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Serie Terminada: Homeland

Jul 21, 2020
7 min read

Cuando se estrenó Homeland, allá por 2011, fue todo un fenómeno que arrasó en crítica y premios (en su primera temporada ganó 8 Emmys, entre ellos mejor serie dramática, actriz y actor protagonista, guion y reparto). No había ninguna serie que se le pareciera y, aunque algunos de sus responsables venían de 24, aportó una nueva perspectiva a las ficciones de espías. En esta ocasión la protagonista es Carrie Mathison, una analista de la CIA que carga con la culpa de no haber sabido ver las señales que alertaban de los atentados terroristas del 11S.

Esta obsesión lleva marcando a Carrie en su trabajo desde entonces y la lleva a desconfiar del recién rescatado sargento Brody, dado por muerto 8 años atrás. Según la versión oficial había estado secuestrado por terroristas islámicos, pero ella tiene un soplo de que había un prisionero de guerra estadounidense que se había unido a Al-Qaeda y se obsesiona con averiguar la verdad pese a que nadie en su equipo se toma en cuenta sus sospechas. A la obstinación por descubrir a un posible traidor se le suma su trastorno bipolar, que hace que la agente oscile en unos estados de ánimo maniacodepresivos.


Aunque el personaje de Brody estaba planteado únicamente para una temporada, la cadena Showtime presionó a los creadores para que alargaran la vida del sargento un poco más, por lo que este juego del gato y del ratón duró tres temporadas. Sin embargo, a partir de la cuarta la serie tuvo que reinventarse  totalmente y contar otra historia, creando un arco argumental diferente y autoconclusivo en cada una de las temporadas (con excepción de la séptima que continúa la sexta). No obstante, mantiene su propio ritmo y tono y ciertos patrones en el desarrollo de las tramas. Y por supuesto, en el centro está siempre Carrie Mathison, esta agente obsesiva, minuciosa, bipolar y solitaria.

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En la cuarta temporada la acción se traslada de Estados Unidos a Kabul (Afganistán), con Carrie como jefa de estación. Su labor es supervisar los ataques con drones contra el talibán Haqqani, sin embargo, viaja a Pakistán cuando un agente de la CIA es asesinado en Islamabad. Es una temporada llena de acción y tensión y gana mucho con los personajes en el corazón del conflicto en lugar de resguardados frente a unas pantallas en su unidad a miles de kilómetros. En esta ocasión están en peligro de verdad como muestra su último capítulo con el atentado a la embajada estadounidense por parte de los hombres de Haqqani.

En la siguiente temporada Homeland da un salto temporal de dos años y esta vez arranca en Europa, en Berlín. Allí reside Carrie con su hija y pareja tras haber abandonado la CIA. Ahora es asesora de una ONG que opera en Oriente Medio y lleva una vida bastante más tranquila. Sin embargo, pronto todo va a saltar por los aires cuando un hacker intercepte unos archivos que revelan la connivencia entre los servicios de inteligencia alemán y estadounidense para espiar a ciudadanos. En estos archivos se ven implicados, además de la CIA, la empresa donde trabaja Carrie, por lo que enseguida entra en escena Saul Berenson y tenemos de nuevo a los dos protagonistas trabajando juntos. Además, Mathison descubre también que alguien quiere matarla y se incorpora un nuevo agente, Peter Quinn, que parece tener tanto empuje como ella en sus inicios.

Homeland demuestra ser una serie que no se corta a la hora de tratar temas polémicos. Prueba de ello son las tres primeras temporadas, el atentado a una embajada en la cuarta, o esta trama sobre agencias de seguridad que espían a sus ciudadanos. Un asunto que, por otra parte, nos recuerda al caso de Snowden, quien, de hecho, colaboró con la serie como asesor para el desarrollo de la historia. Siempre ha intentado ir pegada a la actualidad, tanto que en la sexta les pilló a contrapié la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales.


Los guionistas habían previsto que ganaría Hillary Clinton y pospusieron el estreno, que solía ser en octubre, a enero de 2017, para no hacerlo coincidir con las elecciones. Ambientada en Nueva York en los días previos a la toma de posesión de la nueva presidenta de los Estados Unidos, Elisabeth Keane, esta sexta temporada trae de vuelta a Carrie a Estados Unidos, quien sigue colaborando con ONGs, esta vez ayudando a musulmanes a integrarse en el país. Cuando está trabajando en uno de sus casos se entera de la existencia de una conspiración para evitar que la presidenta electa llegue a ser investida y, como mantiene una relación estrecha con ella al haberla asesorado en secreto sobre cuestiones de seguridad nacional, no tardará en ponerla sobre aviso. Paralelamente se sigue la evolución de la relación entre Carrie y Saul, que parecen seguir en bandos opuestos, y de la de Carrie y Quinn, que nos hace ver la faceta más humana de la protagonista.

