Suelo ser crepuscular cuando te pienso
Suelo ser crepuscular cuando te pienso y camino por el mundo mirando el suelo, inventando el próximo reencuentro en esta crónica de amores improbables.
Y me da por ser desobediente cuando me propongo olvidarte. y dejarte amordazada bajo la cama, a ti, mi proveedora de tristezas.
No existe refugio para el frío de la soledad y el ardor de una querencia: así es como nacen los tifones, entre el sollozo de un glaciar y la lumbre solar del trópico.
Cuánta sangre habrá de derramarse para este mi amor sin amnistía, cuánta sangre habrá de demorarse en la anuencia muda de tu boca y el acento homicida de tus manos impías.
La mía es la suerte de los desmemoriados, querer es abandonarse a la oscuridad del acantilado, es vaciarse por dentro, incendiarse y mutilarse, es desvestir a la muerte en una mirada.
Seguirás siendo un ruido triste en el alcantarillado de mis sueños.
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