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Serie Terminada: Baron Noir

Oct 17, 2022
8 min read

A principios de siglo en la televisión se pusieron de moda series que se adentraban en los entresijos de la política desde diferentes ópticas. La que abrió la veda fue El ala oeste de la Casa Blanca, que concluyó en 2006. En la década siguiente se estrenaron Borgen en Dinamarca (2010) y Veep (2012), Scandal (2012) o House of Cards (2013) en Estados Unidos. Y, en 2016, cuando parecía que el género político estaba en decadencia, Canal+ Francia lanzó Baron Noir, una serie que narra los entresijos más oscuros de la política: corrupción, prevaricación, blanqueo de capitales, chantajes, compra de votos, financiación ilegal, manipulación, pactos secretos, traiciones, venganzas… Sin embargo, a pesar de que todas estas ficciones ponen en el centro la política, Baron Noir se diferencia de ellas en que es mucho más realista. Es un golpe de crueldad y realismo.


Catalogada como la mejor serie política francesa de la historia por la crítica nacional ha traspasado fronteras y ha sido altamente elogiada también a nivel internacional. En España ganó bastante protagonismo tras un tweet de Pablo Iglesias en Mayo de 2020 el que la calificaba de obra maestra. Desde entonces, la serie ha servido a analistas políticos para establecer paralelismos entre ficción y la realidad en nuestro país.

Acabada Baron Noir. No son tiempos quizá para hablar de series, pero esta es una obra maestra que me encantaría trabajar con estudiantes de políticas. Gracias por la recomendación @sanchezcastejon 😉 pic.twitter.com/FqKMRIWeA1

— Pablo Iglesias 🔻{R} (@PabloIglesias) May 26, 2020


Baron Noir es la epopeya política y judicial de Philippe Rickwaert, alcalde de Dunkerque y diputado socialista que ve cómo su mundo se tambalea después de ser sacrificado por Francis Laugier, su mentor y candidato a las Presidenciales, para salvar su elección. Se abre entonces una guerra interna en el partido en la que mientras que los dirigentes intentan echar a Rickwaert, este, que ha hecho toda su carrera en el Partido Socialista y durante mucho tiempo ha sido uno de los hombres de confianza de Laugier, utilizará su inteligencia y recurrirá a sus conexiones gestadas durante años para ganar la batalla política a los que le han dejado de lado y destronar al rey. Su mayor aliada será Amelie Dorendeu, la consejera del candidato.

La primera temporada teje una enrevesada trama centrada en esta traición y su posterior venganza. Es una lucha de egos, los de Philippe Rickwaert y Francis Laugier, en la que ambos jugarán sus mejores bazas recurriendo a tácticas y métodos que, en la mayoría de los casos, dejan la legalidad de lado. En esta guerra sin cuartel por el poder no faltan conspiraciones delictivas, chantajes, manipulaciones, falseados de datos, o puñaladas por la espalda. Ambos políticos tienen la capacidad de usar todo lo que les rodea sin preocuparse de los damnificados que dejan por el camino.

A diferencia de las series anteriormente mencionadas, Baron Noir no centra su narración en el centro de mando. Sí, hay escenas en el Eliseo, pero no son las principales. Se aleja del poder y centra su mirada en Philippe Rickwaert, un político corrupto, ambicioso, cínico y sin escrúpulos que, pese a partir de una posición de desventaja con todo el aparato del partido en su contra, sabe leer con claridad el tablero y propinar unos golpes de efecto formidables que logran tambalearlo. Colocar en el centro a este interesante antihéroe hace que la ficción francesa enganche desde el primer momento.


La historia está muy bien armada y va aumentando la tensión y el ritmo a medida que la trama se va enturbiando. Con tan solo ocho capítulos por temporada no hay tiempo que perder ni escenas de relleno; los diálogos son ágiles y, si no se conoce cómo funciona el sistema electoral francés, o no se ha prestado la suficiente atención a cada uno de los personajes que intervienen, Baron Noir puede resultar difícil de seguir.

