Time’s Up! Party
Time’s Up, el gran éxito de Peter Sargent, fue publicado por primera vez en 1999 y desde entonces se ha convertido en uno de los juegos de mesa más populares y premiados de todos los tiempos. Y no me extraña, porque tiene unas normas sencillas, es un juego que se puede llevar de viaje o a casa ajena porque apenas ocupa y genera anécdotas muy divertidas.
Hay varias versiones del Time’s up pero la dinámica en todas ellas es la misma. Lo único que cambia son los personajes, que pueden ser celebridades, personajes de diferentes ámbitos de la cultura, académicos o que conozca toda la familia. En vez de publicar diferentes expansiones, la editorial lanza un nuevo juego cada cierto tiempo con un nuevo color y nombres actualizados. Hay versión adulta, que es la original, pero también hay infantil e incluso familiar para esas reuniones en que se juntan varias generaciones. También sacaron una temática de Harry Potter.
Yo descubrí este juego por una amiga a principio de los 2000. Cada vez que íbamos a su casa acabábamos jugando, porque sabíamos que teníamos las risas aseguradas. Daba igual quiénes fueran los miembros de los equipos, siempre nos lo pasábamos bien. Así pues, cuando tiempo después vi que había salido la versión azul, no pude por menos que hacerme con ella.
La caja del Time’s up se compone de 220 cartas, un bloc de puntuación, un reloj de arena, una bolsa de tela, un librito con el listado de personajes y el reglamento. Todo cabe en la bolsa de tela, por lo que, como comentaba más arriba, es cómodo de transportar. No hay tablero, ni fichas, ni dados… Permite partidas de 4 a 12 jugadores y está recomendado a partir de 12 años, aunque yo creo que muchos de los personajes de esta versión ya se han quedado anticuadas para la chavalería de hoy en día.
Su mecánica es sencilla: En primer lugar se forman los equipos, preferiblemente que no sean muy numerosos (2-3 personas está bien), y se decide a qué color se va a jugar de los dos que tienen las tarjetas. Con esto claro se reparten 40 cartas entre todos los jugadores + 2 cartas más por jugador. Cada uno de los participantes tiene tiempo para revisar los nombres y decidir de qué 2 nombres se descarta y si necesita cambiar alguna tarjeta por otra nueva. Puede darse el caso de que no sepa quién es la persona o que no va a ser capaz de describírsela a sus compañeros incluso con la explicación del librito de biografías.
Cuando todo el mundo ha revisado las tarjetas, se barajan y se vuelven a agrupar en un mazo. Arranca entonces la partida, que se compone de tres rondas en las que el jugador en turno intentará que su equipo adivine el mayor número posible de personajes en tan solo 30 segundos. La complicación surge a medida que se avanza en las rondas.
En la primera de ellas se puede describir al personaje. Vale casi todo, excepto usar palabras con la misma raíz o que suenen parecidas al nombre. Tampoco está permitido traducirlo a otro idioma o deletrearlo. Cuando se acierta una carta, esta se pone la mesa boca arriba y se pasa a la siguiente. Así hasta que se acabe el tiempo. Las que no se hayan tocado pasan al siguiente grupo (incluso si había una en disputa que no se ha llegado a concluir). El problema en esta fase inicial es que el jugador no puede pasar de tarjeta hasta que su equipo no acierte, por lo que tendrá que seguir dando pistas desde diferentes ángulos para que se les encienda la bombilla.
Cuando se hayan adivinado todas las cartas, se pasa a la siguiente ronda. Aunque puede darse el caso cuando hay muchos grupos de que se acabe el mazo y no queden cartas para adivinar en primera fase para todos los equipos, igualmente se pasará a la segunda.
En esta segunda ronda la cosa se complica. Tras barajar las cartas se sigue la misma mecánica que en la primera ronda, solo que ahora solo se podrá decir una palabra para que adivinen el personaje. En principio puede parecer sencillo, porque se ha hecho una fase con todos los nombres. Sin embargo, a veces lo primero que se te viene a la mente es si es actor, cantante, periodista, tonadillera, tenista… y no caes en que puede haber varios que cumplen ese criterio. Y en este caso los compañeros solo pueden dar una solución siendo la única respuesta válida la primera. Lo bueno es que en caso de no saber qué palabra utilizar, se puede pasar a la siguiente tarjeta (metiendo la descartada al fondo del mazo) para no perder tiempo titubeando.
De nuevo, cuando se hayan adivinado todas las cartas, se cambia de fase barajando de nuevo antes de colocar el mazo ante el jugador que esté en turno.
Finalmente, en la tercera ronda solo se puede usar la mímica y sonidos como onomatopeyas o tarareos. Sin duda aquí habrá risas y caras propias de memes. Es la parte más divertida del juego. De nuevo, se podrá pasar de personaje si no se sabe cómo interpretarlo, y el equipo solo tendrá una única oportunidad para acertar.
Tras las tres fases, ganará el equipo que sume en total el mayor número de puntos. En caso de empate, se comparte la victoria.
Time’s up es uno de mis juegos favoritos ya que con muy poco (unas tarjetas con nombre y un reloj) proporciona mucha diversión. Deja momentos memorables en los que acabas asociando conceptos ocurrentes a los personajes del juego. Aunque he de reconocer que funciona mucho mejor cuando los participantes se conocen bien y tienen bromas internas, ya que es más fácil hacer referencias con una palabra o en la mímica si sabes que la otra persona capta por dónde vas.
Las partidas suelen durar unos 40-50 minutos y dejan con ganas de más. El problema es que cuando se juegan varias partidas seguidas se acaban mezclando personajes, con lo que es mejor dosificiar. Hay mil juegos de mesa para alternar más allá de los clásicos como el Trivial, el Party o el Monopoly.

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