Serie Terminada: Reyes de la Noche
En mi casa hemos sido mucho de radio. Cuando era pequeña no era tan común en las casas tener una televisión en la cocina, por lo que desayunar con el Hoy por hoy, comer con Hora 14 y cenar con el Hora 25 de fondo, era lo habitual. Para la limpieza semanal de los sábados por la mañana cambiábamos a música, pero el resto del tiempo del fin de semana lo que estaba continuamente de fondo era El Carrusel Deportivo. Incluso para estudiar. Y durante muchos años a la hora de dormir, me he dejado la minicadena con temporizador para escuchar El Larguero.
Llegué tarde a la lucha de José María García y José Ramón de la Morena, sin embargo sí sabía que había existido una rivalidad entre ambos, por lo que cuando se anunció Reyes de la Noche sabía que la vería. Es cierto que los creadores han repetido hasta la extenuación que la pugna entre los dos periodistas les sirvió de inspiración y que el resto es ficción, pero aún así me apetecía ver una serie centrada en la radio.

Francisco Javier Maldonado, alias Paco el Cóndor (Javier Gutiérrez), es el periodista más importante de la radio española a finales de la década de los 80. No tiene rival. En una época en la que no existe la televisión privada, la radio arrastra mucho público, sobre todo en lo que a deportes se refiere (o fútbol, que siempre ha sido el que ha copado el 99% de los minutos), y en este contexto Paco es admirado, temido y odiado a partes iguales. El paralelismo con García, que por aquel momento estaba en Antena 3 Radio con su Supergarcía, es evidente. Tanto en el carácter del personaje como en cadencia a la hora de hablar o su vocabulario, incluso con su famosa coletilla “Ojo al dato”. No obstante, el desencadenante de la rivalidad en la serie no es exactamente igual que como ocurrió en la vida real. En aquella época, el líder indiscutible de las ondas de repente se encuentra con un rival, un José Ramón de la Morena recién llegado a la Cadena Ser. Y la cosa empeora cuando en 1992 García se marcha a la COPE después de que el Grupo Prisa (propietaria de casi el 100% de la Cadena Ser) se hiciera con el 25% de Antena 3 Radio. En la ficción, sin embargo, la cuestión tiene un cariz más personal: Jota Montes (Miki Esparbé) forma parte del equipo de Paco el Cóndor, pero cuando este último recibe una oferta de la cadena de la iglesia y decide marcharse, el joven periodista aprovecha la oportunidad para hacerse con el hueco que se ha quedado libre en Onda España materializando por fin el sueño de dirigir su propio programa y hacer las cosas a su manera.
A partir de aquí, la serie, como ya nos habían avisado, toma un derrotero diferente y construye una historia que, aunque incorpora hechos reales y referencias de aquella época, no tiene nada que ver con los personajes en los que se basa. En la batalla radiofónica de Reyes de la Noche entre mentor y discípulo que se convierten en rivales, entre lo viejo y lo nuevo, Jota llega con aires de cambio con intención de dejar atrás las dudosas prácticas periodísticas de su maestro. No obstante innovar no es sencillo, y menos cuando no tienes los medios y sí todas las zancadillas del mundo. Y no solo por parte de su rival, quien no duda en ser agresivo, tirar de contactos y recurrir a sobornos y chantajes, sino también de su compañera (y amante ocasional) Marga Laforet, quien había visto en la marcha de El Cóndor su momento oportuno para dejar la franja de la madrugada y su programa de confesiones pero que de nuevo ha sido ignorada en favor de otro hombre.
El personaje de Laforet (que parece inspirada en Gemma Nierga, encargada del Hablar por Hablar) sirve para retratar la discriminación que sufrían (y sufren incluso hoy en día) las mujeres en un sector predominantemente masculino. Aunque es una periodista brillante, lo tiene difícil en un mundo lleno de testosterona donde huele a cerrado y los éxitos se celebran cosificando a las mujeres. Lo que no me queda claro es si la serie muestra este machismo a modo de crítica o con cierta nostalgia por aquella época. Desde luego, si pretendía realizar una crítica a esa masculinidad tóxica, choca que el otro personaje femenino con cierta presencia (que no es mujer de, secretaria de) la periodista del equipo de El Cóndor, sea casualmente lesbiana. Porque ya se sabe, si te gusta el deporte, un poco machorra tienes que ser…

El resto de personajes también están un tanto estereotipados. Y por mucho que sean ficticios, algunos son fácilmente referenciables. Y luego está el caso de Gil, que parece ser el único al que se han atrevido a llamar por su nombre e intentar imitar. Quizá porque es demasiado icónico, o quizá porque está muerto y no les puede demandar. Punto y aparte merece el hijo de Paco, cuyas escenas parecen sacadas de un sketch de Muchachada Nui.
Reyes de la noche tomaba como inspiración la rivalidad profesional entre sus dos protagonistas y prometía un homenaje a la radio. La introducción con la que arranca el primer episodio es un gran punto de partida con un hilado de oyentes (hombres todos) pegados al transistor; sin embargo, lo que hay al otro lado del aparato queda un tanto flojo. No he vivido una redacción, pero, como decía al principio, sí he escuchado suficiente a De la Morena como para echar de menos al Bustillo de turno, un técnico o un productor que controla lo que ocurre al otro lado de la pecera, que conecta a los oyentes o protagonistas de la noche con aquel que se sienta frente al micrófono. Tampoco tiene sentido que si Paco y Jota tienen un programa en la última franja de la noche, sean a su vez los encargados de narrar una final de Copa del Rey, que se juega a horas más tempranas. Entiendo que este acontecimiento está para dar servicio a la trama, pero chirría.
La ambientación y caracterización en general está muy cuidada, y narrativamente hablando tiene una historia que va cogiendo fuerza a medida que avanzan los episodios. Dado que solo cuenta con seis de apenas 35 minutos cada uno, no pierde mucho el tiempo en subtramas y es bastante dinámica con diálogos ágiles y una clara hoja de ruta bien definida hacia el cierre de temporada. Acierta al mezclar las historias personales y profesionales de los protagonistas, mostrando ambos aspectos de sus vidas y alternando la comedia con el drama. En muy corto metraje toca temas universales como la ética laboral, el sexismo, la lucha de egos, la ambición, la traición, el enchufismo, la corrupción o el poder.
Y es que Reyes de la noche no es solo una serie sobre el periodismo deportivo o sobre el fútbol, es una serie sobre el poder de los medios y su influencia en la sociedad. De ahí esa cruenta guerra, ese enfrentamiento en el que todo valía con tal de conseguir mayor audiencia cada noche. Aquel que dominara cierta franja horaria conseguía no solo una influencia en sus oyentes como líder de opinión, sino que además obtenía para su emisora mayor ingresos publicitarios, y por tanto más dinero y más poder. La relación de poder y deporte (especialmente el fútbol) es algo que ha trascendido al tiempo (que se lo digan a Florentino y sus palcos en el Bernabeu). Y en realidad, mucho no hemos avanzado con respecto a lo que muestra la serie. Hemos cambiado unos ídolos por otros, pero se sigue con las mismas polémicas, la misma guerra sucia y la misma corrupción que entonces.
Quizá Reyes de la noche no fue la mejor serie de 2021, tampoco es un gran homenaje a la radio o a los programas deportivos, pero es entretenida y se deja ver. Que a veces no hace falta más.

.png)




Comments