Un diminuto eclipse
Un diminuto eclipse oscureció mi corazón a medio armisticio, entre el humo de las balas.
Tan irremediable y añil, la condición humana, tan carnicera.
Fueron tus ojos distantes haciendo surcos en mi alma, tus labios enterrados en la cicatriz del sueño.
Las palabras sordas fueron tan elocuentes.
Así es niña, en tus labios duermen las hebras del tiempo tendido sobre la hierba.
Y yo apenas me reconozco.
Llevo tanto años viendo morir las azucenas…
Llevo sobre la espalda la rúbrica del otoño y su panteón de hojas secas.
Las costuras de la batalla, una cartografía de fosas y destierros sobre mi rostro.
La pálida transparencia de quien ama la luz de una vela que se apaga.
Fueron las yemas de mis dedos con tu nombre tatuado en la frente como fríos ataúdes.
Fueron montañas sin viento mirando el paisaje.
Una tolvanera de relámpagos y lodo en la suela de los zapatos.
Una canción solemne royendo mi almohada, mi alma taciturna escondida en la penumbra. ::.

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