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TRES POEMAS TÁCTILES

Apr 1, 2019
2 min read

LABIODENTAL

El equilibrio oral

de tu nombre

crece,

esparce su aroma

y tacto gutural

como finísima

punzada,

como frágil concierto

de uvas

y polvo,

como remembranza

del vino

y el tuétano.

Me seduce la boca

un morbo

acalambrado

en el acento;

eco de luces

y pájaros

que nos dejan.

El garabato se escurre

al contorno

– rinconcito en

la frente

que hoy me busca.

Crece el borboteo,

como ruido

jurado,

manantial,

pecho,

aguja torcida

y trigo;

Crece,

pellizco

pétalo

y

gaviota

– lengua

de

sal,

labiodental

tronando.


OSADÍA…

Golpea (una corazonada)

la mano a la otra que es caricia.

Cae una, otra besa,

roe una,

y otra se funde a brasas

en la piel que

no cede,

no vibra,

no sufre.

Abate una,

lagrima,

un silencio.

Y se despiden:

la mano que olvida.

La otra que ama.

MINERAL

Plagas de luz

te brotan

con chispazos

dulces,

de las flacas piernas

los flacos dedos

la flaca cara

tu flaco acento.

Me miras con hambre

como despertando

un nido de abejas

que se nos lazan

en caravana

y ruido.

Me miras plagada,

flaca

y a punto de morderme

con tus muslos

cruzados,

pies descalzos

y breves

al aire.

Despiertas en los sillones

figuras

que quedaran retratadas

por el peso

de tu humor,

contándome chistes

atrás

de la oreja

y quedándote

arrancable del

polvo

y otras mujeres,

pero nunca

del silencio

habitual

con que me llegas

a los músculos.

Me vibras en los cigarrillos

y a altas horas de la noche

cuando estoy solo

y tu mano

está en tu cuerpo

o en otro.

Fracturas el aire

del eco oral

en mi garganta

húmeda,

chorreando

movimientos

y agujas

en el recorrido táctil,

gutural

en la memoria

de tus selvas

y chillidos.

Creces con los minerales

de mi pecho,

yo te riego

y tú me creces

en aliento de los jugos

y caderas desabrochadas,

tú me creces con la extensión

dudosa

de las fronteras

y goteros,

en el palpito central

del beso púbico,

púbico cansado.

Punzas en mi

cabeza;

mientras me miras

en los recuentos

de cabello mañaneras,

mi ánimo siempre

anda de ti

– esperando…

– Eduardo Arrequín



 
 
 

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