Serie Terminada: Borgen: Reino, poder y gloria
La política es uno de los temas más recurrentes y que más éxito han proporcionado a la ficción. Todo un pozo de inspiración. Solo en series centradas en políticos ahí está la mítica El ala oeste de la Casa Blanca, la cínica House of Cards, la excéntrica Scandal, las americanadas Sucesor designado o Madam Secretary, las cómicas Veep, Parliament y Vota Juan (y secuelas), las recientes Gaslit y The First Lady, o la maravillosa Baron Noir. Pero además podríamos incluir otras como Bodyguard, Homeland y 24, más centradas en el terrorismo; Years and Years o El cuento de la criada como distopías; The newsroom, que habla mucho de política aunque transcurra en una redacción; o la magnífica The Crown, que aunque también habla de poder y política su foco es la monarquía.
Entre 2010 y 2013 la televisión pública danesa produjo una serie que traspasó fronteras y pronto se convirtió en una de las ficciones políticas de referencia. Borgen, el nombre por el que se conoce coloquialmente al Palacio de Christianborg en Copenhague (sede del Parlamento, el Tribunal Supremo y la oficina del Primer Ministro) narraba cómo Birgitte Nyborg, la líder de un pequeño partido de centro, llegaba a ser Primera Ministra danesa a pesar de que había quedado tercera en las elecciones. Se adelantó a una situación que ahora es la norma: la de la fragmentación parlamentaria y puso sobre la mesa la necesidad de acercar posturas entre diferentes partidos para no entrar en un bucle de ingobernabilidad.
En sus tres temporadas de diez episodios cada una se tocaban temas como la corrupción, los tejemanejes y acuerdos entre partidos, la relación de la política y los medios de comunicación, la ambición, los «todo vale», el sacar trapos sucios para hundir al rival, la traición o el uso de poder. Pero también otros más cotidianos como como la falta de tiempo, las relaciones familiares, las infidelidades, la salud mental, las enfermedades, el maltrato animal o la (des)igualdad laboral entre hombres y mujeres. A Borgen le interesaba profundizar en la política real y mostrar que ética y política son esferas que pueden convivir. Por eso en el centro de la historia estaba Nyborg, una mujer honesta y de principios. Por mucho que tuviera que negociar con unos y con otros, lo importante era no traicionar ni sus principios ni los de sus votantes. El desarrollo de la serie fue la evolución de un personaje que experimentaba un cambio tanto personal como profesional a través de los 30 episodios.
Ahora, nueve años después de que Birgitte Nyborg renunciara a volver a ser Primera Ministra para no tener que renunciar a sus principios llega Borgen: Reino, poder y gloria, una cuarta temporada autoconclusiva que cuenta con buena parte del elenco original pero que sobre todo va a estar centrada en dos líneas argumentales: la de Nyborg como recién nombrada Ministra de Asuntos Exteriores en un gobierno de coalición y la de Katrine Fønsmark, su exjefa de prensa, quien retoma el periodismo como directora de informativos de una cadena nacional de televisión. No tendrán un trabajo fácil ninguna de las dos cuando una pugna internacional les obligará a posicionarse para defender su poder.
Mientras que en las temporadas anteriores los temas eran más locales, más cotidianos con los entresijos de un gobierno y sus negociaciones y la relación con los medios; Borgen: Reino, poder y gloria cuenta una historia más ambiciosa, a la vez de interiores y de exteriores y que abre varios debates: principios o poder, ecologismo o beneficio económico; progresistas o liberales. Nyborg, que fundó su partido Nuevos Demócratas en la tercera temporada con el ecologismo por bandera, se encuentra ante una pugna por el control y la explotación del Ártico cuando una empresa descubre yacimiento de petróleo en Groenlandia y rápidamente varios países se abren a comercializarlo. Hay que puntualizar que Groenlandia es una región con cierta autonomía, pero que en el fondo depende del gobierno danés. Así, aunque tiene capacidad legislativa, jefe de Gobierno y control sobre sus recursos naturales, aquí se encuentra con que en realidad no puede decidir sobre esos recursos cuando se descubre el yacimiento porque Dinamarca se posiciona de una manera neocolonialista. Mientras que Groenlandia ve en la comercialización del petróleo una forma de engrosar las cuentas y así dar un paso más hacia su independencia, Dinamarca por su parte se debate entre quedarse con ese beneficio económico o cumplir con su compromiso con el medio ambiente. Dos opciones que quitan cualquier autonomía a la isla.
Borgen podría haber regresado con el mismo tono y tipo de tramas que en sus temporadas anteriores y habría tenido éxito igual, sin embargo su creador ha sabido leer la actualidad e interpretar que para que la serie volviera, tenía que hacerlo con una premisa interesante y justificada. Y es que 2022 no es 2013. El panorama actual tiene un color mucho más pesimista. La Birgitte Nyborg idealista de la anterior etapa no tiene cabida en un momento en que prima la crispación. Pero no lo tiene no solo por el escenario, sino tampoco por ella misma. Una década después el personaje ha cambiado. Tiene más de 50 años y le está rondando la menopausia, se ha divorciado, sus hijos ya son mayores y ella ahora puede dedicarse en cuerpo y alma a su carrera. La política carismática e íntegra que se dejaba guiar por sus instintos y principios ahora es más cínica, dura y astuta. No es que antes fuera perfecta, pero ahora, ante la posibilidad de perder influencia y poder adapta su discurso. Como dijo Groucho “estos son mis principios, si no le gusta, tengo otros”.
Katrine Fønsmark, también ha evolucionado. Ahora es una mujer con una vida personal estable que vuelve a la televisión como jefa de informativos. Al igual que el panorama político ha cambiado, también lo ha hecho el mediático, y la antigua jefa de prensa de Nyborg ha de adaptarse a un mundo en el que las redes sociales lo dominan todo. Ya no hay tiempo para investigar, parece que lo que prima es dar la exclusiva o primicia y proliferan las fake news. También las críticas son instantáneas. Fønsmark llega muy ilusionada, pero estar al otro lado no es nada sencillo, pues tiene que encontrar un equilibrio entre cómo quiere enfocar las noticias (y a quién quiere en su equipo) y las responsabilidades y exigencias corporativas del nuevo cargo. Como veíamos con Nyborg, la integridad y los principios no siempre van bien para el enriquecimiento económico. Ella, que nunca tuvo problemas en su trabajo, que el periodismo era su lugar seguro, lo que se le daba bien, ahora se llega a plantear si hizo bien en aceptar este puesto que tanto ansiaba.
Es interesante cómo, a pesar de estar ambas en una posición de poder, sufren para poder llevar a cabo sus trabajos. También lo es ver cómo han de evaluar si quieren seguir siendo fieles a sí mismas o adaptarse a las circunstancias para mantener la silla. La serie muestra a mujeres en el poder y cómo, al igual que los hombres, tienen sus fortalezas, pero también se equivocan y se desgastan. La política elige, como decía, aferrarse al poder y acaba corrompiéndose moralmente. La periodista, por su parte, asume que este nuevo trabajo se aleja de su pasión y tiene más de corporativismo que de periodismo de calidad.
Viendo esta nueva temporada pareciera que Borgen no se hubiera ido nunca, porque mantiene su esencia. Eso sí, ha vuelto con mayor fuerza visual, más intensa y reflexiva. Lo mejor es haber visto antes las tres temporadas anteriores, pero también funciona bastante bien como una miniserie para aquellos que no la vieron en su día.

.png)




Comments