Sueño-carretera
Llenemos el tiempo con versos aire que se desprendende mis ojos desdentados,respirando ensoñacionesentre la hierba secaque aromó la carretera,escucha el ligero acentodel acordeón,alguna cumbia azabacheresonando en el navío,mientras la nopalera duermedetrás de los durmientesy la vida se humedeceentre las espinas,el calor y la sequía,mientras los sedientos matorralessiguen esperandoalguna señal de lluviay el medio día se acuestaen el páramoy los huizaches cantana las frutasy los arroyuelosson como niños naciendoentre los magueyesy la imaginación fermentadaes un líquido blanco como el pulquey el burrito ebrio de alegríaretozaba lejos del ruidoque hace retumbar los huesos,el cansancio y la soledad…
Sé valiente, déjate ir entre el humo, derriba las paredes que nos aíslan, devórate los libros que nos hinchan el corazón, deja que el viento de la carretera juegue con tu pelo, adéntrate en la selva, escribe en las piedras cómo fue que ocurrió el principio del cosmos, siéntate solecito a escuchar el coro nocturno de las ranas, siéntate a ver al tlacuache comiendo su lechuga, siéntate a ver cómo se tuerce el hilo de la realidad con mentiras llenas de verdades, porque las palabras son un rastrillo capaz de afeitar la realidad, desplumarla, triturarla con el resplandor de los molinos que tiran de las palabras como una calandria con muertos disfrazados de flores, como duendes sonrientes haciendo travesuras entre las cactáceas, trepando escaleras de agua que se forman con la lluvia, la niebla esconde la risa de los pájaros en lo alto de la serranía, pues las aves saben bien que expresarse es la cura de toda enfermedad y amar es recrear la saciedad del mundo.
Hay que cruzar el túnel que arrastra el polvo de una dimensión a otra, polvo que va y viene desde un diáfano día hasta la aciaga noche, es el comienzo del mundo que se renueva cada primavera con un rumor de pájaros y nubes ambulantes, es un desierto de terciopelo apenas cobijado por el azul del cielo y la calma transparente del camaleón, la ronda celeste donde vuela el águila vigía en su dorada plegaria solar, son los cascos de los caballos resonando entre las piedras y la arcilla resquebrajada entre el tiempo molido por el hambre, son familias de palmeras en pleno día de campo, es el alma entreabierta en el aullido de la sangre, un par de manos lastimadas desenterrando un silencio de cantera, un atardecer de luna, como la orografía de una mujer desnuda desnudando la belleza del alba entre un racimo de huracanes, ventolera de amores sumergidos bajo el agua, cómete mi corazón a mordidas como un rojo xoconostle, cántale una canción a los arbustos mientras danzan en el desierto.
Una colosal serpiente de hierro va avanzando entre las vías, en la fiebre de los sueños rotos, la guerra florida que libran todos los hombres contra sí mismos, las flores cantan, el alma vuela, el amor a todas las cosas es presagio de una muerte risueña. ::.

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