“Terrorismo de Estado”. Militares violan Derechos Humanos de policía en Pando.
Mirtha Sosa Chalar, quien dirigía a la Policía en Porvenir, cuenta —con lágrimas de dolor y bronca— el horror, los insultos y las amenazas que sufrió en el confinamiento.

Revela que tras un motín policial en Cobija, al llegar a La Paz fue trasladada al hospital policial Virgen de Copacabana.
¿Cómo la arrestaron? Yo dormía. El pueblo estaba tranquilo (habla de la noche del domingo 15 de septiembre). Me entré a descansar, estaba sola en la posta policial. Más o menos a las 3.00 (del lunes) sentí que pateaban la puerta.
¿Y se acercó a la puerta? Pensé que eran camaradas que venían para ocupar la celda, por algún caso. Nunca me imaginé que eran los militares.
Cuando abrí la puerta, ahí nomás me tiraron al piso, y empezaron a golpearme el cuerpo, me pateaban sin piedad. Intenté levantarme, les decía que estaban equivocados, me identifiqué. Pero nada.
Y respondieron: ´¡Paca de mierda, te voy a violar, con vos es que quiero desgraciada!, ¡matadora de gente, paca de mierda!´, así, de esa manera insultaban.
(Mientras relata lo sucedido, la voz se le corta, sus ojos se llenan de lágrimas, las manos le tiemblan. Entonces sigue)
No era por un asunto político, era a mí, y me atacaban como policía, ellos sabían que lo era. De ahí, me empezaron a golpear en el piso. No podía ver quiénes eran. Cogieron mi ropa, tiraron mis uniformes, los pisaban, por el hecho solamente de ser policía. Uno me tomaba de los cabellos y me tiraba al piso, otro me sonaba para evitar que me levantara. Apenas pude alzar mis zapatos, otra vez me golpearon, me amarraron las manos, ni me dejaron ponérmelos. ´¡Cállese, paca de mierda!, ¡los policías son unos pícaros, unos ladrones, corruptos!´. Preferí el silencio, me dieron culatazos en la barriga.
(Detiene su relato, y con un gesto de dolor y de bronca dirige su mano derecha hacia el estómago).
Cuando yo llegué acá, orinaba sangre en la clínica (Virgen de Copacabana). Tengo certificado del médico forense de lo que me han hecho. Me golpearon, me hablaron groserías, soy una mujer de 49 años…
(Para, llora con desesperación y la bronca la invade).
Me han estropeado, me han humillado, que si no me tiraban, porque ellos estaban arrechos. Muchos me dijeron ´callate Mirtha´, pero yo hablo, y hablo porque ya no puedo más. Todo lo que me hicieron lo siento en carne propia, no puedo dormir en las noches. Me duele, tenía miedo de ir al baño, no había una mujer para que me acompañe. Era la única, tenía miedo de ir, porque tenía miedo de ser violada en los baños. Sólo cuando un oficial del oriente habló, a él le pedí que quería ir al baño. Rogué que se desamarre, le dije que dolía. No quiso. No podía ni hablar…
¿Dónde la llevaron? Me detuvieron y me tiraron como si fuera un costal de papas en un camión, encima de otra gente. Esas personas estaban vivas. Me quedé torcida. Me amarraron una polera en la cara, mis pies atados, adolorida, me faltaba aire. Pedí que me soltaran un poco por lo menos por mi condición de mujer. Y repetían: ´¡Cállese, paca de mierda!, ¡los odiamos a los pacos!´. Se expresaban solamente porque soy policía, nada más, no porque mi marido es consejero. Los militares me maltrataron porque soy policía.
Pregunté por qué me confinaron, eso nadie me responde, ni mis comandantes. ¿Por qué me confinaron?, ¿por cumplir con mi obligación?, ¿por informarle al coronel Silvio Magarzo, comandante en Pando?… 31 años de servicio en Cobija y he cumplido, todo el mundo me conoce en Cobija quién soy.
¿Dónde la llevaron? En ese vehículo andamos por lugares fangosos, no era asfalto. Disparaban, sonaban sus balas, no sabemos dónde estábamos. Estábamos todos con los rostros tapados. Sería las seis de la mañana, supe que estaba en el aeropuerto. No paraba de llorar. Vi que metieron más gente después. Habilitaron una especie de celda. El piso tenía plastoformo y sonaba. Entonces nos decían: ´Sigan moviéndose y los matamos. Vamos a gasificarlos´. Cargaban las armas, eso me retumba en la mente. Sonó el celular de un señor que estaba a mi lado y lo curtieron a patadas. Sentí cómo lo pateaban. Luego nos fotografiaron, estábamos amordazados. Éramos 11.
¿Cómo los trajeron? A las 18.30, más o menos, nos trajeron. Pero la espera fue larga. Los oficiales hablaban: ´Estoy arrecho, me la tiraría a esta paca de mierda…´. Ni un poco de respeto. Y en el avión, cuando veníamos a La Paz, eso era desesperante. Nos decían que nos iban a echar en pleno vuelo. Ay Dios mío, yo pensaba en mi familia, pensaba que no iba a salir con vida.
