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Texto de Kant

Mar 20, 2025
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KANT, Crítica de la Razón Pura, prólogo segunda edición, Traducción de Pedro Ribas. Madrid: Taurus, 2005, pp. 14-16.

“La metafísica, conocimiento especulativo de la razón, completamente aislado, que se levanta enteramente por encima de lo que enseña la experiencia, con meros conceptos (no aplicándolos a la intuición, como hacen las matemáticas), donde, por tanto, la razón ha de ser discípula de sí misma, no ha tenido hasta ahora la suerte de poder tomar el camino seguro de la ciencia. Y ello a pesar de ser más antigua que todas las demásy de que seguiría existiendo aunque éstas desaparecieran totalmente en el abismo de una barbarie que lo aniquilara todo. Efectivamente, en la metafísica la razón se atasca continuamente, incluso cuando, hallándose frente a leyes que la experiencia más ordinaria confirma, ella se empeña en conocerlas a priori. Incontables veces hay que volver atrás en la metafísica, ya que se advierte que el camino no conduce a donde se quiere ir. Por lo que toca a la unanimidad de lo que sus partidarios afirman, está aún tan lejos de ser un hecho, que más bien es un campo de batalla realmente destinado, al parecer, a ejercitar las fuerzas propias en un combate donde ninguno de los contendientes ha logrado jamás conquistar el más pequeño terreno ni fundar sobre su victoria una posesión duradera. No hay, pues, duda de que su modo de proceder ha consistido, hasta la fecha, en un mero andar a tientas y, lo que es peor, a base de simples conceptos.

¿A qué se debe entonces que la metafísica no haya encontrado todavía el camino seguro de la ciencia? ¿Es acaso imposible? ¿Por qué, pues, la naturaleza ha castigado nuestra razón con el afán incansable de perseguir este camino como una de sus cuestiones más importantes? Más todavía: ¡qué pocos motivos tenemos para confiar en la razón si, ante uno de los campos más importantes de nuestro anhelo de saber, no sólo nos abandona, sino que nos entretiene con pretextos vanos y, al final, nos engaña! Quizá simplemente hemos errado dicho camino hasta hoy. Sí es así ¿qué indicios nos harán esperar que, en una renovada búsqueda, seremos más afortunados que otros que nos precedieron?

Me parece que los ejemplos de la matemática y de la ciencia natural, las cuales se han convertido en lo que son ahora gracias a una revolución repentinamente producida, sonlo suficientemente notables como para hacer reflexionar sobre el aspecto esencial de un cambio de método que tan buenos resultados ha proporcionado en ambas ciencias, así como también para imitarlas, al menos a título de ensayo, dentro de lo que permite su analogía, en cuanto conocimientos de razón, con la metafísica. Se ha supuesto hasta ahora que todo nuestro conocer debe regirse por los objetos. Sin embargo, todos los intentos realizados bajo tal supuesto con vistas a establecer a priori, mediante conceptos, algo sobre dichos objetos algo que ampliara nuestro conocimiento desembocaban en el fracaso. Intentemos, pues, por una vez, si no adelantaremos más en las tareas de la metafísica suponiendo que los objetos deben conformarse a nuestro conocimiento, cosa que concuerda ya mejor con la deseada posibilidad de un conocimiento a priori de dichos objetos, un conocimiento que pretende establecer algo sobre éstos antes de que nos sean dados. Ocurre aquí como con los primeros pensamientos de Copérnico. Éste, viendo que no conseguía explicar los movimientos celestes si aceptaba que todo el ejército de estrellas giraba alrededor del espectador, probó si no obtendría mejores resultados haciendo girar al espectador y dejando las estrellas en reposo. En la metafísica se puede hacer el mismo ensayo, en lo que atañe a la intuición de los objetos. Si la intuición tuviera que regirse por la naturaleza de los objetos, no veo cómo podría conocerse algo a priori sobre esa naturaleza. Si, en cambio, es el objeto (en cuanto objeto de los sentidos) el que se rige por la naturaleza de nuestra facultad de intuición, puedo representarme fácilmente tal posibilidad. Ahora bien, como no puedo pararme en estas intuiciones, si se las quiere convertir en conocimientos, sino que debo referirlas a algo como objeto suyo y determinar éste mediante las mismas, puedo suponer una de estas dos cosas: o bien los conceptos por medio de los cuales efectuó esta determinación se rigen también por el objeto, y entonces me encuentro, una vez más, con el mismo embarazo sobre la manera de saber de él algo a priori o bien supongo que los objetos o, lo que es lo mismo, la experiencia, única fuente de su conocimiento (en cuanto objetos dados), se rige por tales conceptos.

EXAMEN DE KANT

1) Análisis del fragmento anterior de acuerdo al siguiente guión (2 puntos).

