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Resumen viajero 2022

Feb 15, 2023
12 min read

Siguiendo la tónica de 2021, en 2022 apenas hemos viajado. Nuestras prioridades y economía estaban centradas en vender el piso en el que habíamos residido los últimos diez años y comenzar la reforma de la nueva casa. Así, lo poco que nos hemos movido ha sido siempre por el territorio nacional y en escapadas de como mucho un fin de semana. En este caso empezamos y acabamos el año en Castilla y León, visitando Segovia y Ávila respectivamente, dos ciudades monumentales a un paso de Madrid. Entre medias un fin de semana con los amigos en un pueblecito de Cuenca y un viaje con amigas por tierras extremeñas. Vamos a repasar 2022, aunque ya estemos en febrero.

Como decía, arrancamos el año en Segovia. En realidad fue donde acabamos 2021, ya que nos fuimos con la familia a una casa rural a celebrar el fin de año. Y aprovechando que el día 1 de enero amaneció despejado (demasiado para esas fechas), nos dimos un paseo por el casco antiguo para bajar los excesos de las celebraciones festivas. En aquel recorrido desde el Acueducto romano hasta el Alcázar no pudieron faltar monumentos como la Casa de los Picos, la iglesia de San Martín, la Catedral o la iglesia de San Andrés.

Pero Segovia es una de esas ciudades en las que no solo son relevantes los edificios más significativos como pudieran ser los eclesiásticos o de la vida civil, sino que perdiéndose por sus calles se encuentran pequeñas joyas en los lugares más recónditos. En este caso no es raro doblar una esquina y verse ante fachadas esgrafiadas. Esta técnica, cuyo origen es el mudéjar y que alcanzó su punto álgido en el Renacimiento Italiano, predomina especialmente por las calles Muerte y Vida, San Francisco, Calle Real, Fernández Ladreda o la Plaza de San Martín.

Gracias a que a mediados del siglo XIX el Ayuntamiento de Segovia obligó a los propietarios de las casas de la zona intramuros a que mejoraran el aspecto exterior de sus viviendas hoy se conservan maravillas como los restos del Alcázar, del Torreón de Lozoya, del Palacio del Conde Alpuente y del Palacio del Conde Cheste, todos ellos del siglo XV.

Pero si por algo destaca Segovia es por el Acueducto, construido en el siglo II para llevar el agua a Segovia desde el manantial de Fuenfría. Declarado Patrimonio de la Humanidad (junto a la ciudad vieja de Segovia) en 1985 por la UNESCO, cuenta con una longitud total de 17 kilómetros desde su origen en la sierra y es uno de los más emblemáticos de la Península Ibérica, además de uno de los que en mejor estado se conserva. Que esta impresionante obra de ingeniería aún siga en pie diecinueve siglos después se debe en gran medida a que en 1992 se prohibió el paso del tráfico bajo sus arcos. Hasta entonces en él confluían cinco carreteras y acababa sufriendo, no solo los daños de los humos y la contaminación, sino también daños físicos como golpes, raspados e incluso accidentes.

A unos 60 kilómetros de Segovia hicimos una parada en Coca, un pequeño municipio de unos 2000 habitantes con una rica historia y un importante legado arqueológico y artístico. Ubicada en lo alto de un promontorio sobre los ríos Voltoya y Eresma, esta importante urbe prerromana está declarada Conjunto Histórico y Bien de Interés Cultural. La ciudad estuvo amurallada en la Edad Media y de aquella época aún se conservan unos 200 metros y la Puerta de la Villa o Puerta de Segovia.

Su mayor atractivo es su castillo de estilo gótico-mudéjar construido en el siglo XV y declarado Monumento Histórico Nacional en 1928. Con una planta irregular, ya que se aprovecharon las paredes de la muralla defensiva de la villa en sus lados sur y oeste, queda dividido en tres zonas defensivas: el potente foso de más de veinte metros de profundidad y dos recintos amurallados con torreones.

A diferencia de la mayoría de los castillos, que suelen erigirse sobre un promontorio para ejercer de forma más efectiva su labor defensiva, este de Coca se halla en un terreno llano y abierto al extremo occidental del casco urbano.

Otros lugares que visitamos en la ciudad fue su Plaza Mayor, donde se halla el conjunto monumental formado por el edificio porticado de la Casa de la Villa y la Iglesia de Santa María la Mayor, construida en el siglo XVI sobre los cimientos de una iglesia románica del siglo XII como capilla funeraria para la familia de los Fonsecas. También los restos de la Iglesia de San Nicolás, de la que hoy en día solo queda en pie el campanario mudéjar que sirvió como atalaya defensiva en su día gracias a su ubicación privilegiada cerca del Valle del Eresma.


