SECUESTRARON LA DEMOCRACIA Y LA JUSTICIA UNIVERSITARIA MUCHO TIEMPO

Estudiante de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP
De niño escuche trova por mis padres, recuerdo cómo mi mamá me contaba de cuando fue a la universidad y los alumnos cantaban esas canciones en las protestas. Año 59, decía mi padre con tristeza y un día encontré entre unos libros un panfleto que decía “UAP”.
Un día también se convirtió en el pretexto para no comprarme libros, porque antes la universidad no costaba nada y todo lo que pagaban ahora, estaba de más. Decía mi madre entre dientes el nombre de la gente que se vendió. Un viaje a la chingada decía, un negocito de porquería, eso les dieron a los pobrecitos.
Yo nunca pensaba muy profundo en todo eso, porque al parecer el mundo ofrecía cosas más interesantes, más grandiosas. Leí la utopía de Huxley y me enamoré del desperfecto de cada uno, ahí estaba una galaxia y una historia casi siempre triste.
Resultado de ese hallazgo literario me obsesioné con la utopía y poco a poco casi sin esfuerzo porque para escribir poesía no se necesita más que cariño, caí en el absurdo y en la nada. Y entonces entré a la universidad.
Por esa edad ya no creía en el país, había dejado de ser patriota desde que en la primaria me obligaban a estar parado al cantar el himno nacional a las siete de la mañana. Solo habían crecido las razones con el paso del tiempo y ahora sí tenía mucho de que acusarlos; desde el 68 en Tlatelolco que asustó a mis padres, hasta Ayotzinapa y el caso de los estudiantes en San Miguel Canoá, Los del 132 y otros miles más de muertos y violencia cercana.
Ahí ya miraba a la policía con recelo y con ira desquiciada. Pero entonces puse mi conciencia en manos de la ciencia y la razón. No sabía que a los policías no les importaba nada más que un nombre o una pellizcada y esperaba que la universidad me salvara por mis propios méritos de la pobreza padecida de infante. Siendo abogado me amparaba la justicia y me daba de comer el bien.
Mis padres estarían orgullosos y trabajaría por algo más que migajas. Alguien que creció aquí y que pertenece a la BUAP, sabe que la vida en México es dura. El trabajo es escaso y mal pagado, arduo, jornadas completas, la forma en la que todo pasa va más allá de lo que todos ven, y aquí es cuando se complica la cosa, porque entonces uno tiene que ir desenvolviendo la madeja de los hilos de la corrupción.
Uno sabe que la cadena de mando se establece a billetadas, y aquí el que no tiene nada va para el final siempre. Reparte bien tus fondos y podrás estar de fondo en la presidencia, cómo títere. Y cuidado porque tantito protestes también acabas en el fondo, pero de una fosa.









La vida en México es maravillosa, pero hay rumores de que matan gente, mujeres, estudiantes y esto en verdad es preocupante, pues por eso salen a marchar todos los ciudadanos con el corazón en mano y la tristeza y la preocupación de la vida diaria les da un brillo antihumano.
Cuando entré en la universidad, en lugar de hallar refugio me asusto más la vida, porque entonces el que idealicé como un lugar sagrado se había convertido en un agujero de ratas; descubrí que esta parte del mundo también era liderado por la vileza y la violencia y que los estudiantes al tener aspiraciones podridas eran fáciles de persuadir y engañar.
Me di cuenta de que el rector gastaba en caprichos mientras en los baños no había papel, mientras los edificios se caían de viejos y los cables salidos adornaban un lugar viscoso, el EMA8.
Cuando quise tomar clase y me encontré con la prepotencia en persona durante varias materias, el abogado que se creé cosa sería resulta que es machista porque a las mujeres debe parecerles insoportable… Escuché el llanto de las chicas en el baño y vi al profesor agarrarle la pierna o la mano a mi amiga; ahí sí exploté de ira.
Reventó la única salida que tenía y comencé el desvió de atención y la estrategia del sometimiento. Me decepciono ya tanto la vida que entonces solo vagaba y huía de la universidad, llegaba y me iba, llegaba y me iba. Solo de pronto con los amigos, me llegaba el rumor de otro maestro acosador o de otro abuso de poder, decía mi hermano: “que los porros me quieren joder” y a la semana se lo jodían, por que entre ellos elegían los consejeros y a quien se oponía lo violentaban.
Llevaba mi carrera con paciencia, pensando terminar de una vez y nunca más aparecer en un lugar que presume su nombre, pero esconde secretos tan nefastos ¿Dónde queda el conocimiento que se supone impregna el espacio universitario?, ¿dónde queda nuestra autonomía?, ¿dónde queda nuestra libertad?
En mi facultad, la democracia estaba secuestrada y cada uno vivía sabiéndolo de oídas hasta que nos unimos. De pronto platicamos entre alumnos por primera vez y nos dimos cuenta de que estábamos molestos por las mismas cosas, hicimos un pliego de peticiones concreto y tenemos evidencia, por eso exigimos que se nos atienda lo más pronto posible.
Los estudiantes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla han entrado a la lucha contra los corruptos que nos acosan desde siempre, somos historia y juntos vamos a hacer historia.
No volveremos ser herramientas para movimientos político, los estudiantes ya despertamos y no nos van a mover hasta que se acabe el abuso y el acoso y se cumplan las demandas de quienes somos la universidad.
No queremos repetir la historia de nuestros padres, no nos vendemos porque no tenemos representantes y porque entre todos entendemos mucho mejor, la idea de que nos apoyamos para un bien común: SECUESTRARON LA DEMOCRACIA Y LA JUSTICIA UNIVERSITARIA MUCHO TIEMPO, PERO YA ESTAMOS UNIDOS.
Queremos asegurar el futuro de quienes nos conforman y el de los estudiantes que apenas vienen. Queremos una universidad libre de acoso y libre de corrupción, y así como un país libre de acoso y de corrupción, por eso, este día tomamos la lucha los universitarios para darle un ejemplo al país: No vamos a repetir el legado de muchos, no vamos a vivir de pellizcadas, buscamos paz, para poder vivir y que todos vivan mejor.

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