Sobre el poder sanador del arte

Obra de Oswaldo Guayasamin
Por azares de la vida, me topé con mis viejos poemas, de aquella época en que andaba yo en el bajón existencial hard core, esa época que en mi autobiografía lleva el nombre del Filonauta del tiempo combustible. Es curioso lo diferente que se ve todo en retrospectiva. Hoy me parece increíble verme reflejado en esos versos, que parecieran un tanto distantes al tipo que soy en la actualidad. Luego me vino el recuerdo de una declaración de Jodorowsky, cuando decía que él no aspiraba a un arte donde cada uno vomitara sus traumas, sino un arte sanador. El viejo estaba en un error, pues a final de cuentas, el poder sanador del arte reside, en buena medida, precisamente en esa posibilidad de vomitar las dolencias.
Fue así que comprendí que expresar el dolor, la ira o la tristeza en cualquier manifestación artística, es realizar un conjuro mágico, un acto alquímico capaz de convertir nuestra desgracia en algo bello. Dejar que salga y se exprese lo que llevamos dentro. El arte es también encontrar la belleza de nuestras muchas deformidades. ¡No puede existir acto más purificador y revolucionario! Convertir el dolor y la rabia en algo sublime, etéreo. ¡Qué belleza! He ahí, queridos alquimistas, la fórmula para remediar todos los dolores de la tierra y el alma.
Palabra ficcionalista. ::.

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