Serie Terminada: Bodyguard
Me das un thriller político lleno de conspiraciones, intriga y acción y ya estoy dentro. Así pues, no es de extrañar que, tras ver el piloto de Bodyguard, esta pasara directamente a la lista de series para ver. Creada y escrita por Jed Mercurio (Line of Duty), Bodygard arranca con el protagonista, David Budd, frustrando un atentado terrorista en un tren en el que volvía a casa con sus hijos pequeños. Tras esta actuación el exmilitar ahora reconvertido en sargento de la Policía Metropolitana de Londres es ascendido a escolta personal de la Ministra de Interior británica, Julia Montague, una política conservadora que en el pasado apoyó la intervención militar en Afganistán. Precisamente aquella de la que Budd regresó cargado de secuelas. Separado y alcohólico por sufrir estrés postraumático, este veterano de guerra se encuentra en una encrucijada moral al tener que dejar de lado su vida personal y ser todo un profesional protegiendo a alguien que defiende unas ideas totalmente contrarias a las suyas.
Montague se encuentra en el punto de mira al elevar el discurso sobre la inmigración y el terrorismo islámico. Es una mujer que aspira a convertirse en la próxima residente de Downing St., por lo que es objetivo tanto de ataques externos, como de internos. Es una mujer que no disimula sus ansias de poder y molesta por su ambición, agresividad y liderazgo.
Bodyguard comienza poniendo toda la carne sobre el asador. Presenta un thriller en el que la tensión aparece desde el minuto uno. No puede perder tampoco mucho tiempo, ya que, siguiendo el patrón británico, tan solo cuenta con seis episodios para desarrollar la historia. Los primeros 20 minutos del piloto son pura tensión con la amenaza terrorista en el tren. Aprovecha que tiene toda la atención del espectador para presentar al protagonista, un veterano de guerra con secuelas emocionales que se convierte en héroe.
A partir de ahí la serie crea una compleja telaraña donde confluyen varias tramas que aseguran la intriga y el suspense constante. Por un lado tenemos una amenaza externa (la del terrorismo islámico) y por otro una interna (la del poder y ambición por parte tanto de políticos como de las fuerzas de la ley). En medio de esta bomba de relojería a punto de estallar dos caracteres fuertes y una patente tensión romántico-sexual entre ellos. Bodyguard se mueve entre la crudeza del terrorismo de ficciones como 24 o Homeland y los sucios tejemanejes políticos de House of cards.
Es cierto que no innova mucho en cuanto a la manera de tratar el terrorismo y cae en los mismos patrones que hemos visto repetirse una y otra vez. Sin embargo, lo que si hace es señalar cómo los políticos (especialmente los conservadores) instrumentalizan el discurso del terror para recortar libertades y asegurar el statu quo. Algo que ya señalaba en La doctrina del Shock Naomi Klein. El claro ejemplo es la RIPA-18, una ley que quiere aprobar Montague y que aumentaría el poder de los cuerpos de seguridad en la vigilancia de conversaciones privadas. Así pues, aunque Bodyguard parece tener como tema central el terrorismo, lo cierto es que descubre sus cartas a medida que avanzan los episodios y muestra que esto no va de células yihadistas o discursos xenófobos, sino de dinero e influencia. De cómo los políticos están más preocupados de mantener su sillón que de que la ciudadanía viva mejor.
Como decía más arriba, Bodyguard es trepidante desde el principio, sin embargo, poco a poco va acumulando conspiraciones, eventos, intrigas y personajes que descolocan al espectador. Juega con él y resulta complicado adelantarse al final. No se puede dar nada por sentado, como bien demuestra el giro del cuarto episodio, un suceso que disparó la popularidad de la serie durante su emisión en la BBC y que llevó a más de 17 millones de personas (aproximadamente un 40% del share) a sentarse frente al televisor en capítulo final. Y vaya final. Un cierre que corta la respiración y amenaza taquicardia con hasta tres giros de guion.
La fotografía acompaña, con ese toque frío tan característico de las series británicas y tan urbano, propio de Londres. Pero la serie no sería nada sin sus dos protagonistas, interpretados por Keeley Hawes y Richard Madden.
La actriz británica se pone en la piel de una ambiciosa, poderosa y dura política. Un personaje femenino implacable que es de agradecer en un thriller político, un género tradicionalmente copado por hombres. De hecho, Bodyguard tiene un buen plantel de personajes femeninos, desde la propia ministra hasta la directora de la Policía Nacional, pasando por mujeres terroristas.
Madden, que en Juego de Tronos no había destacado mucho, aquí está soberbio interpretando a un veterano de guerra con estrés postraumático y problemas personales. Tiene un trabajo difícil al meterse en el papel de este hombre parco en palabras, pero acapara toda la atención gracias a todo lo que sabe transmitir con sus miradas. El actor escocés es capaz de cambiar de un registro a otro mostrando las diferentes caras de Budd: el herido emocionalmente, el contenido en su faceta profesional, el apasionado en la intimidad, el tierno cuando está con sus hijos…
Juntos consiguen plasmar magníficamente la dinámica del poder, el hermetismo o la soledad (tanto del poderoso como del que realiza un trabajo como el de escolta). Ambos actores tienen una buena química en pantalla. Y no solo desde el punto de vista sexual (aunque esa tensión es uno de los pilares de la serie) sino en cada una de sus interacciones.
Bodyguard es emocionante, adictiva y sorprendente. Lo que más engancha es esa combinación entre el thriller político y el psicológico construido de forma tal que mantiene el suspense de inicio a fin con una trama con tintes de espionaje clásico centrada en la corrupción política, los tejemanejes del servicio secreto nacional y la policía, las conspiraciones asesinas, las células yihadistas y el crimen organizado. Es cierto que quizá peca precisamente de esto, de querer abarcar demasiados temas en tan pocos capítulos, pero en conjunto es un buena serie capaz de mantener al espectador pegado al televisor gracias a su trama, a la tensión, la intriga y el suspense.

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