Sucre

A seis meses de las muertes de “Noviembre Negro”, Sucre volvió a vivir una jornada de violencia debido a enfrentamientos entre ciudadanos con uniformados y campesinos, que buscaban garantizar la llegada del presidente Evo Morales a un acto en el estadio Patria.
El conflicto se extendió durante seis horas y dejó más de 50 heridos, para luego derivar en agresiones y humillaciones a campesinos que, ahora, bloquean el camino a Tarabuco como medida de protesta.
La chispa, encendida la noche anterior con una enardecida vigilia, volvió a encenderse cuando militares y policías intentaron recobrar el control de la zona del estadio Patria.
El lugar estaba cercado por chuquisaqueños que juraron no dejar al Presidente pisar Sucre sin “pedir perdón” y responsabilizarse por los tres caídos en Noviembre Negro. Cumplieron su promesa. A fuerza de piedras, cachorros de dinamita y petardos, lograron echar del lugar a policías y militares, los segundos obligados a replegarse del lugar de manera humillante, en medio de una lluvia de piedras y ruegos de dirigentes del Comité Interinstitucional para frenar las agresiones.
En los conflictos no se vieron sólo a universitarios, sino que los padres de familia y sus hermanos menores los acompañaron en las calles, proveyéndoles barbijos, vinagre, bicarbonato y agua. Del otro lado, estaba la Policía, que aún conserva los “traumas” de cuando sus efectivos huyeron de la ciudad; por ello, quizá, se negó a utilizar gases para reprimir a los ciudadanos. Fue así que el Gobierno recurrió a los militares para tratar de despejar el estadio. Ellos fueron los que gasificaron y causaron más tensión, ya que la población temía el uso de armas de fuego. Pero el pertrecho les duró sólo 90 minutos y luego tuvieron que huir con ayuda de autoridades y cívicos. La improvisación fue tal que una parte de la tropa tuvo que retirarse a pie, y el resto en volquetas. Incluso no tenían ambulancias, y sus heridos tuvieron que ser auxiliados por civiles movilizados, que se compadecieron de ellos y los subieron a taxis para que sean evacuados a hospitales.
Cuando el Gobierno se dio cuenta de que no podría llegar a Sucre, ya el conflicto había migrado del estadio hacia el primer puente de salida al aeropuerto. Ahí estaba apostado un grupo de indígenas, que logró repeler a la avanzada de los jóvenes a fuerza de pedradas, pero luego fueron superados en número y obligados a huir.
Sin policías ni militares, los más violentos, racistas y delincuentes trataron de adueñarse de la situación. Hubo robos, golpizas e insultos, pero también gente que los contuvo y evitó muertos. “No actuemos como ellos compañeros, sin pegarles”, gritaban, cuando tomaban algún rehén. Pronto el conflicto estalló en la zona de Santa Bárbara y después se focalizó en El Abra, en las afueras de la ciudad, donde campesinos y citadinos intercambiaron piedras y gases. En La Paz, el ministro de Gobierno, Alfredo Rada, anunció la denuncia de las agresiones y acusó a la alcaldesa, Aydeé Nava, de organizar grupos de choque para impedir la presencia del mandatario. Nava calificó la acusación como “una vil calumnia” y aclaró que acudió al estadio para tratar de calmar los ánimos.
En el mismo tono, el ministro de Defensa, Wálker San Miguel, pidió a la candidata prefectural Savina Cuellar pronunciarse sobre la agresión a los campesinos. Otros pronunciamientos se escucharon tras lo sucedido en Sucre, entre ellos, el de Waldo Albarracín, Defensor del Pueblo, que lamentó la violencia y pidió unidad entre líderes nacionales y regionales.
CINCUENTA HERIDOS, TRES DE ELLOS GRAVES La jornada de enfrentamientos en Sucre dejó unas 50 personas heridas que fueron evacuadas para su atención a los hospitales Universitario (UNI) y Santa Bárbara. El médico de turno del UNI, Gustavo Hevia, dijo que atendió a 21 pacientes, la mayoría de ellos provenientes del área rural, excepto un universitario y un oficial del Ejército.
Hevia informó que los heridos comenzaron a llegar a partir de las 9:00 y el último fue atendido a las 15:00. Hasta el final del día, solamente quedaban dos pacientes internados, entre ellos el oficial de ejército del Regimiento II de Infantería Sucre, Juan Carlos Arévalo, con politraumatismo en la columna vertebral, y la senadora Tomasa
Yarhui, por intoxicación con granadas de gas lacrimógeno.

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