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Stieg Larsson: El hombre que jugó con fuego

Nov 11, 2020
7 min read

Ya he repetido en muchas ocasiones lo que me gustó la saga Millenium, publicada como trilogía tras la muerte de su autor Stieg Larsson y continuada por David Lagercrantz con otras tres novelas más. Así pues, cuando me enteré de que había un documental sobre Larsson, me picó la curiosidad.

Henrik Georgsson documental Stieg Larsson

Titulado Stieg Larsson: El hombre que jugó con fuego, su nombre en sueco Mannen som lekte med elden hace una clara referencia a su segunda novela (La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina): Flickan som lekte med elden. Sin embargo, aunque esta miniserie documental de cuatro episodios arranca con una presentación del autor como el escritor de aquel fenómeno editorial, este aspecto pasa enseguida a un segundo planoy recorre la vida y carrera profesional de Larsson profundizando sobre todo en su lucha contra la extrema derecha y los neonazis. Y es que se dejó la vida (literalmente, pues vivía por y para trabajar) investigando, persiguiendo, destapando e informando sobre el auge del fascismo en su país.

Esta vocación antifascista parece que le viene de su infancia, cuando vivió en la granja de sus abuelos. Allí escuchaba durante horas a los leñadores discutir sobre política. De hecho, su propio abuelo era un gran defensor de los derechos democráticos y vivía preocupado por el avance nazi por Europa. Quienes conocieron a Larsson de crío cuentan que era un “niño que nació viejo”, siempre serio y con algún libro o cuaderno (por aquel entonces comenzó a escribir) en sus manos.

Dirigido por Henrik Georgsson (Bron/Broen o Wallander) el documental se sirve de testimonios de personas cercanas al autor (como su pareja Eva Gabrielsson, su padre Erland Larsson o colegas de profesión), de imágenes de archivo y de escenas dramatizadas para componer un repaso a la evolución de la ultraderecha en Suecia. Un recorrido que bien se podría extrapolar a buena parte de los países de Europa.

En los años 70, cuando todo el mundo pensaba que en Suecia no había nazis, Larsson se empeñó en demostrar que no era un fenómeno tan residual y comenzó a perseguir y destapar a los grupúsculos de extrema derecha que operaban en la clandestinidad estableciendo conexiones entre estos y otros de fuera de sus fronteras. Llegó incluso a adherirse con nombre falso a la organización neonazi Nordic Realm Party para poder recibir sus publicaciones. De sus investigaciones nació el principal archivo sobre ultras de Escandinavia. Tan nutrido era que ha sido utilizado durante años por periodistas e historiadores como una enciclopedia.

Durante la década de los 80 Larsson se implicó en política y participó en la fundación del proyecto Stop the Racism. En su afán por destapar a los nazis, acudía con su cámara a cualquier acto o reunión que estos realizaran e intentaba documentarlo todo: escenografía, simbología, participantes… Y es que si en los 70 actuaban en clandestinidad, en los 80 empezaron a sentir cierta impunidad y salieron a la luz numerosos grupos xenófobos. Por aquel entonces nació por ejemplo la organización Keep Sweden Swedish.

Pero el punto de inflexión para la historia de Suecia (y para la vida del autor) fue 1986, cuando el primer ministro Olof Palme fue tiroteado a quemarropa en las calles de Estocolmo cuando paseaba con su mujer. El asesinato conmocionó a la población y se convirtió en la obsesión de Larsson, quien pronto comenzó a realizar sus propias investigaciones. Tirando de los hilos consiguió conectar a la extrema derecha sueca con los servicios secretos sudafricanos (los mandatos de Palme estuvieron muy marcados por una fuerte política exterior que giraba en torno al respeto de los derechos humanos y financió la lucha contra el Appartheid) y La Liga Mundial Anticomunista (una organización con mucho dinero que servía de paraguas para asociaciones terroristas fascistas de todo el mundo). El escritor murió sin resolver el crimen, aunque le entregó a la policía 15 cajas llenas de documentación. El 10 de junio de este año la fiscalía sueca dio por resuelto el caso, aunque ni se ha encontrado el arma ni nuevas pruebas forenses. El supuesto culpable no será juzgado, pues se suicidó en el año 2000.

En 1991 Larsson coescribió con la periodista Anna-Lenna Lodenius, el libro Extremhögern (Extrema derecha), el primer documento que ofrecía una visión completa del movimiento ultraderechista en Suecia. Ambos autores recibieron amenazas por esta publicación a través de la revista nazi Storm, donde se llegaron a difundir incluso sus fotos de pasaporte y direcciones.

