Serie Terminada: Killing Eve
Killing Eve es un thriller creado por la guionista y actriz Phoebe Waller-Bridge. Producido por la BBC America es una adaptación de saga literaria Codename Villanelle (Codename Villanelle, Hollowpoint, Shanghai y Odessa) de Luke Jenning en la que sus protagonistas juegan a un clásico juego del gato y el ratón. En esta versión la creadora cambia el sexo de los protagonistas rompiendo con la tradición de ficciones protagonizadas por roles masculinos. Hasta hace relativamente poco la realidad audiovisual estaba creada por hombres y los personajes femeninos, salvo contadas excepciones, eran meras comparsas. O bien eran las cuidadoras o la madre, hija o interés romántico del protagonista. Afortunadamente cada vez llega a nuestras pantallas más contenido creado y protagonizado por mujeres, lo que ha enriquecido el panorama al contar con la mirada de la otra mitad de la población.
En este caso la historia sigue a Villanelle y a Eve, protagonizadas por Jodie Comer y Sandra Oh respectivamente. La primera es una asesina a sueldo rusa a la que no le faltan encargos porque es magnífica en su trabajo. Es una psicópata que disfruta con ello, tanto como lo hace del lujo y de la ropa Prêt-à-porter. Y es que puede que sea una sicaria que liquida a personas influyentes sin preguntar siquiera los motivos, pero antes muerta que sencilla.

Eve Polastri es una estadounidense residente en Londres que lleva la típica vida anodina de analista de seguridad del MI5. Es una mujer inteligente y curiosa con un especial interés por la mente de los asesinos. Cuando el caso de un político ruso llega a sus manos enseguida traza un perfil del sospechoso y llega a la conclusión de que se trata de una mujer. Aunque de primeras nadie se toma en serio su intuición, en un giro de los acontecimientos, será reclutada como espía para encontrar a la asesina antes de que actúe de nuevo.
Eve se obsesiona con Villanelle, porque bajo esta vida convencional de rutina de ir de la oficina a casa y de casa a la oficina se siente atraída por la oscuridad de la asesina, por el peligro que entraña. Y la sicaria por su parte se obsesiona con Eve porque la agente le ha dado reconocimiento. Desconfían la una de la otra, pero se intrigan mutuamente y no se pueden mantener alejadas. Este juego de atracción, tentación, manipulación, necesidad, posesión, repulsión, tración y horror es lo que sostiene la serie. La fascinación mutua es el motor de Killing Eve y en realidad las tramas de espionaje o asesinatos resultan secundarios. Lo que impulsa y mantiene al espectador pegado a la pantalla es la obsesión insana que se tienen las protagonistas.

Cabe aquí mencionar el extraordinario trabajo que hacen ambas actrices. Estoy segura de que la serie no sería lo mismo sin ellas, está por completo a su servicio. Están magníficas por separado, pero cuando mejor funciona Killing Eve es cuando Oh y Comer comparten escena. La química entre ellas es explosiva. Oh aporta un tono cómico y sarcástico con sus caras de incredibilidad, asco y desprecio. Comer se hace con cada plano. Se supone que es la mala, la asesina despiadada, sin embargo resulta atractiva, e incluso adorable.

Están acompañadas por unos secundarios que no se quedan atrás, no solo sus actores, sino porque los personajes también parecen bien configurados y no meros accesorios. Destacan especialmente uno de cada lado de los protagonistas. Por un lado Eve tiene de su parte a Carolyn Martens, interpretada por una Fiona Shaw que está divertidísima en el personaje de esta jefa de inteligencia curtida como espía en el Moscú de los 80. Con un carácter sardónico y un buen repertorio de curiosas anécdotas cada vez que habla, sube el pan. Todas sus frases son oro.

Villanelle por su parte cuenta con Konstantin (Kim Bodnia), el enlace de la organización para la que trabaja y encargado de comunicarle cuál será su siguiente trabajo. La dinámica entre ambos es casi paternofilial. Aunque ella intenta hacerse la dura con él, en el fondo siempre busca la aprobación de su mentor. Sus interacciones son siempre muy entretenidas de ver.

