Serie Terminada: Mindhunter
Basada en el libro Mind Hunter: Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit de Mark Olshaker y John E. Douglas, Minhunter nos traslada a finales de la década de los años 70 cuando dos agentes del FBI comenzaron a entrevistar a diferentes asesinos en serie (cuando aún ni siquiera se había acuñado este término) para estudiar su psicología y personalidad y así poder establecer unos patrones que les permitieran actuar más eficientemente en futuros procesos de investigación.

Planteada inicialmente para cinco temporadas, lamentablemente se quedó en dos. No se ha llegado a confirmar que vaya a haber una tercera, pero se liberó de sus contratos a los actores y todo el equipo ha seguido con otros proyectos, por lo que parece que no se continuará. Aunque con estas cosas nunca se sabe, aquí estamos en 2022 retomando Dexter, CSI Las Vegas o Borgen…
La historia arranca cuando Holden Ford, un joven agente especial del FBI en Quantico, se une a Bill Tench, agente veterano especialista en ciencias de la conducta, para recorrer la geografía estadounidense en los cursos que este último imparte. Mientras que Tench lleva repitiendo la misma formación año tras año, Ford llega con una nueva mirada e intenta desafiar la metodología utilizada en la agencia hasta ese momento. Juntos forman esa típica pareja formada por agente experimentado ya de vueltas de todo y novato con ímpetu innovador. Este equilibrio entre uno más impetuoso y otro que le baja los pies a la tierra es algo muy efectivo que funciona en la ficción, pero lo cierto es que están basados en John E. Douglas (Ford) y Robert Ressler (Tench).
El primer episodio sienta las bases de la serie presentando a cada uno de los protagonistas y su postura. Durante la primera temporada seguimos los pasos de la Unidad de Ciencias del Comportamiento, este nuevo y experimental departamento que, a través del estudio de la psicología y la personalidad de algunos de los criminales más peligrosos del momento, va a intentar anticiparse a nuevos crímenes. Dado que ni Ford ni Tench son expertos en este área, los perfiles correrán de la mano de la doctora Wendy Carr (basada en la doctora Ann Wolbert Burgess), psicóloga y socióloga que pronto abandona su puesto de docente en la universidad y se incorpora a este pequeño equipo en un sótano.

No sorprende ver las trabas que se encontraban los protagonistas en este intento por introducir una nueva metodología. Lógicamente, en aquella sociedad puritana y conservadora estadounidense de finales de los 70 era inconcebible la hipótesis de que un criminal se hiciera en función de su pasado (abusos, barrio pobre, ingreso en instituciones), ya que eso supondría aceptar que el sistema estaba fallando y era inestable. La idea era que a los criminales se les encarcelaba (si se podía se les sentaba en la silla eléctrica) y se tiraba la llave al fondo del océano, sin más análisis de qué les había llevado a cometer los crímenes.