Además, no hay que quitarle mérito a los dos intérpretes que encarnan los personajes principales. Niels Arestrup es un actor consagrado que tiene tres Cesars en su poder. Por su parte, Kad Merad, actor francoargelino que hasta convertirse en el barón negro era más conocido en su país por sus papeles cómicos, se carga sobre su espalda la mayor parte y muestra un espectacular despliegue actoral.

La segunda temporada es un poco menos frenética. Como si fuera un período de transición, de volver a colocar las piezas tras los movimientos sísmicos de la primera. Esta tiene más de política y menos de adrenalina, aunque la acción sigue centrada en los equilibrios de poder. En este caso Philippe Rickwaert intentará recuperar su carrera política buscando un nuevo líder que pueda ser un digno rival de Amélie Dorendeu, un personaje que poco a poco se fue haciendo más importante en la historia hasta convertirse en la primera mujer en llegar al puesto mas alto de la nación. Si en la primera temporada Philippe se había unido a ella (política y personalmente) para acabar con Laugier, ahora su misión será quitársela a ella de en medio.


Rickwaert y Dorendeu son dos personajes contrapuestos, como los son sus formas de entender la política. Él es un hombre carismático y curtido en las calles. De humilde origen obrero, proviene de una zona industrial fuertemente golpeada por la globalización (deslocalización, robotización y digitalización) en donde conoce cada colegio electoral de su circunscripción, cada líder sindical y cada una de las personas que colaboran en las campañas. Su personaje encarna el fin de la base sociológica e ideológica del voto. Por su parte, ella es una mujer de familia acomodada que se ha formado en Bruselas. Aunque arranca su carrera política en el Partido Socialista, su postura se corresponde más con el socioliberalismo de la tercera vía que con la socialdemocracia. Cuando llega al poder comienza un camino de recomposición que cada vez la acerca más al centrismo tecnocrático y divide más al partido. Representa a las élites económicas, a la casta.

A pesar de sus diferencias crearon un frente contra un enemigo común. Pero ahora, con este antagonista fuera de juego, vuelven a sus posiciones iniciales en busca de sus respectivos intereses. Y la lucha continúa en la tercera temporada, que recupera de nuevo ese carácter adrenalínico del comienzo de la serie.


La diferencia con respecto a la primera temporada es que ahora no es Rickwaert contra quien ocupa la presidencia, sino que ambos son espectadores de la irrupción de un nuevo actor político: el movimiento encabezado por Christophe Mercier, un youtuber que consigue llamar la atención de cientos de miles de franceses gracias a su verborrea antisistema y a su discurso populista que propone devolver la democracia al pueblo mediante la elección de la presidencia por sorteo. Mientras Rickwaert está entretenido intentando unir a la izquierda para destronar a Dorendeu y esta está centrada en acercarse más al centro y en mejorar su imagen, que según las encuestas muestran una desafección del electorado hacia su gobierno y su figura; a río revuelto, ganancia de pescadores. Y es que, como Mercier con su crítica a las instituciones atrae a un electorado de amplio espectro, no dudan, tanto desde la izquierda, como desde la derecha, en darle alas para que reste votantes a los contrincantes. La cuestión es que, en una época en que el análisis de los programas y el juicio reflexivo por parte de la ciudadanía ha dejado paso a un comportamiento regido por los sentimientos, ni una izquierda fragmentada y débil, desubicada y atrapada en debates internos, ni una Dorendeu que hace una política tecnócrata, carente de ideología y alma pueden rivalizar contra las emociones que despiertan los populismos.

Baron Noir presenta un escenario político donde la elección se halla entre revalidar la tecnocracia de Dorendeu y el populismo de Mercier. La desafección y el descrédito de la política ponen en riesgo la democracia y se abre un interesante debate entre el presidencialismo (un sistema en el que el poder está muy personalizado) y el parlamentarismo (donde quedaría más repartido). Aunque quizá el debate más importante, ya no de la temporada, sino de la serie, es el de para qué sirve la política. Y es que la propuesta de Mercier, que lo dejaría todo al azar, acabaría con la confrontación de ideas y de proyectos.

