Trumbo: La lista negra de Hollywood
Culminada la II Guerra Mundial, la URSS, que había sido considerado país aliado por los EEUU, pasó a convertirse en el coco y cualquiera que mostrara simpatía hacia la ideología comunista automáticamente era marcado como enemigo público y era por ello perseguido. Así pues, estadounidenses que se habían afiliado en el pasado al Partido Comunista de los EEUU estaban en el punto de mira. Uno de ellos era Dalton Trumbo, el guionista más prestigioso y mejor pagado de Hollywood en aquel momento.
Abiertamente comunista y afiliado en el partido en 1943, Trumbo se integró fácilmente en la industria cinematográfica. El problema llegó en 1947, cuando la Comisión de Actividades Antiamericanas (liderada por el senador Joseph McCarthy) inició una campaña indagatoria a diferentes figuras del gremio para que no solo expresaran públicamente cuál era su ideología, sino que además delataran a otros. Se inició una caza de brujas contra unos supuestos traidores de la Patria que se vio apoyada por la Motion Picture Alliance (dirigida por el actor John Wayne y la periodista Hedda Hopper) y que ganó dimensiones públicas insospechadas por tratarse de personajes famosos y populares.
En su interrogatorio – donde apenas tenía lugar a respuestas que no fueran sí o no- Trumbo se negó a delatar a otros compañeros. Pasó así a formar parte de los Diez de Hollywood, una docena de artistas (en su mayoría guionistas) afiliados al Partido Comunista que no quisieron entrar en el juego de McCarthy. Como consecuencia de esta negativa fueron condenados por desacato y sufrieron diversos castigos.
Trumbo pasó 11 meses en prisión y se convirtió en un paria, socialmente marginado y económicamente arruinado porque al figurar en la lista negra del cine nadie quería contratarle. No obstante, exiliado en México, se las apañó para seguir escribiendo guiones sin descanso. Eso sí, como tuvo que firmar bajo seudónimos (llegó a emplear hasta 13 diferentes) para venderlos, cuando dos de ellos (Vacaciones en Roma y El Bravo) ganaron sendos Oscar, no pudo ir a recoger las estatuillas. Su ostracismo acabó en 1960 cuando Otto Preminger, director de Éxodo y Kirk Douglas, protagonista y productor de Espartaco, decidieron ignorar la lista negra y se empeñaron en trabajar con sus guiones. Guiones que, por cierto, se convirtieron en éxitos de taquilla.
Este biopic de un personaje que reconozco que desconocía totalmente no nos cuenta la historia del protagonista desde su infancia, sino que arranca en 1947, cuando Trumbo está en el punto álgido de su carrera siendo el más célebre de toda la industria pero todo cambia de un día para otro cuando comienza la paranoia anticomunista. Sigue al guionista hasta 1961, cuando el presidente Kennedy marca el inicio del fin de las listas negras de Hollywood. Por el camino va focalizando en aquellos hitos relevantes en la vida del guionista presentando una atractiva reconstrucción del mundo del cine de aquella época. Para esta contextualización se sirve de material documental intercalado entre las imágenes ficcionadas, lo que enriquece y dota de cierto realismo a la trama. Y aunque Bryan Cranston consigue componer un personaje bastante bien caracterizado, los secundarios (especialmente su familia) parecen estar dibujados con brocha gorda, como si únicamente estuvieran ahí para enlazar escenas.
El filme nace con un tono pesimista, sin embargo, consigue remontar hacia la mitad (cuando el protagonista encuentra la forma de seguir escribiendo y que un estudio de clase B le compre sus guiones, aunque sea bajo un seudónimo) y acaba con un final épico, de los que le gustan a Hollywood, cuando consigue el Oscar a su nombre. Con todo, Trumbo: La lista negra de Hollywood logra conmover al espectador y ponerlo del lado de un protagonista víctima del macartismo, del recorte de libertades y de la persecución de gente con ideas progresistas. Lo triste: que esto no es cosa del pasado, sino que sigue pasando hoy en día. Cierto que no hay comisiones en las que los artistas sean obligados a manifestarse políticamente, pero sí que quien lo hace, se arriesga a no ser contratado para según qué proyectos. Que se lo digan a Willy Toledo y a tantos otros que se expresaron abiertamente en contra de la Guerra de Irak.

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