En las afueras nos quedó por ver – porque ya se nos hizo de noche – los restos de la Domus Romana, lo que, posiblemente, fue la residencia de un magistrado municipal del antigua ciudad romana de Cauca. Quizá para otro momento.

El siguiente viaje que hicimos fue en primavera. El fin de semana del 13 al 15 de marzo de 2020 teníamos prevista una escapada a un pueblecito de Cuenca con los amigos y los niños. El problema es que justamente ese día 13 se decretó el confinamiento por la COVID-19 y no pudimos salir de Madrid. La mujer que alquilaba la casa nos devolvió el dinero sin problema, pero decidimos que cuando ya pudiéramos viajar, íbamos a retomar esta salida volviendo a reservarla. Y así lo hicimos.

Durante nuestro alojamiento salimos a pasear por el pueblo y a que los niños desfogaran, pero sin mucho afán por turistear. Sin embargo, el día de nuestro regreso a Madrid aprovechamos para hacer una parada en Uclés, una pequeña villa de orígenes celtíberos y romanos que se encuentra a mitad de camino entre la Serranía de Cuenca y las planicies manchegas.

Allí, en lo alto de un cerro donde ya en la antigüedad existió un castro celtíbero y donde los musulmanes construyeron un castillo, se encuentra el Monasterio de la Orden de Santiago, un conjunto monumental formado por la iglesia, el edificio monacal y restos de la antigua fortaleza.

El monasterio tiene una planta cuadrada que se articula en torno a un patio central, un claustro del siglo XVIII que cuenta con treinta y seis arcos de medio punto. Su parte superior está cerrada por balcones y en el centro destaca un aljibe de piedra caliza y decoración barroca que ostenta en su parte superior el escudo real a un lado y en el otro el de la Orden.

Alrededor de este patio se abren las dependencias más notables. Una de las portadas conduce al refectorio del siglo XVI, otra a la escalera regia de estilo barroco y una tercera a la iglesia de una sola nave de planta de cruz latina.

Los caballeros santiaguistas en realidad apenas pudieron habitar el monasterio. Las obras concluyeron en 1735, bajo el reinado de Felipe V, pero el siglo XIX fue muy convulso para el conjunto. Primero la famosa Batalla de Uclés en 1809 que concluyó en saqueo, después la Guerra de Independencia y la invasión de las tropas napoleónicas que arrasaron con todo y finalmente en 1836 la desamortización de Mendizábal. La Orden de Santiago tuvo que abandonarlo de forma forzosa provocando que la comunidad santiaguista quedara disuelta. Desde entonces el conjunto ha sido seminario, hospital durante la Guerra Cicil, cárcel para prisioneros políticos entre el 39 y el 43 y seminario de nuevo entre 1949 y 2012.

Hoy este conjunto arquitectónico conocido bajo el sobrenombre de El Escorial de La Mancha se puede visitar, y aunque cuenta con algún apoyo audiovisual y paneles informativos, la falta de mobiliario hace que el recorrido resulte un poco desangelado.

Ya casi acabando el año, en el mes de octubre, me fui un fin de semana con un par de amigas al pueblo de una de ellas, en la provincia de Cáceres. Extremadura es una de esas comunidades a menudo olvidadas cuando se planean escapadas, sin embargo, la provincia de Cáceres está llena de pueblos con encanto que merece la pena visitar. En nuestra breve escapada dedicamos el sábado para conocer Hervás, Granadilla y las ruinas de Cáparra. Como aún no se había cambiado la hora, aprovechamos bien las horas de luz que el día nos brindaba.

En Hervás hicimos una visita guiada con una entusiasta lugareña que nos habló de la historia del Valle del Ambroz, de los primeros asentamientos, de cómo la ciudad creció en la Edad Media gracias en parte al comercio textil y, sobre todo, de la gran herencia cultural judía desde la llegada de estos a finales del siglo XIV. Es cierto que muchos se marcharon tras el Edicto de Expulsión de 1492 de los Reyes Católicos, pero algunos decidieron quedarse tras convertirse (o aparentar hacerlo) al cristianismo, por lo que muchas de sus tradiciones y costumbres han llegado hasta nuestros días.

En 1969 el casco histórico de Hervás fue declarado Conjunto Histórico Artístico gracias a que es uno de los más y mejor conservados de España. Todas las calles conservan el trazado original por lo que no es raro encontrar recovecos, de travesías angostas, irregulares y empinadas, pasos muy estrechos entre calles y callejones. En el recorrido predominan casas entramadas con vigas de madera y tejas cuyas fachadas quedan adornadas con símbolos que recuerdan su pasado. Así, no es raro encontrar letras y nombres en hebreo, menoráhs o cruces de David. Incluso los nombres de las calles hacen alusión a aquella época de convivencia entre ambas religiones.