A pesar de que Baron Noir no teme en tratar temas polémicos como la corrupción endémica, la polarización, las divisiones internas en las distintas formaciones, las injerencias de la Unión Europea o los populismos; en realidad su gran acierto es que saca a la palestra temas que están en la agenda pública y que en realidad deberían solucionarse gracias a la política: la educación, la segregación racial y de clases, la separación Religión-Estado, la ecología, los Derechos Humanos…

Otro punto a su favor es la valentía de sus creadores, Eric Benzekri y Jean-Baptiste Delafon, a la hora de usar localizaciones y partidos reales (incluso aparece Podemos, con quien los representantes de la izquierda llegan a tener un encuentro en Barcelona) sin caer en eufemismos para no enfadar a nadie. Y caen palos a diestra y siniestra. Benzekri estudió Ciencias Políticas en Estrasburgo y se unió al movimiento de La gauche socialiste de Jean-Luc Mélenchon y Julien Dray, así que no es de extrañar que haya escrito sobre la fragmentación de la izquierda, pues es un terreno que debe conocer. Y aunque los personajes no son reales, claramente se puede ver en qué representantes políticos se basan. Sin ir más lejos, Philippe Rickwaert parece beber de Julien Dray, quien fue bautizado como Baron Noir tras intentar enfrentar a los jóvenes contra de un gobierno regido por su propio partido y de Patrice Carvalho, diputado comunista de Oise, que en 1997 entró a la cámara francesa vestido con su mono de trabajo.

Por su parte, Amélie Dorendeu, una figura de centro con la que nadie contaba, que sale de la nada y que por casualidad termina haciéndose fuerte y gobernando, sin duda está inspirada en Macron. Baron Noir fue capaz de anticipar la llegada de un centro reformista, como también vaticinó el hundimiento electoral del Partido Socialista por las divisiones internas. Michel Vidal funda un partido a la izquierda de los socialistas, lo cual recuerda a Mélenchon y su Francia Insumisa.

Como decía más arriba, lo que engancha de Baron Noir es el retrato hiperrealista que hace de la actualidad política su carácter de actualidad y su capacidad de reflejar la política desde dentro. Y no solo por el hecho de que se haya dejado inspirar por algunos acontecimientos, sino porque, incluso cuando son pura ficción, resultan verosímiles. Es inevitable realizar comparaciones entre la serie y la política actual tanto francesa como española. Aquí también tenemos diferentes corrientes en el Partido Socialista (no hay más que recordar el Comité Federal del PSOE de 2016 y la pugna entre los barones a favor de Susana Diaz y los que estaban de lado de Pedro Sánchez), la división de la izquierda con nuevos partidos a la izquierda de los socialistas, populismos, políticos que cambian de siglas, tácticas para llegar a la presidencia, escándalos de corrupción, financiaciones ilegales, mociones de censura, agitadas campañas electorales…

Baron Noir acepta con este tono y se diferencia de Borgen, que es mucho más idealista. En la ficción gala no hay un debate sobre la ética del dirigente ni sobre qué se merece la ciudadanía, sino que todos los políticos tienen un lado oscuro. Nada tiene que ver Birgitte Nyborg con Philippe Rickwaert. Es verdad que el francés evoluciona a lo largo de las temporadas y acaba haciendo un alegato a favor de la política y la democracia (aunque en el fondo nunca había olvidado sus orígenes humildes y por qué se había comprometido a hacer política para la gente de a pie), pero sus métodos son muy diferentes. Rickwaert es un personaje magnético y embriagado por la erótica del poder (que no necesariamente de lo económico) que luchará por estar en lo más alto. Le cueste lo que le cueste y salpique a quien salpique.

Lógicamente es una serie que atrae a cualquier amante de la política y de la actualidad, pero más allá de su temática y su transfondo, no deja de ser un buen thriller en el que destacan las luchas de poder, las mentiras, las conspiraciones, las manipulaciones en la sombra, las grandes traiciones y las venganzas planeadas a fuego lento. Baron Noir es incisiva y profunda, con unos guiones bien asentados y unos giros argumentales inesperados. Es una de esas series que te atrapan desde el inicio y que se disfrutan por todo lo alto. Además, con tan solo 24 capítulos se ve muy bien en modo maratón captando mejor la esencia de tanto enredo. En definitiva, Baron Noir es un pedazo de serie que no me canso de recomendar.

 
 
 

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