Tomar partido
Yo tomo partido:
a favor de la alegría,
siempre en contra
de la infamia asesina.
Me niego a morir derrotado
por el yugo del tirano,
el odio disfrazado de vulgar ambición,
y también me niego
a morir aplastado por la historia.
Yo tomo partido
en esta lucha terrestre:
contra el hambre y el miedo,
la soledad y la angustia,
la carnicera podredumbre
de quienes sólo sueñan
una muerte con espinas
y sabor a fosa clandestina,
mercaderes de la ruina
que lo devoran todo
y lo destruyen todo,
esos tecnócratas
tan pulcramente vestidos con traje homicida,
seres grises que van por ahí
con las manos sucias de sangre inocente
como un par de guantes rojo carmesí
que buscan esconder
un crimen impune.
Habrá que gritar y dar la pelea,
llamar a las cosas por su nombre,
decirle asesino al asesino,
dictador al dictador,
y habrá también que levantar el puño
y salir a tomar las calles rotas
convertidas en trinchera
y llevar el alma siempre dispuesta
a darlo todo
para el bien de todos.
Si he de morir en la lucha,
¡¡que así sea!!
pero no me arrancarán nunca
la sonrisa de la cara,
las ganas de vivir
para seguir riendo junto a los míos,
borracho de amor,
con esas ganas de abarcarlo todo
y decirlo todo
y querer sin condiciones,
por la simple razón de tener
el corazón hinchado,
alado y fiestero,
un corazón como pájaro matutino
que no sabe sino cantarle
un par de plegarias al sol
antes de echarse a volar.
Vivir es aprender a jugar
el juego mortal de la supervivencia.
Y para vivir es necesario
tomar postura,
fijar el rumbo que habrán de seguir
nuestros pasos soñolientos.
Sólo las piedras
permanecen neutrales.
::.

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