Ahora bien, así como Killing Eve comenzó muy arriba, poco a poco, con cada una de las temporadas fue decayendo hasta llegar a tener un final de serie que quizá no decepcionó tanto como el de Dexter de 2013, pero mucho se le acerca. Creo que una de las cosas que más perjudicó a Killing Eve fue el constante cambio de showrunner. Es cierto que esto ocurre con frecuencia con las series y generalmente no hay mayores consecuencias, pero en este caso cada una de las guionistas jefas dieron su propia visión a la relación entre Eve y Villanelle. Así, poco a poco, con el aporte de cada una de ellas, la ficción fue perdiendo el sello tan característico de Phoebe Waller-Bridge y parte de su magia.
La creadora de Fleabag presentó una Killing Eve que transitaba entre comedia sarcástica y drama oscuro y conseguía encontrar el humor y lo absurdo hasta en los momentos más trágicos. La segunda temporada a las órdenes de Emerald Fennell, directora de Una joven prometedora, no le da tanta importancia a la trama, sino que decide centrarse en explorar el lado oscuro de sus personajes. No obstante, gracias a unos ágiles y punzantes diálogos, a una magnífica fotografía, a lo atractivo de las dos protagonistas, al universo creado alrededor de ellas y a la química de las actrices aún se mantiene cierta frescura y el humor negro característicos de la serie. Sigue siendo disfrutable.
El mayor cambio llega en la tercera temporada, en manos de Suzanne Heathcote, proveniente de Fear the walking dead. Sí, sigue habiendo humor, acción, tensión, una fantástica fotografía, localizaciones internacionales (España en este caso) y una banda sonora que acompaña cada momento a la perfección. Sin embargo, ya no puede seguir viviendo de sus rentas. Da la sensación de que Killing Eve se ha acomodado en sus esquemas conocidos y de que todo es circular. No parece que la trama vaya a ningún lado con las protagonistas sufriendo una crisis de identidad.
Y el remate final llega en su última temporada, responsabilidad de Laura Neal, guionista de Sex education. Hay cierta continuidad con la tercera, ya que todo gira en torno a esa crisis de identidad que mencionaba pero no hay por dónde cogerla. Se supone que Killing Eve iba sobre la obsesión que sentían dos personajes en puntos opuestos, que creaba una tensión en ese juego del gato y del ratón y que mostraba su punto álgido en sus encuentros. Sin embargo, las protagonistas apenas llegan a coincidir en todas las temporadas. Cada una va a lo suyo.
El arranque es totalmente demencial con una Villanelle en pleno viaje de introspección que da vergüencita ajena. Mientras que la sicaria quiere dejar de matar para demostrarle a Eve que puede ser una mejor persona, la agente del MI5 por su parte se ha pasado al lado oscuro y se encuentra en una fase temeraria que no parece ir con el personaje. Ambas han pasado de ser caracteres fascinantes a unos que no tienen coherencia alguna.
La cuarta temporada en lugar de centrarse en darles un cierre a Eve y Villanelle se va por los cerros de Úbeda introduciendo la trama de la organización de los Doce y nuevos personajes que no nos interesan y que en realidad son meros instrumentos para justificar hitos del guion. Resulta caótica y repetitiva y solo seguimos viéndola porque queremos despedirnos dignamente de las protagonistas con las que tanto nos hemos divertido.
Está claro que darle un final digno a una serie no es tarea sencilla. Es complicado ser coherente con la historia y con los personajes, así como no dejar ningún cabo suelto. Nunca llueve a gusto de todos, está claro (a excepción quizá del caso de A dos metros bajo tierra) pero en este caso es innegable que el problema no está en el final per se, sino, como decía más arriba, en que con cada temporada Killing Eve fue perdiendo parte de su personalidad, de su magia, de la capacidad de sorpresa.
Aún así, hasta en sus peores momentos siempre fue una serie entretenida de ver con un cuidado diseño de producción y una magnífica fotografía. Estéticamente era bonita y no escatimaba en gastos a la hora de mostrar lujosos alojamientos en localizaciones internacionales como París, Berlín, Londres, Barcelona, La Toscana, Bucarest… Además tenía acción y humor, unos personajes complejos y un elenco sobresaliente. ¿Merece la pena verla entera? A gusto del consumidor, pero no son tantos capítulos y una vez que empiezas, quieres más de Eve y Villanele.


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