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Sobre el voto comunitario

Jan 30, 2009
2 min read
Por Mario Rueda Peña

Por Mario Rueda Peña

El voto ciudadano en Bolivia no es igual al de otros países que en lo económico y social no padecen la complejidad que a nosotros nos distingue. Ni en Brasil, Chile, México o Argentina, por solo citar estos casos, se dan los tipos de voto que percibimos en la marejada consultiva que remece hoy al país.

¿Cuáles? Antes de especificarlos, conviene señalar que ellos no surgen por casualidad, sino como resultado de una pronunciada diversidad étnico-cultural en una demografía en la que en cierto porcentaje –que ya no es mayoritario– la pobreza y marginación, congeladoras de usos y costumbres de la fase superior de la comunidad primitiva en que se encontraba el Collasuyo cuando era colonia del Cusco, coinciden con la pertenencia racial indígena.   Aludimos a espacios (comunidades rurales de aymaras y quechuas) donde las decisiones sobre cualquier cosa se toman en asamblea presidida por el jilakata o jefe, e invisten rigor obligatorio para todos los miembros de la comunidad. Tras la Revolución de 1952, el MNR, gracias al voto comunitario, impuso en las zonas rurales del Occidente la denominada “Democracia del Cero”, mandando a la lona electoral a todos sus adversarios políticos, con el estigma del “cero votos” en los resultados de las mesas electorales. Una muy bien estructurada conexión orgánica del MNR con las comunidades rurales, trasmutadas en “sindicatos campesinos”, le daba luz verde para presentarse como ganador con el 100% de los votos, frente a opositores que no se adjudicaban un solo sufragio.

Hoy la conexión de tipo político-partidario es entre el MAS y los descendientes de los miembros de los mandos “campesinos” de comunidades rurales de los tiempos del MNR, que de ahora en adelante serán “naciones indígenas”. Luego de un prolongado interregno (1982-2006) resurge el voto comunitario, aunque sin llegar a los excesos de antes.

No se apunta el 100% de los votos, como en los primeros gobiernos del MNR, sino porcentajes menores a esta cifra, que sólo van del 70 al 90%. Se disimula así la violación del principio de la individualidad del voto.

El voto consciente se da en los centros urbanos y en las capitales de provincia. El ciudadano acude a las urnas sin que nadie, en el trayecto, le ordene votar por una u otra opción, advertencias de por medio. Debemos reconocer que inviste igual carácter el voto de la gente de los barrios populares de las ciudades del Occidente, que efectivamente votaron a favor del gobierno, por convicción o mero arranque emocional (contra los q´aras y oligarcas). Sin la modalidad “comunitaria” del voto rural, engarzada a las irregularidades comprobadas por ciertos medios de comunicación social, el gobierno no podría adjudicarse victorias rotundas como la que hoy festeja

 
 
 

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