¿REY LEÓN O BELLA DURMIENTE? DISNEY DESPIERTA TU MADUREZ SEXUAL
Se dice que El rey león tomó su trama de Hamlet y es cierto, pero entonces podemos decir que Hamlet tomó su historia del mito creacionista Egipcio o que todas las historias se refieren a un pasado inconsciente y repetitivo al que Jung llama arquetipos. La verdad es que pocos son los que no hemos sido Simba, perdiendo el tiempo con amigos torpes y flacuchos, comiendo chetos mientras tu reino se viene abajo. Claro que a menos de que nos esté leyendo un Jeque árabe, ninguno de nosotros tiene una linda parcela africana a nuestro nombre (inclusive, algunos ni siquiera tenemos casa propia) sin embargo, algo que no es posible arrebatarnos y que no distingue clases sociales es el potencial (indefinible, imposible de contener y medir). El potencial es lo que lleva a un orfebre a ser militar de la noche a la mañana o en el caso de Mussolini, de ser maestro a dirigir un país.
A menudo el potencial se asocia con una figura arquetípica, en este caso, un niño. Aquel es potencial puro, pero no está realizado, es como una masa de barro que no es ni comal ni jarra, sino amorfo. Esta base amorfa es el punto de partida de muchas historias que han llenado de Mickeypesos algunos bolsillos florideños. Por ejemplo Peter Pan, el barro que se niega a tomar forma y vive en un mundo de fantasía, o Pinocho, la marioneta que se soltó las cuerdas con tal de ser de carne y hueso. En el caso de estos dos parece haber un cierto componente de orfandad implícito en sus tramas ¿Pero qué hay de los padres? ¿Qué implican los creadores de Disney al presentarnos una madrastra terrible o a un padre hecho de nubes conjurado por un mono nudista?
Mufasa es un gran padre, el noble rey saca a pasear a su hijo y le presume sus pics de recién nacido a todo mundo, sin embargo, no todo está al alcance de las garras del joven león y desde pequeño se le advierte que no se acerque a la parte oscura (los suburbios de la sabana, por así decir). Cuando Simba decide explorarlos Mufasa muere, alejándolo de la autonomía y la responsabilidad. Simba crece Hakuna matatéando sus deberes y eso le basta hasta que encuentra a Nala, quien le lanza una mirada de deseo y entonces entiende que comiendo bichos no la arma – Si quiere ser deseable, tiene que llenar su potencial y dejar atrás su adolescencia.
En el caso de La Bella Durmiente la idea es aún más clara, al nacimiento de la princesa se invitan a todas las fuerzas que componen la vida: la mente, las ideas y la naturaleza hermosa, pero claro, despistados reyes, olvidan invitar a la malicia. Éste cuadro es demasiado familiar en una era en que los hijos únicos de padres entrados en años, son más y más comunes, y al mismo tiempo que las familias de seis hijos son cada días más raras. La bella durmiente, tan cuidada y aislada de todo lo malo que podría pasarle, es una hija sobreprotegida.
Por supuesto no sabe nada de sexualidad, al punto que su primer encuentro con un apuesto príncipe la pone en shock. Seguido de enamorarse de un sujeto que acaba de conocer, se la “pinchan” con una aguja muy afilada y cae dormida (inconsciente). Ambos hijos únicos están sumidos en la evasión y mientras lo estén, no pueden ser pareja de nadie.
De la misma manera que a Aurora la despierta un príncipe, a Simba lo revive Nala. En ambos casos se nos expone (de modo penosamente heterosexual) que si queremos ser deseables es indispensable atrevernos a salir de la cuna que nos arropa, arrojarnos valientemente a ser directos y a perseguir los objetivos de nuestra ambición.
Todos tenemos potencial desperdiciado: si como yo estás en tu habitación, puedes mirar a la izquierda o a la derecha y encontrarás bolsillos de caos que no has resuelto, cosas que puedes usar o tirar. Esto no quiere decir que ninguno esté listo para la vida en pareja, sino que a la hora de buscar a ése alguien especial, ayuda mucho buscar a alguien que nos presente cierto reto – Alguien por quién nos miremos al espejo como un ladrón maestro animándose a dar el golpe del siglo.
Según nos plantea ésta nueva mitología, necesitamos a alguien por quien valga la pena ser honestos con nosotros mismos. Sin el afán opresor de un padre amargado o la excesiva benevolencia de una madre sobreprotectora. Mirarnos de manera objetiva para alcanzar nuestro potencial.
Por mi parte, celebro el amor en dos dimensiones o en tres y ahora me despido para buscar fotos sensuales de leonas, para sobrellevar ésta inmadura soledad.
– Luis Emilio Lino

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