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Serie Terminada: Russian Doll

May 23, 2025
4 min read

Russian Doll arrancaba con Nadia Vulvokov (Natasha Lyonne, Orange is The New Black), quien en mitad de la fiesta de su 36 cumpleaños se veía dentro de un bucle letal donde no dejaba de morir una y otra vez. A partir de ahí, la historia sigue a la protagonista, una mujer cínica, sin filtros y con un humor sarcástico, que intentará dar con el hecho que desencadena que acabe muriendo una y otra vez. Así pues, con cada reseteo, va probando cosas nuevas, pequeñas variaciones en su rutina, para salir de ese limbo temporal en que se encuentra. Russian Doll se convierte pues en un viaje de autodescubrimiento; de ensayo y error.


Sin embargo, cuando parece que tenemos clara cuál es la dinámica de la serie, en el capítulo 3 de repente gira completamente de rumbo con la aparición de Alan (Charlie Barnett), quien se encuentra en la misma situación que Nadia muriendo y reviviendo frente al espejo continuamente. Desde el momento en que se conocen, y a pesar de sus personalidades contrapuestas, forman un equipo con el objetivo común de encontrar la pieza del puzle que les libere de esa repetición infinita.


Con el paso de los episodios los personajes se replantean su vida a nivel filosófico y existencial y, como si de una matrioska a la que el título hace referencia se tratara, se van quitando capas hasta llegar al trauma que les atraviesa y que posiblemente sea el detonante del bucle. En el caso de Nadia es la relación con su madre, en el de Alan suicidarse tras un revés sentimental.

Russian Doll sorprendía con esta primera temporada con una propuesta fresca que transitaba por la comedia, el drama, el thriller, el terror y la ciencia ficción, cada género en su justa medida y esquivando los tópicos. Además, su formato con episodios corto era todo un acierto, puesto que evitaba tramas secundarias de relleno. Siendo de Netflix, no descarto que muchos espectadores la vieran a modo maratón casi como si de una película de tres horas y media se tratara.


Continuar la serie con una segunda temporada tenía sus problemas, y es que para empezar elimina por completo el factor sorpresa. Así que Russian Doll no tenía otra que reinventarse a sí misma cambiando las reglas del juego por completo y arrastrando a Nadia y Alan a una nueva aventura. Las creadoras sustituyen en esta nueva tanda el bucle infinito por viajes en el tiempo a través del metro. El tiempo sigue el centro de la narración, pero aquí se convierte en el elemento principal.

La historia da un salto a cuatro años después de los acontecimientos de la primera temporada. Nadia, a punto de cumplir los 40, tiene un accidente automovilístico y acaba tomando el metro. Sin embargo, el tren no la lleva a casa, sino que la teletransporta a los años 80. Si en la primera temporada la protagonista estaba obsesionada con su muerte, ahora lo está con la vida, en concreto con su origen, seguramente provocado por lo crítico del estado de salud de su madrina, Ruth, la única persona a la que se siente unida. Con este nuevo suceso espacio-temporal Nadia se encuentra como en la temporada anterior, sin saber qué espera el universo de ella, sin tener ni idea de cómo actuar o qué alterar para volver a la normalidad. Cuando descubre que en los 80 es su madre embarazada de ella misma, decide tomar las riendas y corregir los errores que esta a su parecer cometió. Sin embargo, como ya nos enseñaron las peripecias de Marty McFly, cambiar el pasado para mejorar el futuro puede no acabar como uno espera. Al final, Nadia, entre idas y venidas, asume que hay cosas del pasado que no puede tocar, que lo que ha de modificar es su perspectiva con respecto a su madre. Y así, tras reconciliarse con el recuerdo de su progenitora, se encuentra a sí misma.


Por su parte Alan también se enfrenta a su propio viaje temporal, solo que el suyo es menos traumático. También explora su propio linaje familiar trasladándose al Berlín de los años 60, y la experiencia le lleva a conocerse mejor a sí mismo y librarse de su encorsetada rutina en el presente.

Aunque esta temporada sigue siendo interesante y se mantiene el tono de la serie, el guion no termina de unir las historias de Nadia y Alan. A pesar de que el viaje de ambos personajes es similar en lo que a evolución personal se refiere, no hay esa sensación de que ambos forman parte de un mismo universo, de que luchan por un mismo objetivo. Además, la trama de Alan se ve como secundaria y resulta algo menos atractiva. Asimismo, con respecto a la primera temporada, esta segunda queda algo desconectada, como si las historias no estuvieran vinculadas.

No obstante, pese a que no iguala en excelencia a la primera temporada, Russian Doll sigue siendo una serie original, con una potente puesta en escena, un humor muy negro y unos personajes muy bien desarrollados e interpretados, especialmente en el caso de Natasha Lyonne, que borda un personaje creado a su medida, esa Nadia salvaje pero sensible. Solo por lo creativo de la propuesta, merece la pena ver esta inclasificable serie.

 
 
 

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