Serie Terminada: Quantico
Allá por 2015, cuando se estrenó Quantico, lo habitual era que las temporadas de las series fueran de 22-24 capítulos. También las había de 10-13, pero solían ser emitidas bien por cable, bien en verano. Tantos episodios en un procedimental tipo CSI, Bones o El Mentalista no se llevan mal, pues aunque es cierto que suele haber un arco temporal, lo cierto es que la emisión semanal funciona más o menos de forma independiente. Por otro lado, en series no procedimentales, tipo Perdidos, mantener el interés a lo largo de toda la temporada requiere de muchos giros locos para que la audiencia no se vaya descolgando. El caso de 24 era particular, porque al simular la acción a tiempo real en 24 horas, sí conseguía mantener la tensión. Quantico sin embargo, aunque recuerda a la ficción protagonizada por Kiefer Sutherland, sufre con temporadas tan largas y se desinfla a medida que va avanzando la historia.
La serie arrancaba con un atentado terrorista en la estación Grand Central de Nueva York y con la inmediata persecución de la agente especial Alex Parrish, la principal sospechosa. Paralelamente a esta línea temporal en la que Parrish intenta limpiar su nombre y descubrir quién la ha incriminado, hay una segunda línea temporal en el pasado, cuando esta comenzó su entrenamiento en Quantico. Así, durante toda la temporada los hechos que van desarrollándose en el presente hacen volver la vista atrás a la academia del FBI donde vamos conociendo no solo las pruebas físicas y mentales, sino a los personajes, las relaciones entre ellos, las rencillas o los secretos.
El problema de la serie, que arranca muy bien, con un argumento interesante y un ritmo bastante ágil, es que, como digo, va desinflándose a medida que avanzan los capítulos. Quantico juega con la búsqueda de la verdad descartando sospechosos semana tras semana, pero abusa de los giros y llega un momento en que sabes que mínimo hasta el episodio 20 no vas a tener una dirección clara. Si a esto le sumamos que tiene una estructura demasiado ambiciosa y compleja que cada vez se enreda más, que los cadetes guardan demasiados secretos inverosímiles teniendo en cuenta que han conseguido pasar los filtros de acceso al FBI y que los líos amorosos entre personajes llegan a adquirir mayor importancia que el atentado en sí, pues vas desconectando. Si la temporada hubiera sido de 13-15 episodios, habría habido menos tiempo para el relleno.
La segunda temporada peca de los mismos errores. Si bien es cierto que introduce nuevos personajes y un nuevo escenario trasladando a la protagonista del FBI a la CIA, al fin y al cabo mantiene la duración y la misma estructura de narración paralela que la primera con un acontecimiento en el presente que nos lleva a retroceder unos meses atrás para ir desentrañando cómo hemos llegado ahí.
El presente arranca con la celebración de un importante evento donde se produce una toma de rehenes entre los que se encuentran el Presidente de los Estados Unidos y la Primera Dama. En el acto también se hallan algunos personajes de la temporada anterior, entre ellos Alex Parrish, aunque esta vez va como ciudadana normal y corriente, no como agente. Y ahí retrocedemos unos meses para saber qué ha sido de su vida.
Tras haber limpiado su nombre, salvar millones de vida y desenmascarar al verdadero culpable del atentado de Grand Central, Parrish es despedida del FBI. Sin embargo, el paro le dura poco, ya que unos meses más tarde es reclutada por una sección de la CIA. Así pues, podemos ver a la heroína comenzar un nuevo entrenamiento en La granja, la remota localización de la agencia para adiestrar a sus espías.
No es mal planteamiento ni mal reseteo de la historia. El problema es la ejecución. El caer en los mismos errores de enredos entre personajes, de giros inverosímiles, de culpables que dejan de serlo en el minuto 38 de un mismo episodio, de una trama que cada vez se enrevesa más y hace que el espectador pierda el hilo por completo. No obstante, la temporada tiene algo bueno, y es que le da un cierre bastante bueno a la serie, con una escena final espejo de una de las primeras del primer episodio. Parece que Joshua Safran, creador de Quantico, decidió que repetir la misma fórmula una vez más no tenía sentido y le dio una conclusión. Sin embargo, la cadena ABC decidió renovarla con un cambio del reparto y del equipo directivo, con Michael Seitzman como nuevo showrunner, una temporada más corta y un giro de 180º en la concepción de la serie.
La tercera temporada arranca con un salto temporal de tres años para hacer una especie de borrón y cuenta nueva. Nos hemos librado de varios personajes, de tramas quemadas desde hace tiempo y con la protagonista viviendo con una nueva identidad en la Italia rural con un hombre y su hija. No obstante, como es de esperar, pronto esta apacible vida salta por los aires cuando unos criminales la localicen.
Tenemos una nueva villana y la formación de un nuevo equipo con Alex, Shelby y Ryan del reparto inicial y un par de personajes de la segunda temporada, sin embargo, Quantico ya no es Quantico. El alma de la serie era ese arco argumental que duraba toda la temporada y el juego de volver al pasado para explicar situaciones del presente. Y aunque mantiene este segundo mecanismo, ha perdido esa continuidad convirtiéndose en un procedimental más en el que el equipo ha de cargarse al malo de turno y que al final del día se toman unas cervezas en su piso franco mientras se felicitan por el trabajo bien hecho.
No obstante, sorprendentemente hacia el último tercio de la temporada recupera esta premisa de trama continua en la que el equipo intenta cercar al villano. Llegué a pensar que este cambio se debía a que quizá no estaban todos los capítulos rodados para cuando ABC decidió cancelarla y que el showrunner sabiendo que no habría una cuarta temporada quiso finalizarla de una forma más serializada; sin embargo, teniendo en cuenta que acaba de una forma un tanto abierta y que el propio Michael Seitzman comentó en alguna entrevista que tenía ya en mente cómo iba a continuar, lo cierto es que lo entiendo aún menos.
Quantico pretendía ser una serie de acción mezclando intriga, thriller, espías y terrorismo, pero en la mayoría de los casos daba la sensación de que todo esto quedaba aparcado para contar las relaciones románticas de los personajes. Cuenta con bastantes agujeros de guion e incongruencias en las historias de los personajes entre el pasado y el presente (en muchos casos como consecuencia de rellenar sin sentido), sus tramas se enrevesaban demasiado con excesivos giros y sus temporadas eran muy largas. Sin duda, habría funcionado mejor con temporadas reducidas a la mitad (incluso como miniserie) y con menos intereses románticos (que parece que siempre hay que juntar a los protagonistas, aunque no peguen ni con cola). Tiene momentos entretenidos, pero no ha resultado ser lo que prometía.

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