Serie Terminada: Pequeñas Coincidencias
Estrenada a finales de 2018, Pequeñas coincidencias fue la primera ficción española que lanzaba Amazon Prime Video. Tres temporadas más tarde ha pasado sin pena ni gloria por nuestro panorama televisivo mientras que se ha cedido para verse en abierto en hasta 9 países (prácticamente todos del norte de Europa). Incluso se vendieron sus derechos a la cadena estadounidense NBC para producir un remake bajo el título de Someone Out There. El covid truncó sus planes y la producción del piloto quedó en un cajón pendiente de confirmar su lanzamiento. Aunque el primer episodio no pintaba mal del todo y me resultó entretenido, lo cierto es que entiendo que no haya tenido una gran repercusión en nuestro país, porque la serie peca de estereotipos, de un humor muy heredado del monólogo y los juegos de palabras y se vuelve más y más repetitiva a medida que pasan los capítulos.
Creada y dirigida por Javier Veiga y producida por él y Marta Hazas, se centra en Javier y Marta (a quien ambos interpretan), dos personajes que, cerca de los 40, sienten la llamada de la p/maternidad. No se conocen y, aparentemente, tampoco tienen mucho en común, sin embargo, parecen destinados a encontrarse.
Pequeñas coincidencias sigue una estructura y un estilo típicos de las comedias románticas de los años 90, aquellas en las que chico y chica se ven envueltos en rocambolescas casualidades y sabemos desde el principio que acabarán juntos. No innova ni toma riesgos, sino que toma ese esquema y se mantiene fiel a él. El problema es que mientras que sí funciona en la primera temporada porque sirve para conocer a los protagonistas y sus entornos y entramos en ese juego en el que parece que se van a conocer pero luego hay un giro y no llegan a encontrarse; por contra, en la segunda la fórmula empieza a resultar repetitiva y en la tercera ya directamente es cansina y los protagonistas acaban siendo insoportables.
Los secundarios podríamos decir que lo son ya desde el principio. Y es que, salvo alguna excepción (los niños), no hay ninguno interesante. Todos están demasiado estereotipados y obsoletos. No puede faltar el mejor amigo gay de la protagonista, los amigos fiesteros de él con sus conversaciones y chascarrillos de cuñados, el hermano divorciado sin oficio ni beneficio que se acopla en su casa sin intención de rehacer su vida por su cuenta… La trivialidad de las subtramas y las situaciones que fuerzan la comicidad con todos estos satélites de los protagonistas desvirtúa y desbarajusta la trama principal y el tono de la serie.
Pensada para treintañeros de ciudad, representa a unos personajes poco cercanos que viven en mansiones o modernos lofts y tienen una vida muy acomodada. Sus problemas (y los de los que les rodean) no son cercanos y su relación es bastante tóxica. Marta y Javi no dejan de ser dos pijos con una crisis existencial propia de la mediana edad.
Concebida inicialmente con capítulos de 50 minutos, redujo la duración a 30 en su segunda temporada. Sin embargo, pese a que esto podría significar que la trama sería mucho más directa eliminando relleno, en realidad volvía una y otra vez sobre lo mismo o introducía subtramas de secundarios que carecían de interés. Ni siquiera tiene buen cierre. El final es previsible, apresurado y poco realista.
Pequeñas Coincidencias es una serie para desconectar el cerebro. No se le puede pedir nada más, porque no lo ofrece. Una pérdida de tiempo.

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