top of page

Serie Terminada: Rapa

En la pequeña localidad gallega de Cedeira, próxima a Ferrol, Tomás, un profesor de literatura, encuentra en su paseo matutino por el monte a una mujer moribunda tras haber sufrido un ataque. Aunque intenta socorrerla, no puede hacer nada salvo oírla pronunciar sus últimas palabras en un susurro. Así arranca Rapa, la serie creada por los hermanos Pepe y Jorge Coira junto con Fran Araújo, que se construye sobre unos elementos similares a los de otra ficción también suya, Hierro.

La víctima resulta ser Amparo Seoane, la alcaldesa, quien llevaba gobernando en el pueblo desde hacía más de 30 años y que tenía tantos amigos como enemigos. Su muerte abre la caja de Pandora en un sitio pequeño, tranquilo y de fuertes tradiciones donde todo el mundo se conoce y nunca suele pasar nada. La investigación policial correrá a cargo de Maite, una veterana sargento de la Guardia Civil que conoce a todo el pueblo, sin embargo, Tomás, al descubrir que todo apunta a que se trata de un asesinato, aficionado como es a la novela negra y con ganas de desconectar la mente de su enfermedad degenerativa, no piensa quedarse quieto y empieza a realizar averiguaciones también por su cuenta.

Nos encontramos así con una estructura clásica de serie nórdica: lugar aislado, bien por nieve, por mar o montañas; tradiciones arraigadas; personajes que se conocen desde siempre entre todos pero que a la vez esconden muchos secretos y con rencillas entre familias; una muerte misteriosa; y un dúo de atípicos personajes que trabajan juntos (aunque de inicio no quieran) para encontrar al culpable del crimen. Aunque lo cierto es que en Rapa no importa tanto quién ha matado, sino el motivo. Y es que la serie apuesta por la temprana revelación del culpable para luego ir desenmarañando la madeja llena de secretos de toda una comunidad. Lo juega todo al retrato costumbrista de la sociedad.

Y aunque la serie nos deleita en el proceso con unas secuencias aéreas espectaculares de la Galicia rural y salvaje y la trama sobre corrupción política y temas oscuros es entretenida, lo que sostiene a Rapa son sus protagonistas, Tomás y Maite, dos personas tan diferentes, pero a la vez con tanto en común. Un profesor antipático e individualista que encuentra en el asesinato una oportunidad para desconectar de sus problemas, y una sargento un poco cuadriculada pero que se preocupa por sus conciudadanos y busca siempre el bien común. Lo interesante es el viaje personal y emocional de ambos, cómo evoluciona su relación entre la amistad y el conflicto más allá de la resolución del crimen. Lógicamente contribuye a ello el estupendo trabajo actoral de Javier Cámara y Mónica López, dos intérpretes con muchas tablas a sus espaldas con los que todo parece natural y que facilitan que el espectador se identifique con sus conflictos personales y empatice con sus defectos. Aunque quizá sorprende que no hayan elegido para unos protagónicos a dos actores gallegos, o al menos a la sargento, que parece que lleva toda la vida allí.

El final de la primera temporada es plano y anticlimático. Pero tiene sentido en el planteamiento de la serie en su afán de mostrar un enfoque realista. La vida real no es como las series y a veces no hay ni pomposidades, ni frases grandilocuentes, ni grandes giros. Y, como decía, lo importante es reflejar la comunidad para entender los motivos del culpable.


Las series de detectives, misterio o suspense suelen enfrentarse a un dilema con sus segundas temporadas: ser continuistas con la primera, o dar un golpe de tablero. En este caso, Rapa opta por una elipsis temporal y un traslado de escenario desplazando la acción de Cedeira a Ferrol, donde los protagonistas comparten piso. Ahora nos encontramos a un Tomás apartado de la docencia ya que su ELA ha avanzado y ha perdido movilidad. Sin embargo, aún tiene algo de energía, y, para distraerse, tratará de resolver un caso al borde de la prescripción. Por su parte, Maite ha de investigar la extraña desaparición de Palmira Sineiro, responsable de seguridad del Arsenal Militar de Ferrol.

La relación de ambos se ha afianzado y aunque Tomás se muestra duro y recurre al sarcasmo para fingir que no necesita ayuda, Maite es una persona que no dejaría solo a un amigo que está pasando un momento difícil. Su convivencia amistosa se nutre de ese toma y daca, de esas tiranteces, pero también de una pasión por la deducción y por la investigación, cada uno con sus métodos. Entra en esta segunda temporada un tercer personaje muy interesante, Tacho (Darío Loureiro), que funcionará como el Watson de Sherlock o como el Lazarillo del ciego, ese ayudante con poca experiencia, pero con mucha calle. Muy a pesar de Tomás que de inicio no quiere oír hablar de tener que ir con carabina a todos sitios. La dinámica entre ambos es muy divertida de ver.

En esta segunda temporada Rapa arriesga mucho menos a nivel formal, en su lugar decide profundizar más en los personajes, en su sufrimiento. Los casos se vuelven secundarios.


La última temporada concluye el viaje de Tomás y Maite tras enfrentarse a grandes cambios vitales. Unieron sus caminos con el asesinato de la alcaldesa de Cedeira y su amistad se ha ido estrechando con el tiempo. Con la enfermedad de Tomás muy avanzada, las emociones están a flor de piel. Maite quiere acompañarle en sus últimos momentos, pero un caso de secuestro que afecta a una importante familia de la zona la mantiene muy ocupada. No obstante, él nunca para, y se embarca en el proyecto de exculpar a un amigo suyo acusado de asesinato. Ya no tiene la movilidad de antaño, ni la autonomía, pero hará todo lo que esté en su mano para demostrar su inocencia aunque sea su última investigación.

La química entre los protagonistas está más viva que nunca, tanto entre Tomás y Maite, cuya relación se ha afianzado y han creado un importante vínculo, como entre Tomás y Tacho, un compañero fiel y dispuesto a ayudar a su amigo y casi mentor. Aunque sobre ellos pese la certeza de que no les queda mucho tiempo juntos. Hay un poso de tristeza en cada conversación, pero también en cada mirada y en los silencios.

Rapa se despide en su tercera y última temporada con momentos de tensión y otros que te tocan la fibra. Imposible no llorar en la despedida de Tomás.


 
 
 

Comments


bottom of page