Los 90 habían arrancado con el país sumido en una crisis económica. El partido Demócratas de Suecia había conseguido entrar en el parlamento con un mensaje claramente xenófobo en el que culpaba al millón de refugiados soviéticos que habían llegado a Suecia huyendo de la Guerra de los Balcanes. La extrema derecha resurgió con más fuerza incendiando campos de refugiados o poniendo bombas en la Estación Central de Estocolmo y en una pizzería. Además, se hizo popular entre la juventud un movimiento musical conocido como Vikingarock, que no era otra cosa que rock fascista. Bajo la excusa del patriotismo consiguieron captar a muchos jóvenes suecos descontentos con el sistema y los partidos tradicionales. Gracias al éxito de bandas de rock vikingo como Division S, Uppsala, Vit Agression, Ultima Thule la extrema derecha encontró una forma de financiarse y de volverse influyente. Esto supuso un punto de inflexión, pues nacieron nuevos partidos y organizaciones anticomunistas y xenófobos. Algunos de ellos hasta se inspiraban en los partidos de los años 30 y copiaban los uniformes, consignas y forma de asociación o de crear comunidad. En 1995 los neonazis ya no se escondían, ese año mataron a 7 jóvenes.

Con este clima político, Larsson, que trabajaba como diseñador gráfico en la Agencia de noticias TT (Tidningarnas Telegrambyrå), fundó junto con otros jóvenes la revista antirracista y sin ánimo de lucro Expo. Una publicación que además sirvió como corresponsal de Escandinavia para su homóloga británica Searchlight. Eso sí, desde el anonimato. La revista nace para llenar un hueco antifascista y con el objetivo de destapar las redes que llevaba tejiendo desde hacía dos décadas la extrema derecha en Suecia. Expuso tanto a gente que se consideraba hasta entonces respetable como las fuentes de financiación. Esto, lógicamente, no gustó a la ultraderecha, que inició una campaña de acoso y derribo contra la publicación. No fue sin embargo algo que asustara a Larsson, quien ya estaba acostumbrado y se había convertido en todo un experto en seguridad que no se había casado ni tenía nada a su nombre para evitar que lo localizaran o que había aprendido a abrir un paquete bomba sin que le explotara. No obstante, cuando las amenazas se hicieron reales y los periodistas Peter Karlsson y Katarina Larsson sufrieron un atentado por coche bomba, muchos compañeros abandonaron la revista superados por la presión. En el documental hay quien prefiere mantenerse en las sombras pues incluso hoy en día siguen en el punto de mira. Larsson por su parte no cejó en su empeño y siguió investigando con ahínco. Y cuando la violencia siguió escalando y se multiplicaron los asesinatos a policías y sindicalistas las autoridades acabaron recurriendo a él y al trabajo que llevaba realizando durante dos décadas.

Con el nuevo siglo llega una nueva estrategia a las filas de la extrema derecha. Una vez que ya están en el parlamento, y conscientes de que la vestimenta de skinheads y otros grupos uniformados era demasiado llamativa, comienzan a vestir de traje y corbata, a dejar de raparse el pelo y a pulir su discurso para no resultar tan agresivos. No obstante, pese al cambio de retórica no dejaba de ser el mismo perro con distinto collar, y la revista Expo siguió investigándoles, hasta el punto de mandar a uno de sus reporteros como infiltrado para que documentara sus reuniones, entrevistas y estrategias.

En los últimos años de su vida, Larsson estaba obsesionado tanto con el presente como con el asesinato de Olof Palme. Para desconectar y aligerar la carga que llevaba sobre sus hombros decidió retomar la ficción. Ya de niño en casa de sus abuelos había llenado varios cuadernos (incluso le regalaron una máquina de escribir para que no gastara tanto papel) con una novela policial juvenil y otras de ciencia ficción, pero acababan en la hoguera porque no le parecían textos lo suficientemente buenos. Empezó la saga Millenium con el relato escrito en 2002 sobre un viejo que recibía todos los años unas flores. A partir de ahí aprovechó sus conocimientos sobre nazis, malversación de fondos, política… en definitiva de todo lo que había aprendido investigando a lo largo de su vida. Escribir ficción le permitió resolver los casos, algo que no podía hacer en la realidad. Aunque Mikael Blomkvist y su revista Millenium automáticamente nos lleven a pensar en Stieg Larsson y Expo, según la pareja del autor, Lisbeth Salander tiene mucho de su creador. Quizá es la justiciera que le gustaría haber sido si no hubiera tenido que atenerse a la legalidad.

Una pena que su estilo de vida (dormía poco y trabajaba mucho, comía mal, bebía toneladas de café y se fumaba dos paquetes diarios de tabaco) acabara con él cuando aún tenía mucho por aportar, no solo en su ámbito como novelista, sino como en su faceta como meticuloso e infatigable investigador. La serie documental está muy bien estructurada y, aunque le sobran las escenas de recreación, realiza un interesante recorrido no solo de su vida y su trabajo – íntimamente relacionados – , sino también de los movimientos fascistas en Suecia. Stieg Larsson: El hombre que jugó con fuego es analítica y nos insta a no dar la democracia por sentada. Como bien recoge al principio en una entrevista de 2004 del propio Larsson: “no es un don divino caído del cielo, sino algo por lo que debe luchar cada generación”. No se nos debería olvidar.


 
 
 

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