SINESTÉSICA, ADEMÁS DE AUTISTA. QUÉ “AFORTUNADA”.

Sucedió una tarde cuando iba rumbo a mis clases de natación. Siempre atravieso la carrilera del tren en mi invariable trayecto desde casa hasta el centro acuático. Pero esta vez fue diferente. Empecé a escuchar mis pisadas sobre el césped como si triturara con mis zapatos una montaña de hojas de lechuga. el trinar de las aves ensordecía mis oídos formando serpentinas y espirales de neón frente a mis ojos con cada chillido.
Cuando llegué a los rieles por donde pasa el tren un tintineo de xilófono veloz invadió con su vibración cada rincón de mi ser, y para completar el insólito cuadro, mi boca comenzó a percibir un sabor a vainilla o canela o coco, o los tres al tiempo. Las sensaciones fueron subiendo de intensidad y terminé debajo del puente peatonal enrollada en un el cataclismo de mis sentidos y pensando que además de autista, ahora me estaba volviendo loca.
La sinestesia es un corto circuito de los sentidos, todo se mezcla, se une, se separa, vuelve y se compacta pero no de la misma forma, nunca más de la misma forma. Luego de ese suceso, las mañanas sabían a caucho, los números eran verdes, azules o grises y los sonidos producían sensaciones táctiles que aún me es imposible describir.
Nadie me dijo lo que sucedía en mi mente y en mi cuerpo. Nadie, porque si no me entendían siendo autista, decirles que ahora los colores tenían sabor y los números colores y los sonidos formaban figuras caóticas de colores inexactos, sería el pasaporte directo al manicomio.
Los médicos no suelen ayudar en estos temas de la “dimensión desconocida” como llamo a esta locura sensorial. Lo tratarán como ansiedad, trastorno de pánico, efecto colateral del autismo o alucinaciones. No imagino cuántas personas autistas viven episodios de sinestesia como los míos, o más brutales aún. No imagino lo que debe ser este trance sensorial para una persona que no puede hablar y solo puede gritar de desesperación.
Ya los neurólogos y genetistas están tomando con seriedad a la sinestesia. Algunos investigadores piensan que las personas con sinestesia tienen conexiones adicionales entre las neuronas en algunas áreas del cerebro. Otros piensan que la dirección en la que puede fluir la información entre las células del cerebro puede ser diferente.
En un estudio encontré esto: “Se ha demostrado que las personas con sinestesia tienen mejores recuerdos que las personas que no la tienen. Tal vez entender la sinestesia podría darnos una idea de algunos de los mecanismos que subyacen a la memoria. Y quizá luego, finalmente, darnos una idea de algunos mejores tratamientos para personas que tienen trastornos de la memoria”.
Así que empecé a asumir mi sinestesia no como un problema, sino como la clave para entender al cerebro. No me estaba enloqueciendo, solo tenía un cerebro hiperconectado a la bóveda sensorial de mis recuerdos.
Cuando vi la serie “El problema de los tres cuerpos” y a la chica que todo el tiempo tenía un cronómetro frente a sus ojos, llegué a pensar… y si son los extraterrestres manipulando mi mente? Y seguí leyendo estudios sobre sinestesia, porque suficiente tengo con estas sensaciones como para imaginarme ser un experimento alienígena.
Termino de escribir esto ya porque usé demasiado la letra A y no soporto el olor a canela luego de haberla usado 290 veces en este texto. Por cierto, la combinación 290 es verde, naranja y violeta.

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