Sueño de sangre
Amanecí con la sangre del sueño en la boca y la sal de los recuerdos detrás de mis ojos, como un hemorrágico y errático vuelo de pájaros y lobos marinos.
Ondea en mi alma la rebelión de la sangre que se pliega en las sábanas: la noche es un pañuelo que palpita en cada estrella, el híspido preludio de mi hora incauta bañada en mirra, azogue y copal, y mis ganas de ti dispersas en mi alcoba, en las cavidades del alma, un silencio abierto como una herida que se escurre y se filtra en el suelo.
En tus ojos existe un misterio aún por descubrir, aún por resolver, aún por conquistar.
Por eso he de zambullirme en el invisible velo de tu secreta melancolía para saciar mi curiosidad de ti, mis ganas de descubrirte y maravillarme como quien se ha quedado varado para siempre en la música de tu piel.
Si fueras a llorar el mundo ¿qué quedaría? ¿quién viviría?
Que dure lo que tenga que durar esta febril convalecencia de silencios y oscuridades, este efímero y breve transcurrir de tu boca resuelta y sus besos manchados de tinta.
En esta luna roja nunca escampa tu mirada, sólo me acuerdo que merodeabas en mi sueño como la rosada luz de la aurora y sus pasos abovedados llenos de fiebre resonando en las escaleras, en la hebra del tiempo aletargado respirando la eternidad en el fugaz y victimario encuentro de nuestras soledades a la deriva. ::.

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