  • identificación del problema filosófico planteado en el fragmento;

  • exposición de la tesis o las tesis que el autor o autora sostiene en él y los argumentos e ideas que emplea en su justificación;

  • identificación de la problemática en el conjunto de la filosofía de su autor o autora;

  • aclaración del sentido de un término o frase subrayada en el texto.

2) Desarrollo del contenido temático vinculado al texto analizado (3 puntos), de acuerdo al siguiente guión. Tema 5.2. Ilustración y filosofía. Kant: Teoría del conocimiento.

  • 5.2.1. Síntesis de racionalismo y empirismo en Kant.

  • 5.2.2. El problema básico de la KRV (“crítica”, “razón pura”).

  • 5.2.3. Condiciones de posibilidad de toda ciencia (juicios y juicios sintéticos a priori).

  • 5.2.4. El “giro copernicano”: sensibilidad e inteligencia.

  • 5.2.5. Metafísica e “ilusión transcendental”. Ideas de la razón pura.

3) Relación de la filosofía de Kant con otra posición filosófica de cualquier época histórica (2 puntos). 4) Cinco preguntas breves de respuesta inequívoca referidas a cualesquiera de los textos del programa (1,5 puntos). 5) Una breve disertación (250 palabras) sobre la actualidad de las ideas contenidas en el texto analizado en la pregunta 1 o en la teoría de Kant (1,5 puntos).

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1/ El problema filosófico planteado en el fragmento es la falta de un camino seguro para la metafísica como ciencia. Kant señala que, a pesar de su antigüedad y de su importancia dentro del conocimiento humano, la metafísica no ha logrado establecer un fundamento firme como las matemáticas o la ciencia natural. La razón, al emplear meros conceptos sin aplicarlos a la intuición, se encuentra en un constante retroceso y conflicto interno, lo que hace que la metafísica permanezca en un estado de incertidumbre.

La tesis principal que sostiene Kant en el fragmento es que la metafísica ha fracasado en su intento de establecerse como una ciencia porque ha seguido un método inadecuado. Hasta ahora, se ha supuesto que el conocimiento debe regirse por los objetos, lo que ha conducido a constantes fracasos. Kant propone que, en cambio, se adopte un cambio de perspectiva similar al que propuso Copérnico en astronomía: en lugar de suponer que el conocimiento se ajusta a los objetos, se debe considerar que los objetos de la experiencia se ajustan a nuestra facultad cognitiva. Este giro copernicano en la filosofía permitiría establecer conocimientos a priori de manera fundamentada.

Dentro de la filosofía kantiana, este fragmento se inserta en el contexto de la Teoría del Conocimiento de Kant expuesta en su “Crítica de la razón pura”. Kant busca establecer los límites y posibilidades del conocimiento humano, distinguiendo entre fenómenos y noúmenos. La propuesta de que los objetos se ajustan a la estructura de nuestro conocimiento es clave para la teoría trascendental, que pretende dar un fundamento seguro a la metafísica, permitiendo un conocimiento a priori válido dentro de los límites de la experiencia posible.

2/ El fragmento pertenece al prefacio de la “Crítica de la Razón Pura” de Immanuel Kant, donde plantea el problema fundamental de la metafísica: su incapacidad para constituirse como ciencia rigurosa. A diferencia de la matemática y las ciencias naturales, la metafísica ha sido un “campo de batalla” sin avances sustanciales, donde la razón se encuentra continuamente “atascada”.

Kant sostiene una tesis revolucionaria: el fracaso de la metafísica tradicional radica en suponer que “nuestro conocer debe regirse por los objetos”. Su propuesta, que denomina “revolución copernicana”, invierte esta relación: “los objetos deben conformarse a nuestro conocimiento”. Argumenta estableciendo una analogía con Copérnico, quien, ante las dificultades para explicar los movimientos celestes desde una perspectiva geocéntrica, propuso una revolución que situaba al Sol, y no a la Tierra, en el centro. Similar a este giro astronómico, Kant propone que nuestra facultad cognoscitiva no se adapta pasivamente a los objetos, sino que estos se someten a las condiciones a priori de nuestra sensibilidad e intelecto. Esto explicaría la posibilidad del conocimiento a priori: si los objetos (en cuanto fenómenos) se conforman a nuestra estructura cognitiva, entonces podemos conocer algo de ellos antes de la experiencia.

Esta tesis se inserta en el núcleo del proyecto crítico kantiano: establecer los límites y posibilidades del conocimiento humano. Kant busca determinar cómo es posible la metafísica como ciencia, salvando el conocimiento a priori mientras evita el dogmatismo racionalista y el escepticismo empirista, mediante un análisis de las condiciones trascendentales del conocimiento.

 
 
 

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