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Una Crucifixión dramática y familiar.

Apr 17, 2019
3 min read
Por: Miguel Angel Aguilar Arreola (TereMike)
The Crucifixion
Carl Heinrich Bloch
1870
Óleo en lámina de cobre
Museum of Natural History (Denmark)

La Revolución Industrial significo un cambio tremendo en la vida cotidiana de las personas, la industria vive un momento de apogeo y lo rural se va quedando en el olvido. La situación para la gente que vivía del campo cada día se va haciendo mas difícil, sin insumos ni clientes, y los campesinos tienen que emigrar a las recién fundadas fabricas de las ciudades donde son explotados y viven en condiciones infrahumanas. En este trance, los artistas sienten como la Academia sirve para los intereses de los poderosos y deciden rebelarse para despertar la conciencia de una sociedad cada vez mas acostumbrada y propiciatoria de desigualdad. Los pintores realistas defienden una pintura sin argumento, una captación simple de la realidad, en la cual lo fundamental es la forma en que se representa la imagen, su crudeza objetiva.

Los temas religiosos se retoman como la bandera de las clases explotadas, como otro medio de denuncia, dejando fuera todo rasgo de un Dios omnipotente mas cercano de las clases dominantes que de los pobres trabajadores, es por ello que La Crucifixión pintada por Bloch merece una singular mirada.

Carl Heinrich Bloch, nació en Copenhague en el año de 1834 . Es uno de los pocos artistas daneses de pintura histórica y realista, conocido sobre todo por sus temas bíblicos. Desarrolló su estilo académico en Italia, donde vivió hasta 1866. Se le encargó la realización de veintitrés pinturas para la capilla del Castillo de Frederiksborg sobre la vida de Cristo, las cuales se han convertido en ilustraciones muy populares, pues por más de cuarenta años la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha utilizado esos dibujos en su edificios y publicaciones. Se le reconoce por sus imágenes llenas de colorido, vitalidad y un profundo dramatismo. Bloch murió en la misma ciudad en que nació, con la edad de 63 años.

Su crucifixión nos muestra un Cristo ya muerto que pende de la cruz, mientras María y Magdalena no pudiendo soportar tanto dolor están desvanecidas al pie del madero, mientras Juan esta llorando solitariamente sentado en una roca. Los colores que envuelven al escena le da un ambiente melancólico y triste, pues parece que el cielo en cualquier instante soltará una lluvia que se fundirá con las lagrimas de los presentes. Otros personajes se incorporan a la escena e incluso uno de ellos es quien parece tener el protagonismo, este personaje está ataviado con ricas telas y acompañado de lo que parecen ser sus criados. Esta persona se acerca piadosamente a la Madre de Cristo con la disposición de ayudar, es José de Arimatea.

José de Arimatea es aquel hombre rico (Mt 27,57) y miembro ilustre del sanedrín (Mc 15,43; Lc 23,50), que tenía un sepulcro nuevo cavado en la roca, cerca del Gólgota, en Jerusalén. Era discípulo de Jesús, pero lo mantenía oculto por temor a las autoridades judías (Jn 19,38). El Evangelio de Lucas dice que José esperaba el Reino de Dios y no había consentido en la condena de Jesús por parte del sanedrín (Lc 23,51). En el momento de la crucifixión no teme dar la cara y pide a Pilatos el cuerpo de Jesús. Concedido el permiso por el prefecto, descuelga al crucificado, lo envuelve en una sábana limpia y, con ayuda de Nicodemo, deposita a Jesús en el sepulcro de su propiedad, que todavía nadie había utilizado. Personajes que pasaron del amor a la Ley y las Tradiciones al amor al prójimo.

Bloch, más que una simple imagen piadosa pretende hacer de su obra una reflexión a los grupos acomodados de su sociedad, les pedía seguir el ejemplo de José de Arimatea, que no condenaran a sus inocentes obreros a una muerte injusta y que dieran la cara ante otros poderosos por aquellos que nada tenían. Bloch más que acentuar la muerte de Cristo enfatiza la buena obra de José, que poniéndola en primer plano y bajo la cruz, nos intenta decir que esas mismas obras generosas son las que perpetúan el sacrificio y la redención.

Es encontrar en este Jesús doliente un aliciente, pues como escribió Santa Teresa de Jesús: “olvidará sus dolores por consolar los vuestros …” (C. 26, 5), es encontrar en Cristo una invitación para consolar a lxs otrxs.

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