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SOLILOQUIOS

Apr 30, 2019
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I Es diciembre y el diablo está sentado a mi lado, lo sé porque anoche bajó de las cañerías, despeinado, frenético, loco y con los nervios hechos un manojo de humanos. Compartimos la mesa, tomamos whisky y se moja las yemas de los dedos. Afuera hay un desfile de putas de temporada, las calles simplonas vomitan hombrecitos en trajes de segunda clase quienes caminan de puntitas para no pisar su ingenuidad, y niños de plástico azul corren sin razón aparente. El diablo me viene bien, paga la cuenta y reímos a carcajadas, me da palmaditas en la espalda y la muchedumbre no entiende nada. El diablo no envejece. Yo, vocifero, opino, propongo, tengo frío y le digo al diablo que esta noche no duerma con dios, que no se vaya, que se quede conmigo.

II Golpea tu cerebro contra la pared, arráncate los ojos, llora todo lo que puedas, junta una cubeta de lágrimas y riega las plantas por la mañana. Al fin del verano tendrás un árbol de tristeza con ramas enormes, y entonces podrás hacer un columpio que en cada vaivén te remate con una mezcla de felicidad y desconsuelo. No descanses nunca, no cierres las puertas a la desolación, no contradigas a la displicencia, da pie a la sinrazón. Si se te acerca la muchedumbre insensible, la que no sabe del abandono, la que no sangra cuando ama, la que no está de lado de los animales que no hablan, ¡maldícelos!, vierte veneno en su infame corazón, destroza su indiferencia con un escupitajo en el

rostro perplejo de la sumisión. Evita rezar, levanta los brazos al cielo y frunce el entrecejo; vocifera, baila desnudo, no te calles, no te vayas, no pidas tiempo fuera, que para eso, hay una muchedumbre esperando afuera.

III Siento que me estoy yendo.

Compito con el minutero que tiene cuerda de acero, el que va acompasado por la muerte, vieja loca con jeta deprimente. Siento que me les voy, que ya les quedo empachado,

que mis trajes de confección pasan por alto, están harto fastidiados. Siento que me estoy muriendo, porque cada que paso por un panteón, me llega el recuerdo de mi almohada, de mi baño, de la cantina que visito a diario.

Siento que me les largo, porque tengo la piel pegada a los huesos y los sentimientos a flor del pellejo. Tengo mis ganas sin líos y mí yo sin los vicios. Siento que me les fugo,

y no lo digo por ustedes, hijos de puta malparidos, lo digo por mis dos perras, mi gata y el loquito de enfrente quien es mi único mi amigo. – Reséndiz

 
 
 

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