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Road Trip por Islandia XXXII: Día 14 IV Parte. Selfoss y Reikiavik

Jun 17, 2020
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Abandonamos el Parque Nacional de Þingvellir y pusimos rumbo aSelfoss, una de las mayores poblaciones de la zona. No encontramos mucho que ver aparte de su iglesia (Selfosskirkja), un parque y un puente colgante más histórico que atractivo.

El Puente colgante Ölfusárbrú sobre el río Ölfusá fue construido en septiembre de 1981 convirtiéndose en la se septiembre 1891 se convirtió en la construcción más grande del país. Gracias a él, la ciudad experimentó un gran crecimiento, pasando a ser la localidad más grande e importante del sur de Islandia centralizando el comercio y la industria de la zona.

Durante la II Guerra Mundial las tropas británicas, establecidas en Selfoss, se encargaron de protegerlo. Aunque eso no impidió el el 5 de septiembre de 1944 colapsara después de que se rompieran sus cables y hubiera que reconstruirlo. Fue reinaugurado el 21 de diciembre del 45.

Aprovechamos la parada en Selfoss para hacer compra en un Krónan y volvimos a la Ring Road rumbo aHveragerði, un pueblo junto al río Varmá que está rodeado de aguas termales. Gracias a la presencia de estas, la pequeña localidad tiene un clima bastante benevolente. Y como además la tierra es rica en minerales es un buen lugar para el cultivo de plantas, frutas y hortalizas.

En las afueras se ve cómo la colina humea, por lo que seguimos el camino que nos llevaba a la zona donde abundaban columnas de vapor.

Dejamos el coche en un pequeño aparcamiento y seguimos un sendero que nos acercaba a las fumarolas. Cerca había unas piscinas y de la zona salían también rutas de senderismo por el área de Hengill. 

Como no teníamos tiempo ni para una cosa ni para otra y además el clima no nos acompañaba, volvimos a la carretera para intentar llegar a Reikiavik con luz, aunque no nos quedaba mucha tarde por delante.

Una hora después, sobre las 6 de la tarde, estábamos aparcando de nuevo en la primera calle que el primer día. Como ya sabíamos que ahí no había que pagar por el estacionamiento y que no nos quedaba lejos del centro, no nos complicamos mucho la vida. Aunque habíamos visto lo principal de la capital, lo cierto es que se nos habían quedado algunas cosas por ver, así que pusimos rumbo a la calle principal, la Laugavegur.

Con pocas horas por delante en el país, nos tomamos este paseo con más calma, observando las peculiares casas de colores, algunas más altas, otras más bajas, unas familiares, otras convertidas en negocio, pero todas con cierto encanto nórdico.

Anduvimos por las calles peatonales delimitadas por unas vallas con bicis y en las que predominaban locales comerciales en ambas aceras. Hicimos alguna compra de recuerdos de última hora y obviamos los restaurantes, ya que teníamos que gastar fideos de los que nos habíamos llevado de España.

El primer día nos habíamos dedicado a pasear por la parte comprendida entre el Lago Tjörnin (y sus alrededores), el puerto y la calle Snorrabraut, así que nos dirigimos más allá del lago, al cuadrante comprendido entre el Alþingi y el Puerto Viejo, tomando la calle Bankastræti.

En el cruce con la calle Lækjargata nos encontramos con el Stjórnarráðið, la oficina del Primer Ministro, frente al que se erige la estatua de Hannes Þórður Pétursson Hafstein, político y poeta islandés que en 1904 fue el primer islandés en ser nombrado miembro del gabinete danés como ministro de Islandia y responsable ante el Alþingi.

Continuamos por la Austurstræti, una calle muy animada por los restaurantes que ya estaban preparando sus mesas para el horario de cena.  Aunque aún se conservan las típicas construcciones de madera típicas islandesas, se intercalan entre otras más modernas, sobre todo de bancos.

Llegamos hasta Víkurgarður, también conocido como Fógetagarður, uno de los parques públicos más antiguos de la ciudad que en su origen fue un cementerio y albergaba una antigua iglesia que estuvo en pie de 1200 a 1789. En él se encuentra el árbol plantado más antiguo de Reikiavik, que data del verano de 1884. Sin embargo, lo encontramos tapiado porque se iba a construir un hotel. Solo se veía la estatua de Schierbeck.

Volvimos sobre nuestros pasos y nos paramos en Bernhöftstorfan, donde se ubican una serie de casas que fueron locales comerciales y que datan de 1834. Iban a ser destruidas en la década de los 70 con la nueva planificación urbanística (habían sufrido por un incendio), pero fueron reconstruidas y en 1979 se convirtieron en Patrimonio Nacional. Junto a las casas había un jardín, donde se instaló una bomba de agua que facilitó mucho la vida a la gente de los alrededores. Desde 2011 hay en su recuerdo una estatua de Sveinsson en honor a las aguadoras que acudían a la fuente a diario.

Para finalizar la visita a Reikiavik, regresamos a la Hallgrímskirkja, esta vez recorriendo el arco iris pintado en el suelo.

Finalmente pasadas las 8 de la tarde, ya casi sin luz, volvimos al coche para dar por concluido nuestro viaje. Para la última noche habíamos elegido el Bed and Breakfast Keflavík Airport Hotel, que se ubica junto al aeropuerto, ya que teníamos el vuelo a las 9 de la mañana. De esta forma no necesitaríamos reservar traslado, simplemente entregaríamos el coche antes de facturar.

Un poco antes de llegar al hotel paramos en una gasolinera para llenar el depósito y así no tener que hacerlo a primera hora y en una gasolinera próxima al aeropuerto, donde los precios serían superiores. El cuentakilómetros marcaba 320,3 para aquel día. Nos habíamos metido buena tunda con la tontería y entre unas cosas y otras acabamos llegando al alojamiento a las 9, por lo que tan solo nos dio tiempo a darnos una ducha, hacer el equipaje, cenar unos fideos chinos e intentar descansar algo antes de que el despertador sonara a las 5:30 de la mañana.

El hotel parecía bastante moderno en la recepción, sin embargo, en las habitaciones se notaba su antigüedad. El espacio era bastante amplio y estaba limpio, pero la moqueta, los armarios y el baño denotaban un aire años 70. Para el uso que le íbamos a dar, nos vino perfecto.

 
 
 

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