¿SE PUEDE LOGRAR LA FELICIDAD?- REFLEXIONES SOBRE EL OCIO COLECTIVO
El ejercicio moral más básico siempre ha sido elde valorizar la existencia, naturalmente; el permitir una vida plantea lainmensidad.
Cuando a un individuo se le permite el dominio sobre su vida, convergen unacantidad inmensa de posibilidades sobre su futuro. El nacer es una apuesta y aprimera instancia no es el ser mismo el que críe su entorno, la realidadmaterial que precedió a su alumbramiento ya le definen de distintas maneras yal menos en nuestra época, si bien los peligros han cambiado y no es la sobrevivenciael punto medular de nuestras actividades (como en aquellas en que lasherramientas eran inferiores) nace un nuevo paradigma: el de la satisfacción.
La mente humana es comparable con los asentamientos de agua, de forma biológicael equilibrio natural muestra que los estancamientos son en mayor medida segúnlas especies para los cuales son habitad – el mar alberga monstruosindescifrables y los charcos apenas y unos cuantos renacuajos- a mayores especímenes mayores necesidades ycomplejidades para su desarrollo… Lo mismo sucede con las mentes que circulanen cada determinada época, éstas acoplan sus pensamientos por determinadasnecesidades y las ideas del colectivo son mayormente profundas y paranoicas segúnel nivel de alerta que haya de estar frente a la realidad en que les ha tocadoser.
Para desarrollar mis pensamientos he tenido que cruzar por diversas escalasde mi propio fenómeno, de los cuales puedo enunciar ciertos parámetros queintervienen directamente en mis planteamientos: mi realidad actual es la de unpaís latinoamericano, mi clase social no equipara a la de las altas y misalcances académicos pueden ser bastante inferiores de quienes desarrollen quizáestos mismos, solo que con mayor audiencia. Pero esto puede suponer una ventajapara ambos (quien me lea y yo quien expone) puesto las ideas que intercambiemosserán íntimas y de igual a igual.
Suponer clarividencia sobre la vida de alguien, solo puede lograrse por medio de un ejercicio de poder y en este acto existen dos posibilidades: que sea impuesta o que sea provocada. Incluso anterior a los poderes hoy reconocidos (y de los cuales no hablaremos puesto conllevan un ejercicio totalmente diferente) como ya hemos explicado, el hombre ha sido expuesto a una limitante en sus decisiones desde el hecho brutal de existir; nadie le preguntó si deseaba la existencia (lo que puede resultar en contrariedad puesto no puede decidir sin que antes tenga una consciencia previa y que exista algo superior a esta) y en segundo lugar, todo aquello que debía realizar para conservar su existencia tiene inmerso una sarta de dolor.
La humanidad nace del sufrimiento (el parto ) y posteriormente esenfrentado a luchar con sus condiciones preestablecidas, en un mundo basado enla superación del prójimo. El equilibrio que se ha dado para el convivir delhombre, empieza con la creación de la pertenencia y la satisfacción. Un hombreencuentra placer en aquello que le asegura que prevalecerá (el sexo, porejemplo) y así mismo, en el perdurar de aquello que reconoce como suyo: lafamilia, su obra, sus bienes… El sufrimiento legitima el acceso al placer yesto ha sido desde el inicio de nuestra conciencia: si bien los medios hancambiado, las imágenes son las mismas; primero existen batallas y despuésquienes poseen.
Hasta ahora podemos comprender que, si bien el dolor es aquello que evita deprimera mano el hombre, es también aquello que sirve de valorización de laexistencia. Hemos sido arrojados con sufrimiento al mundo, pero elreconocimiento del esfuerzo es el analgésico.
Ahora bien, anidamos insatisfacciones a costa de nuevas satisfacciones, sin siquiera plantearnos lo querido por nosotros mismos. Al menos el primer hombre en la tierra pudo llegar a conocerse y establecer que sus anhelos eran no más que necesidades básicas más la supervivencia, pero es aquí donde nuevas valorizaciones nacen: el hombre se vislumbra superior en mente por sobre el resto de los animales y así también sus placeres cambian.
La madre de todos los sufrimientos es la necesidad, la bondad se alberga primeramente en las almas con mayores comodidades ¿Qué pasaría entonces si las condiciones fueran establecidas iguales desde el nacimiento?, o aún más complejo, equitativas. El caos que disipó la competencia se vería comprometido, puesto en nuestra época el hombre secular se conforma con los anhelos más simples y deja el crecimiento de su existencia a quienes parecen haber sido comprometidos por sus condiciones preestablecidas, a superarse.
En este punto podríamos vislumbrar que tal vez no es que existan seres superiores, sino seres que han sido criados con condiciones superiores de aprendizaje y de herramientas. Sin embargo, el hombre parece siempre tener comportamientos distintos en algunos individuos ¿Qué consciencia habrán despertado, ajena al común denominador? Lo que aquí se propone, es la superación del ocio.
El ocio comprende actitudes muy similares a las del hombre primitivo: sus ambiciones no son sino las mismas que las de la supervivencia, solo que a escalas de la época que transite.
En las clases inferiores la superación del ocio es mayormente apagada por la cotidianidad del resto, sin embargo vuelve a valorarse el sufrimiento y a medida que este se enfrente, es posible un mayor alcance de sus posibilidades. La apuesta es mayor ahora, porque el reconocimiento es mayor, no obstante, no hay mucho que cambie, pues incluso en escalas superiores de confort, siempre habrá un silbido permanente de la vida, que no importando la cima de placeres alcanzados, no es sinónimo y es indescifrable su pertenencia: la felicidad.
Es aquí donde puede encontrarse el quiebre eterno: Aún sin sufrimiento,¿puede el hombre alcanzar la plenitud? Puedo aseverar que no.
Incluso en la cúspide del hambre humana, el nacimiento de nuevos placeres sale a relucir y una nueva carga axiológica se anuncia a la par: Porque aún en el ocio merecido, hay espacio para la codicia, la vulgaridad, la depravación sexual, la enfermedad resultante del desgaste, el placer en la sublevación del otro, etc…
Hemos establecido que existen fuerzas ajenas a las del hombre, que establecen necesidades y dan nacimiento a deseos y equilibrios. Pero estas fuerzas no soportan la amplitud de la apuesta que es la vida; el ocio es repudiado en las primeras instancias de nuestro crecimiento, siendo el sufrimiento el camino para llegar al ocio merecido.
Habiendo sido impresionado por la inmensidad de la existencia, queda para mí un ultimo ruego: ¿Quién me preguntó? Saciado por todos aquellos analgésicos: para algunos pueden ser las drogas, el arte; para otros la familia, el sexo acostumbrado; y en casos distintos el deporte o el mismo trabajo.
Sin importar las repercusiones de nuestros vitales somníferos (aceptados orepudiados por la sociedad), la fatalidad de nuestra existencia, nunca serásuperada y la insatisfacción del hombre, la única enfermedad que vale la penatratar…
– Fósforo III

.png)




Comments