Fue terrible, realmente no se lo deseo a nadie.
¿Al llegar la soltaron? Cuando llegamos a El Alto me subieron a un camión, seguro era del Ejército. Tiempo después escuché que alguien me llamó. Me paré y un militar me hizo sentar a golpes. Pero pasó un tiempo y un teniente (de Policía) me sacó, y me llevaron a la clínica policial. Después me enteré de que hubo un motín en Cobija, cuando se enteraron que me habían detenido.
¿Qué le dijeron los médicos? Primero me dijeron que estaba mal de los nervios, hasta el día que me asusté cuando oriné sangre. Le mostré al doctor y me dijo que iba a hacerme una ecografía. Nunca lo hicieron, me dieron de alta y salí.
Encima, ahora dicen que tengo un proceso en la Policía. No lo puedo creer. ¡Usted, mi general (se dirige a Miguel Gemio, comandante de la Policía), debería velar por nosotros!, ¡no es justo!, ¿qué hizo usted?, ¿por qué me desamparó?, ¡nada hizo por mí! Si mis camaradas no se amotinaban, no me hubiesen sacado de ahí. Hubo un motín y eso fue lo que me salvó.
Articulo 1
EL GUERRILLERO DE UNASUR
Por: Emilio Martínez
El curioso curriculum de Rodolfo Matarollo, presidente de la comisión investigadora de UNASUR enviada al departamento de Pando, abre legítimas dudas sobre la seriedad e imparcialidad del informe que pueda generar esa misión.
A comienzos de los años ´70 Matarollo integró en Argentina el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una banda terrorista que provocó decenas de muertes violentas. El ERP fue el brazo armado del trotskista Partido Revolucionario de los Trabajadores y tenía como objetivo lograr, mediante la lucha armada, la toma del poder para hacer la revolución socialista en el país y extenderla al resto de América Latina. El texto de cabecera de estos guerrilleros, titulado El único camino hacia el poder obrero y el socialismo y apodado El librito rojo, indicaba como primer punto “el carácter continental de la revolución”.
El ERP se planteaba la estrategia de la “guerra popular prolongada”, basada en la experiencia del Vietcong. La mayoría de sus operaciones consistieron en el asalto a guarniciones policiales y militares para robar armamento, como en el caso del ataque a cuarteles del 19 de enero de 1974, en pleno gobierno democrático del general Perón. En esa oportunidad los erpianos asesinaron al soldado Daniel González, al coronel Camilo Gay y a su esposa. Este último crimen fue cometido ante los ojos de los pequeños hijos de la pareja, a quienes mantenían como rehenes. En esa acción también secuestraron al teniente coronel Jorge Ibarzábal, asesinado después de diez meses de cautiverio.
Para el cometido de “continentalizar la revolución” el ERP formó la Junta de Coordinación Revolucionaria, conocida como “el Plan Cóndor del terrorismo”, también integrada por el Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) de Uruguay, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia, entonces liderado por el hoy concejal masista Oswaldo “Chato” Peredo.
Rodolfo Matarollo reaparece bajo las órdenes de esta Junta de Coordinación Revolucionaria, para la cual organizó una estructura paralela dedicada a la defensa jurídica de los guerrilleros. En los años ´80, el retorno a la democracia en Argentina encontró a Matarollo en la misma vía radical. Como consta en la página 49 de las memorias del ex-erpiano Enrique Gorriarán Merlo, en 1986 tuvo lugar una reunión de 50 personas en Managua, entre las que se encontraba Rodolfo Matarollo, donde se decidió la formación de una nueva organización terrorista, el Movimiento Todos Por la Patria.
En 1989 y nuevamente en pleno gobierno democrático, esta vez de Raúl Alfonsín, el Movimiento Todos Por la Patria relanzó la estrategia de asalto a cuarteles, atacando el regimiento de infantería de La Tablada, operativo que tuvo un desenlace sangriento.
Como la memoria colectiva es corta, a comienzos del siglo XXI Rodolfo Matarollo logró reciclarse como funcionario del gobierno de Néstor Kirchner, ocupando la Subsecretaría de Derechos Humanos. Una de las notas más destacadas de su gestión fue la firma de un acuerdo de cooperación con el Ministerio de Justicia de Cuba, país cuyo gobierno no se caracteriza precisamente por el respeto a los derechos fundamentales.
El 30 de abril de 2007 el nuevo líder de la “revolución continental”, Hugo Chávez, presidió en Buenos Aires un multitudinario mitin antiimperialista realizado en la cancha de Ferro. Como no podía ser de otra forma, Rodolfo Matarollo estaba entre los asistentes.
Vistos los antecedentes extremistas del guerrillero de UNASUR, lo que menos podemos esperar de su informe es verdad y justicia. Nos preguntamos si Matarollo volverá a cantar en Pando la marcha que solía entonar en sus tiempos del ERP: “Por la Patria Socialista/como consigna final/la etapa capitalista/para siempre morirá”.

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