Keane es una mujer de carácter progresista que no aprueba del todo los métodos de los servicios secretos contra el terrorismo y, gracias a su personaje y la trama en torno a ella, se ponen de manifiesto la opacidad de los procesos y los cómo se mueven los hilos en los despachos. Continúa ahondando en ello en la séptima temporada, donde la amenaza es un Gobierno que se ha obsesionado con el poder y las conspiraciones. La presidenta ha pasado de ser una imagen idealizada de lo que habría sido la llegada de Clinton al poder a convertirse en una caricatura más próxima a Trump. En el centro del argumento se encuentran las noticias falsas y los bots y la influencia que tienen en la opinión popular. De nuevo un tema muy pegado a la actualidad.


La octava y última temporada vuelve de alguna manera a sus orígenes retomando algunas cuestiones de la primera para cerrar el círculo. Tras siete meses cautiva en una cárcel rusa, Carrie es puesta en libertad tras ser intercambiada por prisioneros de aquel país. Mientras ella se recupera física y psicológicamente de este período de tiempo a la sombra, Saul, que ahora es Asesor de Seguridad Nacional del nuevo presidente, pide que sea trasladada a Kabul para ayudarle en las negociaciones de paz en Afganistán con el vicepresidente G’ulom. Este reclutamiento no cuenta con el visto bueno de los médicos de la exagente, que es inestable mental y emocionalmente. Sin embargo, su antiguo jefe confía en que si hay alguien que pueda mediar en ese proceso de negociación, es ella. Y pese a que sabe que puede frenar su recuperación y poner en riesgo su salud mental, la seguridad nacional está por encima de todo.

La acción se traslada así de nuevo a Afganistán, recuperando personajes de la cuarta temporada y cerrando cabos sueltos. Y mientras Carrie intenta mantenerse a salvo en su misión ahora que no tiene la red de contactos que tuvo en su momento, se encuentra bajo la lupa de las agencias de seguridad de su país. Todos sus movimientos y decisiones son cuestionados por unos compatrionas que desconfían de ella porque el relato que dio de los siete meses en Rusia tiene inconsistencias y contradicciones. Y lo peor es que ella misma no sabe si reveló información sensible a sus torturadores, porque tiene muchas lagunas de aquellos días. Homeland recupera su esencia con una trama espejo de la primera temporada convirtiendo a Mathison en Brody: rescatada tras ser prisionera del enemigo y con la duda de si no se habrá pasado al otro bando.

Además, enfrenta a la protagonista a su mayor obsesión, esa que se repite en los títulos de la cabecera con cada arranque temporada tras temporada:

  • Carrie: I missed something once before. I won’t, I can’t let that happen again.

  • Saul: It was ten years ago. Everyone missed something that day.

  • Carrie: Everyone’s not me

Han pasado dos décadas, pero Carrie sigue atormentada por el sentimiento de culpa de que algo se le escapó antes del 11S y está empeñada en no volver a pasar por eso, y es por ello por lo que es tan paranoica, tan minuciosa y tan perfeccionista. De nuevo en Afganistán hará todo lo que esté en su mano para que Estados Unidos no vuelva a entrar en un conflicto armado internacional, pero tendrá que luchar mientras tanto con sus propios demonios cuando se cruce en su camino Yevgeny Gromov, su torturador. Y de nuevo se mezcla la motivación personal de la agente con la responsabilidad de servir a su país.


Homeland es un thriller político, pero se sustenta gracias a sus personajes. Carrie está siempre en el centro y es la protagonista, pero son igualmente importantes las relaciones que mantiene con su entorno. Con Brody, con Quinn, con Max, con su hija, con su hermana… pero sobre todo con Saul. Es una especie de relación paternofilial en la que por muy distanciados que se encontraran, había un vínculo de confianza y respeto mutuo por encima de todo. En esta última temporada Berenson la acerca al conflicto para que le ayude, pero, como siempre, ella luego sigue sus propias reglas yendo por libre y durante varios capítulos da la sensación de que esta relación entre tutor y protegida se va a romper para siempre.

El final de la serie es un cierre perfecto para la historia de Carrie. Consigue salvar el mundo evitando una nueva guerra y en lugar de sacrificar a una persona que siempre la ha apoyado y protegido, es ella quien se pone bajo las ruedas. Acaba exiliada en Rusia y publicando un libro llamado “Tiranía de los secretos: por qué tuve que traicionar a mi país“, algo que recuerda mucho a la historia del propio Snowden. Sin embargo, como siempre ocurre con ella, Estados Unidos está por encima de todo y esta nueva vida no deja de ser una tapadera. Sigue siendo espía, aunque esta vez oculta y como informante secreta de Saul. Las escenas finales te dejan con una sonrisa de medio lado y un cabeceo cómplice entendiendo que no podía ser de otra manera.

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Cuando Homeland arrancó, era una adaptación de una ficción israelí que narraba la vuelta a casa de varios soldados que habían estado secuestrados en el Líbano por Hezbolá. Llegó con Obama en el poder, con los conflictos internacionales más o menos calmados y servía como una especie de revisionado de los errores cometidos en Afganistán y el no saber anticipar el 11S. Sin embargo, con las temporadas se fue reinventando convirtiéndose en una serie de acción e intriga, llena de amenazas terroristas, conspiraciones políticas de alto nivel y secretos de estado. Mantuvo el nivel durante ocho temporadas y encontró el cierre perfecto tras 96 episodios. No se le puede pedir más.


 
 
 

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