo de Cristo” (Constituciones de Londres 1281 y Burdeos 1294), para después darle un sentido mariano que se consolidó hasta el S.XIV.

La noción del escapulario como símbolo de protección tiene su origen en las persecuciones que vivieron los Carmelitas al llegar a Europa en el S.XIII, su batalla por sobrevivir y evitar su extinción, en la asombrosa producción literaria – legendaria para justificar su existencia desde el profeta Elías que los inspiraba, en el espinoso momento en que debieron de pasar de ermitaños a mendicantes y las luchas que tuvieron para poderse nombrar hermanos de la bienaventurada Virgen María. El Escapulario condensa todas esas experiencias de protección con la historia de San Simón Stock recibiendo de manos de la Virgen el escapulario, prometiendo su protección en esta vida y la otra a quien lo portare. Así el Escapulario se convierte en signo de que María, muestra su compañía con los raros, los que sufren, los perseguidos, los vejados a los que quieren arrebatarles sus derechos.

Más tarde, en este tenor de protección tras el término de esta vida, se concibió al Escapulario como un elemento remisor del purgatorio. Un signo de salvación, y de liberación, que en muchos casos causaron espiritualidades ritualistas y alienantes. Pero viene bien retomar estos conceptos y resignificarlos, recontextualizarlos e indecentarlos.

De esta manera el escapulario se erige como señal de protección y de predilección del Dios de María por los pequeños, los humillados y marginados. Vale la pena plantearnos, a manera personal, si el escapulario también puede ser signo de la liberación de las llamas de las violencias y de vivir en la prisión / purgatorio del closet (no solamente homosexual, sino todos esos closets que no nos dejan ser nosotros mismos), un llamado al auto conocimiento, a la contemplación del misterio, a la fascinación por la experiencia mística, esa que nos confronta con una experiencia de subjetividad que escapa a cualquier categorización. Ahí donde se revela lo más original de la persona y desde la cual se construye y deconstruye para el servicio a lxs demás.

 Es necesario comprender que el Escapulario es signo de Salvación en cuanto nos recuerda nuestra obligación de hacer presente el Reino, es decir: integrar, sanar y liberar, en palabras de Monseñor Romero: “Si la Virgen hablara a un Simón Stock contemporáneo, al darle el escapulario, le diría: esta es la señal de protección; una señal de la doctrina de Dios, una señal de la vocación integral del hombre, para salvación del hombre entero, ya en esta vida. Todo aquel que lleva el escapulario tiene que ser un hombre que ya vive su salvación en esta tierra, tiene que sentirse satisfecho, poder desarrollar sus capacidades humanas para el bien de los demás.” (homilía 16/07/77)

El escapulario también nos hace participes de toda una tradición, es el símbolo de una familia con una tradición enclavada en el PROFETISMO, es decir el anuncio del Reino y la denuncia de todo aquello que no lo haga posible. El Escapulario invita a tener la mirada en las obras proféticas de María, de Elías, Teresa y toda esa “casta de donde venimos”. Portar el escapulario es olvidarnos del individualismo y empezar a pensar en la transgresora idea de comunidad, así lo entendia Santa Teresa de Jesús que escribe en 1579: “Por eso traemos todas un hábito, porque nos ayudemos unos a otros, pues lo que es de uno es de todos” (Cta. 295,4).

 El uniforme de una Hermana Indecente.

La exaltación de la figura de María se asocia con frecuencia a grupos y movimientos católicos de tendencias socio-políticas conservadoras que añoran el modelo de familia patriarcal y tienden a legitimar las injusticias extremas del sistema económico imperante como si fueran ley de vida. En contraste con esta desconfianza revolucionaria hacia la mariología, es necesario afirmar que el texto bíblico que más clara y rotundamente apoya a la teología de la liberación y a su opción preferencial por los pobres no es otro que el Magníficat de María de Nazaret.
Teresa Forcades I Villa
(Os dogmas marianos, Encrucillada 175 (2011) 511-526)

 Hablar del Escapulario es hablar de María, que es una figura central para la realidad latinoamericana, su efigie acompaña pueblos, es patrona y “cada patrona tiene un nombre y su propia historia mezclada con la historia del pueblo. Y todas son el rostro de María, «proyección» del rostro sufrido del pueblo, y al mismo tiempo deseo de restauración de la vida.” Es por eso que “En la realidad latinoamericana. el «índecentamiento» de la Virgen puede ser más importante que en otros continentes, dada la fuerte inversión machista en su culto y la extensión de su influencia en la política, desde Cortés hasta Pinochet.”

Indecentar a María es desnudarla de las sedas y encajes para descubrir a una niña pobre, campesina, sucia, violentada por los sistemas, objeto de acoso sexual, marginada. Es desnudar los altares de la Virgen erigidos por los poderosos y los régimen totalitarios para voltear a ver los altares vivos de María Profeta, los altares populares de los que viven segregados de la sociedad, de los cuerpos vulnerados de mujeres y diversxs que portan su medalla, su estampa o su escapulario y que invocan la protección de la Madre desde su hogar o desde el prostíbulo.

 Indecentar a María Es entender que “no podemos limitar a María al papel de madre encantadora de Jesús; es por encima de todo «obrera» en la mies del reino, miembro activo del movimiento de los pobres, lo mismo que Jesús de Nazaret”. Es dejar de concebir a María como útero, un simple receptáculo, para ser clítoris, es decir ser experiencia de gozo y compartición. Y es que, en nuestra vida cotidiana María es muy escandalosa, provocadora, sale del closet de las sacristías y apoya causas sociales, como cuando porta el pasamontañas zapatista, cuando su imagen acribillada acompaña el dolor de Acteal, cuando empuñando un sartén acompaña las protestas de la APPO, cuando es invocada por las Pussy Riot o cuando las Hermanas Vampiro conquistan con ella el Zócalo para la marcha gay de la Ciudad de México.

María, fuera de todas las construcciones de vainilla que podamos hacer, es, en su sencillez, la hermana de los profetas, la autora del Magníficat, un canto que no necesita dulcificarse o ritualizarse “sino encuadrarlo en la función de la palabra profética de una mujer que denuncia el mundo antiguo, pero que abre sus brazos esperanzados a uno nuevo.” Entender que “hoy Dios anima a muchas mujeres a interpretar por si mismas un código religioso que se ha quedado anticuado en su concepción femenina y a basar su reflexión religiosa y teológica en su propia experiencia de Mujeres”, esto mismo aplica para las personas de la disidencia sexo – genérica.

Indecentar a la Virgen es hacer el proceso de los Carmelitas, pasar de la María – patrona a la María – madre para terminar enamorándonos de la María – hermana, una hermana que se vuelve una mas de nosotrxs, aquella que nos hace saber que nuestros cuerpos de segunda, abyectos, raros, malogrados, incompletos, son los favoritos y los únicos capaces de Dios, son lxs nuevxs arcas de la Alianza, signo de que Dios convive entre nosotrxs y por ellxs grita.

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Ivone Gebara / Mª Clara L. Bingemer. María mujer profética , Ediciones Paulinas, Madrid, 1987.

Marcela Althaus-Reid, La Teología Indecente, Edicions Bellaterra, S.L. Barcelona, 2005. Pág. 97.

Ivone Gebara / Mª Clara L. Bingemer. María mujer profética , Ediciones Paulinas, Madrid, 1987.

Ibíd. Pág. 109

Isabel Gómez – Acebo / Mercedes Navarro. Conclusiones, propuestas. En Clave de Mujer… María, mujer mediterránea. Descleé De Brouwer, España, 1999. Pág. 308

ibíd.Pág. 309.

 
 
 

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