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Serie Terminada: Billions

Oct 4, 2024
5 min read

Me animé a ver el primer episodio de Billions allá por 2016 al conocer su elenco. Y es que con Paul Giamatti (Los idus de Marzo), Damian Lewis (Homeland, Life), Maggie Siff (Hijos de la Anarquía) o Malin Akerman (Suburgatory) todo apuntaba a que iba a ser una serie muy solvente. Aquel piloto nos presentaba una historia de poder, política, ambición, codicia y, cómo no, dinero en la que se confrontaban dos bandos: el de Bobby Axelrod (Lewis), inversor multimillonario (recordemos que billion en inglés es mil millones) de humilde procedencia que fue el único superviviente de su compañía al atentado de las torres gemelas, y el del fiscal del distrito Chuck Rhoades (Giamatti), que viene de una familia adinerada y vive obsesionado con procesar a aquellos que han hecho su fortuna en base a delitos económicos. Billions se articula en torno a la partida de ajedrez de estos dos personajes centrales.


A ellos dos les acompañan sus mujeres, quienes también son ambiciosas y de moral ambigua y juegan sus propias partidas. Lara (Malin Akerman), la mujer de Axe, también de familia trabajadora (está ligada con la policía y los bomberos) fue en su día enfermera. Ahora cubre los flancos de su marido para defender, por ende, su posición y la de los suyos. Más complejo es el personaje de Wendy (Siff), quien, además de ser la mujer de Rhodes, es psicóloga de Axel Capital y amiga de Bobby desde hace años.

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Así como la importancia del personaje de Lara Axelrod va quedando relegado a un segundo plano con las temporadas (hasta incluso llegar a desaparecer); por el contrario el de Wendy Rhodes no deja de ser importante con el paso del tiempo. Es, probablemente, la persona con más información de toda la serie. Su personaje se mueve en una delgada línea entre callar la información que maneja por trabajar en Axel Capital y la que conoce en casa por estar casada con el fiscal. Sin embargo, consigue ser la piedra angular de las decisiones de ambas partes (manipulando también en el camino, por qué no decirlo). Apoya y defiende a su amigo y jefe mientras escucha y respalda las operaciones y movimientos de su marido. En muchas ocasiones incluso sabiendo que de una forma u otra ella saldrá perjudicada por estar en medio.

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No obstante, pese al peso que pueda tener Lara en las primeras temporadas, o Wendy de principio a fin; independientemente de que ostenten su propia parcela de poder y manejen a la gente a su antojo, Billions es una serie netamente masculina que explora un duelo de machos que buscan ostentar el poder y el respeto en el oscuro mundo de las altas finanzas de Wall Street. Axel pretende llenar su cuenta bancaria de ceros porque cree que amasando una fortuna va a ganarse el respeto de la “puta oligarquía” neoyorkina, cuando en realidad, por muy lejos que llegue con su apellido, no dejará de ser visto como un arribista sin estatus.

Por el contrario Rhodes, que proviene de esa élite, de la aristocracia neoyorkina, tiene el estatus pero no el dinero. Este, al igual que el acceso a los selectos clubs o a los contactos, aún está en poder de su padre. Si a Axel le ciega el odio de clase, a Rhodes le mueve el complejo de inferioridad, el resentimiento y los celos. Es un hombre que estudió en los mejores colegios y universidades privadas, cuyo apellido significa algo en la ciudad, pero, que en el fondo, ha sido siempre ninguneado por su entorno y, especialmente, por su padre. Para él la caída de Axel rod es lo que le hará conseguir el respeto que cree merecer.

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Con estos bandos tan claramente marcados, la serie se estructura como si de un espejo se tratara desarrollando los arcos argumentales de los dos personajes a la par. A veces presentados replicados y otras como reflejo jugando con la dualidad positivo – negativo. No obstante, no juegan con las mismas cartas, puesto que mientras que Axel parece tener a un equipo que le respeta y le sigue a muerte además de actuar sin ningún tipo de escrúpulos; Rhodes tiene pocos aliados en su oficina, escaso presupuesto, y unas leyes que seguir. Sin embargo, a medida que van avanzando las temporadas estas líneas del bien y el mal, de lo legal y lo ilegal, se van desdibujando y el fiscal no dudará en usar todos los recursos que estén en su mano para acabar con el inversor y su imperio millonario.

Y aunque Billions plantea tramas paralelas para establecer este juego de personajes contrapuestos, no vemos a Bobby y a Chuck compartiendo pantalla a menudo. Porque aquí la idea es que haya pocos encuentros físicos entre ellos para que cuando ocurran, los careos sean antológicos. Así, durante cada temporada vemos a cada uno de ellos buscando los puntos débiles del otro y preparando sus ataques preventivos (o defensivos), pero nada estallará hasta llegar a la sangrienta batalla final.

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El problema es que la serie se juega todo a esa carta final, a ese duelo de titanes y mientras tanto rellena los capítulos con unos continuos y repetitivos giros de guion. A partir de la tercera temporada el espectador parece vivir un constante déjà vu con las idas y venidas de los personajes, las desconfianzas y traiciones, los mismos problemas y similares soluciones. Llega un momento en que no ofrece nada nuevo y cansa esta lucha de egos de dos señores de mediana edad, blancos y heterosexuales.

Por otro lado, tampoco queda muy claro qué es lo que quiere contar Billions más allá del enfrentamiento de estos dos personajes. No sé si es una crítica al capitalismo, a los multimillonarios, al abuso de poder, a los vacíos legales, a la lentitud de la justicia y su falta de recursos, a la oligarquía o a los valores americanos. No sé si es a todo o incluso a nada de esto, porque la serie va dando bandazos. A veces parece querer hacer una parodia de los criptobros, pero otras se toma demasiado en serio, especialmente con unos guiones que tienden al exceso y que llegan a bordar el ridículo. Para un espectador medio hay demasiada jerga económica y numerosos términos legales y empresariales que dificultan la tarea de seguir la trama. Pero sobre todo resulta cargante cuando se recurre a constantes citas y referencias para crear una analogía o plantear una moraleja. El ejemplo más evidente es el del personaje de Giamatti, que recita continuamente frases de batallas, generales y soldados. En lugar de quedar como un personaje culto, versado en la teoría del juego o las técnicas de guerra, parece como si tuviera veinte años más y estuviera obsesionado con los documentales bélicos.

Billions se presentaba como una serie de antihéroes, de personajes ambiciosos que se mueven en un mundo de grises y luchan por ostentar el poder mientras juegan al gato y al ratón, pero, lamentablemente, se queda en un melodrama repetitivo y aburrido. Aunque también es muy probable que yo haya cambiado mucho desde 2016 y así lo han hecho mis gustos o la interpretación que hago de las series. Quizá esta costumbre mía de verlas cuando están completas no juegue mucho a mi favor.

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