Pero además, desde el presente, es muy interesante ver el desarrollo de las técnicas que probaron. Y es que, aunque no estaban errados en su premisa, lo cierto es que iban jugando con sus especulaciones y adaptando sus teorías a lo obtenido en las entrevistas. Y ahí es donde está lo jugoso de Mindhunter, en esas conversaciones con asesinos en serie encarcelados, donde lo importante es la atmósfera y el juego mental existente entre ambas partes. Se respira la tensión a través de la pantalla tan solo con una charla.
Cabe destacar que todos los entrevistados están basados en personas reales, en los criminales históricos más relevantes de Estados Unidos, llegando a mantener incluso sus nombres, sin recurrir a seudónimos como en el caso de los protagonistas. De hecho, hay que destacar la espectacular caracterización de los actores que les interpretan. Entre todos destaca Ed Kemper, quien establece cierto grado de confianza con los agentes.
Dado que Mindhunter le cede todo el protagonismo a estas entrevistas, podemos decir que es una serie lenta, que se va cociendo a fuego lento en cada interrogatorio, sin prisas, sin efectismo ni imágenes escabrosas de los crímenes. Intenta reflejar con fidelidad y máxima precisión una época, unos acontecimientos, y para ello necesita tomarse su tiempo. La primera temporada es una toma de contacto en la que se nos muestra cómo se va creando el nuevo departamento y nos pone en el mismo camino que a Ford y a Tench. No obstante, este ritmo no quiere decir que sea aburrida. Ni mucho menos. Consigue atrapar la atención del espectador a través de los bien construidos diálogos y unos personajes que convierten el análisis antropológico de estos criminales en el centro de su vida. Cada detalle es importante, tanto cuando los protagonistas pisan la cárcel como en las conversaciones que tienen en los viajes o después en la oficina.
La segunda temporada sin embargo sube un poco el pistón y tiene un ritmo más rápido. Pero tiene sentido. Una vez que ya conocemos a los personajes y sus primeros pasos en la investigación, lo lógico es que se dé el salto de la teoría a la práctica. Ya se ha explicado cómo se realizaban las entrevistas y qué se obtenía de ellas; ahora toca ver los resultados. Holden, al igual que ocurría en la temporada anterior, tiene toda la intuición, sin embargo el equipo se va a encontrar con grandes dificultades a la hora de introducir sus innovadoras técnicas basadas en perfiles en un sistema muy encorsetado. Además, el joven e impulsivo agente ha cambiado desde que comenzó a trabajar en la Unidad de Ciencias del Comportamiento. Ahora se encuentra en un momento de inestabilidad emocional como consecuencia de todas las conversaciones que ha tenido con los presos. Sí, ha aprendido sobre sociología, pero no ha salido ileso por el camino.
Mindhunter mantiene su estilo en esta segunda temporada, pero incorpora mayores dosis de intriga gracias a la trama de los crímenes de Atlanta, en los que entre 1979 y 1981 al menos fueron asesinados 28 personas afroamericanas. La serie sigue siendo absorbente e inquietante pero cambia el foco desviándolo de los agentes y subtramas ficticias y colocándolo en la realidad. Así, aunque vivimos un drama familiar en casa de los Tench, no es lo que verdaderamente acapara la atención. Lo que se coloca en el centro son los hechos reales, un caso que conmocionó a la sociedad de la época y que tenía todos los ingredientes para que el FBI pusiera en práctica su nuevo modelo de investigación y se adelantara a los actos del criminal. El pensamiento científico exige un proceso relajado en el que se puedan llevar a cabo diferentes pruebas que confirmen la teoría antes de que esta se aplicada, sin embargo el tiempo corría en su contra y no les quedaba otra que ir sobre la marcha con lo que habían aprendido hasta el momento. Y claro, habían entrevistado a muchos asesinos en serie, pero lo malo de este proceso es que solo habían creado unos determinados perfiles en base a los que habían sido capturados. Pero, ¿y qué pasa con aquellos que seguían libres? Quizá tenían otros patrones, otros traumas, otras vivencias…

La segunda temporada es perfecta. Tiene buen ritmo, los personajes han evolucionado, hay más acción y se muestran nuevas técnicas de investigación. El centro de los primeros episodios es el caso de Atlanta, como decía, pero a medida que avanza la temporada los asesinatos sirven para hablar de otros temas. Los últimos cuatro capítulos se focalizan más en esas madres corajes que buscaban justicia y que ponían sobre la mesa otras cuestiones como las diferencias entre clases sociales, la política, la corrupción, la burocracia y, sobre todo, los conflictos raciales. Si los asesinados hubieran sido blancos en vez de negros, quizá no se habría tardado décadas en dar con el culpable.
Mindhunter es una serie magnífica técnicamente hablando. Lo es en lo referente a la caracterización de los personajes basados en personas reales, pero lo es también en la ambientación. Consigue contextualizar a la perfección los años 70 estadounidenses (sus coches, su música, su vestuario, su manera de pensar…) y trasladar al espectador a esa época. Destaca también la fotografía y sabe jugar con maestría con pequeños detalles como los gestos, las miradas, los silencios… Porque sí, sus diálogos están muy bien construidos y va hilando lentamente la historia, pero la comunicación no verbal es casi tan importante en Mindhunter como la verbal.
Es una lástima que no se llegaran a producir las cinco temporadas que se habían planeado inicialmente, porque Mindhunter es una serie sublime que se adentra como ninguna otra en las profundidades más oscuras del ser humano permitiendo vivir de primera mano verdaderas atrocidades. Es una serie que hace pensar en los instintos primarios, en qué tenemos de forma innata y qué depende de nuestro carácter o de nuestro entorno. Siempre está presente aquello de si un delincuente nace o se hace. Y más allá, si es posible detectarlo y anticiparse.


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