Un nuevo contrato social en vez de la guerra y la barbarie

Por Roberto Méndez H
Estamos en la barbarie misma. En ese estado que el filósofo inglés Tomás Hobbes, nacido en 1561, describiera como el estado de naturaleza inspirado en la gran división política que confrontaba a dos bandos bien definidos en esa época: los monárquicos que defendían la monarquía absoluta aduciendo que la legitimidad de ésta venía directamente de Dios y los parlamentarios que afirmaban que la soberanía debía estar compartida entre el rey y el pueblo.
Su visión del estado de naturaleza anterior a la organización social es la “guerra de todos contra todos”, la vida en ese estado es solitaria, pobre, brutal y breve. Habla del derecho de naturaleza, En el estado de naturaleza no hay normas que indiquen el bien y el mal, o la vida y la muerte.
Así vemos que en Bolivia la realidad ha superado el discurso del presidente Evo Morales pronunciado hace dos años y medio: “en mi gobierno no habrá muertos”, después de la caída del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, en cuyo período se registraron 63 muertos.
Sin embargo, ahora, a estas alturas de la historia existe ya un empate en el número de personas que han perdido la vida, en uno y otro gobierno.
Porque el respeto a la vida parece ser lo que lo que menos interesa ahora en la que las alas radicales han tomado el mando y en la que disparar a matar o saquear se han vuelto carta de ciudadanía.
La falta de entendimiento es tal que estamos dejando que otros países intenten poner orden. Por ahí aparece el venezolano Hugo Chávez hablando de convertir a Bolivia en otro Vietnam y hasta se da el lujo de molestarse porque el jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, generalmente sumiso al presidente Morales, le dice que no tiene por qué intervenir.
Esta crisis ha pasado la frontera y amenaza convertirse en un polvorín cuando por ahí aparecen alineados países afines a un socialismo del Siglo XXI -que nadie entiende- patrocinado por Chávez y otros con Estados Unidos cuyo embajador acaba de marcharse de Bolivia.
Por ahí lejana aparece la luz del diálogo que han iniciado el presidente Morales con los cinco prefectos opositores.
Es entonces cuando todos pedimos que exista entendimiento y que pensemos, volviendo a Hobbes, en un nuevo contrato social.
Un contrato en el que dejemos que el hombre sea el lobo del hombre para convertirse en hermano, en coterráneo y en boliviano.
He ahí que la historia requiere reelaborar un nuevo texto constitucional que contemple las dos visiones de país y en la que ninguna trate de aplastar a la otra.
Un nuevo contrato social que implique ver que las diferencias que tenemos sean una fortaleza en vez de causas de la división.
Un nuevo texto constitucional que, así como la crisis ha pasado la línea internacional, se inspire en otras formas de convivencia pacífica: Bélgica, Suiza, Canadá, donde diferentes realidades étnicas se han puesto de acuerdo y han decidido patear para el mismo arco.
O en nuevos modelos de Estado como el mismo federalismo al que no tenemos porqué temer y aquí a nuestro lado tenemos a Argentina, Brasil o Estados Unidos.
Pero lo primero es pacificar el país y sentarnos en una mesa para dibujar a la nueva Bolivia.

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