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Un dulce llamado soledad

Jan 5, 2022
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Oh dulce, soledad, ¡cómo te adoro!

Eres para mi una antorcha en medio del más profano extravío, eres fruto rojo entre las ardientes dunas del desierto.

Oh bella soledad, cómo sería el diálogo con uno mismo si no estuvieras ahí para oirlo.

Recitan los profetas luminosas plegarias mar adentro, impregnando el aire con su aliento de colores, medicina coral que canta un ave extraviada del paraíso.

Yo invento ficciones cada vez que enciendo la azarosa máquina del deseo, yo cabalgo quimeras como la hierba cuando germina en la luna.

Yo digo poesía con mis labios itinerantes que resisten al frío, son labios indecentes buscando saciar la sed en los labios de la mujer dormida o la extraña fiereza de un planeta exógeno.

¡Oh, amada soledad!

Eres sorbo de agua para sobrevivir a esta amarga fiebre de sensatez, esa irremediable necedad de morir ahogado ente el vino, como un insecto aleteando la hiriente luz del crepúsculo, farola disidente por donde transita mi tenebroso destino.

¡Oh, soledad! No me dejes.

Pues cuando estoy contigo nada me falta, me siento tan pleno, bebiéndome el éter, como una brizna fosforeciendo en el cielo. ::.

 
 
 

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