TRES POEMAS TÁCTILES
LABIODENTAL
El equilibrio oral
de tu nombre
crece,
esparce su aroma
y tacto gutural
como finísima
punzada,
como frágil concierto
de uvas
y polvo,
como remembranza
del vino
y el tuétano.
Me seduce la boca
un morbo
acalambrado
en el acento;
eco de luces
y pájaros
que nos dejan.
El garabato se escurre
al contorno
– rinconcito en
la frente
que hoy me busca.
Crece el borboteo,
como ruido
jurado,
manantial,
pecho,
aguja torcida
y trigo;
Crece,
pellizco
pétalo
y
gaviota
– lengua
de
sal,
labiodental
tronando.
OSADÍA…
Golpea (una corazonada)
la mano a la otra que es caricia.
Cae una, otra besa,
roe una,
y otra se funde a brasas
en la piel que
no cede,
no vibra,
no sufre.
Abate una,
lagrima,
un silencio.
Y se despiden:
la mano que olvida.
La otra que ama.
MINERAL
Plagas de luz
te brotan
con chispazos
dulces,
de las flacas piernas
los flacos dedos
la flaca cara
tu flaco acento.
Me miras con hambre
como despertando
un nido de abejas
que se nos lazan
en caravana
y ruido.
Me miras plagada,
flaca
y a punto de morderme
con tus muslos
cruzados,
pies descalzos
y breves
al aire.
Despiertas en los sillones
figuras
que quedaran retratadas
por el peso
de tu humor,
contándome chistes
atrás
de la oreja
y quedándote
arrancable del
polvo
y otras mujeres,
pero nunca
del silencio
habitual
con que me llegas
a los músculos.
Me vibras en los cigarrillos
y a altas horas de la noche
cuando estoy solo
y tu mano
está en tu cuerpo
o en otro.
Fracturas el aire
del eco oral
en mi garganta
húmeda,
chorreando
movimientos
y agujas
en el recorrido táctil,
gutural
en la memoria
de tus selvas
y chillidos.
Creces con los minerales
de mi pecho,
yo te riego
y tú me creces
en aliento de los jugos
y caderas desabrochadas,
tú me creces con la extensión
dudosa
de las fronteras
y goteros,
en el palpito central
del beso púbico,
púbico cansado.
Punzas en mi
cabeza;
mientras me miras
en los recuentos
de cabello mañaneras,
mi ánimo siempre
anda de ti
– esperando…
– Eduardo Arrequín

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