Serie Terminada: Sex Education
A comienzos de 2019 Sex Education llegó a la plataforma Netflix, con tal éxito que, tan solo un par de semanas después de su estreno, fue renovada por una segunda temporada. En aquella primera temporada se nos presentaba a Otis Milburn (Asa Butterfield), un adolescente de 16 años, que decide montar una asesoría sexual en el instituto. Él no es de los más populares del instituto, ni siquiera tiene experiencia sexual, es Maeve (Emma Mackey), la chica rebelde, quien le insta a hacer negocio de los conocimientos que el joven ha ido adquiriendo con los años gracias a que su madre es una reconocida terapeuta sexual.
Durante esos ocho primeros episodios, sesión a sesión, Sex Education se va adentrando en el día a día de unos jóvenes que conviven con las dudas, el miedo y la contradicción. La serie da visibilidad a la vulnerabilidad de unos personajes que, como adolescentes que son, cada obstáculo lo viven como el fin del mundo y sus inseguridades sacan su peor versión.
Partiendo de unos estereotipos típicos del género adolescente, a saber: el rarito, el amigo gay, la rebelde, la rubia tonta, el atleta popular, el abusón…, Sex Education rompe los esquemas y crea unos personajes humanos, llenos de empatía y muy cercanos que rompen los moldes conocidos. Las conversaciones entre ellos dejan claro que las dudas y miedos que mencionaba más arriba no tienen tanto que ver con el sexo propiamente dicho, sino con la necesidad de información de cómo gestionar las emociones que lo acompañan.
Sex Education conquistó a público y crítica por su naturalidad y visión desacomplejada del sexo. Con un tono desenfadado y diálogos frescos, la serie elimina tabúes alrededor del sexo y desmitifica su idealización desde una óptica positiva y nada obscena, a pesar de que hay sexo muy explícito. Sin embargo, lo realmente importante es que aprovecha su altavoz no solo para abordar con mucha sensibilidad temas como el placer sexual, el acoso o el aborto, sino también otros problemas sociales como el buylling, la presión por la excelencia, el abandono familiar, los conflictos de identidad o la depresión.
La segunda temporada mantiene la línea volviendo a poner sobre la mesa conversaciones importantes. La serie madura con los protagonistas y, aunque Otis sigue el consultorio, da espacio para desarrollar otras tramas y personajes. Se profundiza por ejemplo en la asexualidad o la bisexualidad, la masculinidad tóxica en los hombres, el vaginismo, la perimenopausia y las agresiones sexuales y sus consecuencias emocionales.
Sex Education muestra de manera muy clara en la famosa trama del autobús cómo situaciones que durante mucho tiempo han sido percibidas como “cosas que pasan” ahora ya se conciben como abuso o agresión. Aimee, una de las alumnas toma el autobús como cada día para ir a clase cuando un pasajero se masturba rozándose contra ella. Inicialmente ella no se identifica como víctima de una agresión sexual y no quiere darle mucha importancia al suceso, sin embargo, aunque intenta seguir con su vida con normalidad, pronto ve trastocada su cotidianidad cuando comienzan a salir a la luz secuelas emocionales y psicológicas. Como ya vimos en Creedme, Sex Education señala lo importante que es que la policía que atiende a las víctimas tenga la suficiente sensibilidad y adecuada formación para registrar las denuncias. Y, sobre todo, que sepan escuchar y no minimicen sus experiencias.
En la tercera temporada, de hecho, se siguen tratando las consecuencias de la agresión, dejando claro que la superación de estos traumas no es cosa de un día. Además de este tema, la ficción británica continúa explorando el sexo adolescente desde el humor junto con temas sociales importantes, pero la introducción de nuevos personajes, especialmente de la nueva directora del centro, cambia el tono totalmente. Sex Education sigue manteniendo su esencia, pero, personalmente, considero que pega un bajón considerable.
Y finalmente en la cuarta creo que acaba convirtiéndose en otra serie. O igual es que yo me he quedado atrás. En una temporada final, cuyo principal reto era cerrar los asuntos pendientes, los personajes se enfrentan de repente a un cambio de escenario. La mayoría se trasladan al Cavendish, un instituto que no tiene nada que ver con el Moordale Secondary School. Aquí son los propios estudiantes quienes lideran las iniciativas y están concienciados con la salud mental, la sostenibilidad o los conflictos en el mundo. El cambio de localización protagonista introduce también a un nuevo elenco de gente se quiere, se acepta y se puede expresar libremente independientemente de su orientación sexual o de sus discapacidades. Reina el positivismo y no está bien visto criticar a los demás. Sin embargo, en un lugar donde, a priori, todo el mundo aboga por ser uno mismo, el resultado es todo lo contrario. Nadie parece ser realmente auténtico.
Sex Education resuelve de forma correcta la despedida de sus protagonistas con una evolución natural y sólida. No obstante, no parece que tenga mucho sentido introducir nueva localización y nuevos personajes retorciendo las tramas en lugar de centrarse en el cierre. Creo que desaprovecha el potencial dramático que tenía en las primeras temporadas y se pierde en la deriva de cuestiones menores.
Sex Education llamó la atención en sus inicios quizá por el título, porque todo apuntaba a una serie adolescente para pasar el rato, pero ha demostrado que era mucho más que eso. No ha dudado a la hora de abordar temas complejos invitando al espectador a la reflexión y gracias a sus unos guiones ágiles e inteligentes, ha combinado de manera fluida y natural momentos cómicos con otros más dramáticos y emotivos. Se ha servido de un variado espectro de personajes de diversas orientaciones sexuales, géneros y etnias para presentar una amplia gama de perspectivas en lo que a la vida y sus problemas se refiere.
Pese a sus altibajos, es una serie entretenida, divertida y entrañable recomendaría tanto a adolescentes como a adultos. Aunque seguramente ya llegue tarde, porque es de sobra conocida.

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