Además de este legado patente en las calles de Hervás, en el pueblo también destaca la Iglesia Fortaleza de Santa María, un templo que queda completamente rodeado por una muralla y desde cuyas inmediaciones se puede ver no solo el pueblo sino las sierras que lo rodean.

Un pueblo de postal.

La siguiente parada en la escapada extremeña fue Granadilla, una villa fortaleza medieval fundada en torno al siglo IX por los musulmanes como avanzadilla militar y defensiva. Tras varios siglos de dominación musulmana, fue conquistada por el rey Fernando II de León, quien la dotó de una gran muralla y le concedió el título de villa en el año 1170 llamándola Granada. Tiempo después le arrebataría la Granada andaluza la denominación y pasaría a llamarse Granadilla.

La peculiaridad es que todo el pueblo queda intramuros, pues todas las calles convergen radialmente hacia la plaza. La muralla, de 924 metros y una altura media de 7, tiene una forma prácticamente circular, ligeramente elíptica, y conserva su trazado íntegro tras las restauraciones realizadas. Hay una buena parte que puede recorrerse sobre su parte superior, lo que permite ver el pueblo con una perspectiva diferente.

Junto a la puerta al noroeste, se erige un castillo del siglo XV, a cuya torre se puede acceder. El interior estaba vacío y oscuro, pero desde la planta superior pudimos disfrutar de unas magníficas vistas de la localidad, así como del embalse de Gabriel y Galán. Lamentablemente, con la falta de lluvia de este año, el embalse iba prácticamente seco.

La peculiaridad de Granadilla es que para la construcción del embalse el franquismo expropió no solo las tierras que iba a ocupar, sino también todo el pueblo, que se esperaba que quedara inundado. Así pues, tras la marcha forzada de sus habitantes quedó totalmente abandonado. Aunque las previsiones no se cumplieron y nunca llegó a quedar bajo el agua, lo cierto es que sí se quedó aislado. Así, desde 1965 a Zarza de Granadilla, el municipio más cercano, tan solo se podía llegar en barca.

Hoy en día, tras décadas en un programa de recuperación de pueblos abandonados de España, Granadilla va recuperando construcciones gracias a los trabajos de estudiantes procedentes de todo el país. Los antiguos habitantes de Granadilla y sus descendientes, están luchando para que se les devuelvan sus antiguas propiedades. Mientras tanto, regresan un par de veces al año al pueblo: el día de todos los santos y el 15 de agosto, cuando se celebra la romería de la Virgen.

Ya al atardecer concluimos la jornada visitamos hallan los restos de la ciudad romana de Cáparra, que alcanzó su máximo esplendor entre los siglos I y IV d C. y llegó a tener una extensión de 14 hectáreas. Fue un referente comercial y un importante nudo de comunicaciones de la región. Situada en la comarca del valle del río Alagón, entre Oliva de Plasencia y Guijo de Granadilla, está atravesada por la calzada romana de la Plata siendo uno de los dos ejes principales de su diseño urbanístico: el decumanus maximus.

Las primeras excavaciones del yacimiento se realizaron en 1929. En aquellos trabajos se descubrieron los restos del templo de Júpiter y tres necrópolis. Una segunda etapa tuvo lugar a partir de 1988, cuando la Diputación de Cáceres adquirió los terrenos. Y más recientemente, desde 2001 se han ido descubriendo las termas, un área doméstica, las tabernae, la puerta sureste, el anfiteatro y un tramo de la vía romana en su trayecto urbano.

Destaca el tetrapylum, un arco cuadriforme de casi nueve metros de altura y una anchura de más de cuatro metros que se ubicaba en el centro de la ciudad, justo en la confluencia del cardo y el decumanus, con el Foro a un lado, y los baños públicos y otros monumentos principales al otro. Está muy bien conservado y es el único en España de estas características.

El recinto cuenta con un Centro de Interpretación que permite acercarse más a la historia de esta ciudad romana perteneciente a la provincia romana de Lusitania en la que aún se sigue trabajando en su restauración. Como llegamos con la hora tan pegada lamentablemente ya nos lo encontramos cerrado. Otra excusa más para volver.

Para concluir el 2022 visitamos Ávila. Tal y como habíamos hecho en 2021, alquilamos una casa rural con la familia para pasar la Nochevieja. Este año tocó un pueblecito de Segovia pero que estaba a apenas 20 minutos de Ávila. Así pues, el día 31 por la mañana cogimos los coches y nos fuimos a dar un paseo a una ciudad que aúna historia, arquitectura y gastronomía.

Ávila cuenta con uno de los recintos amurallados medievales mejor conservados de Europa, siendo su muralla una de las pocas en el mundo que está completa junto con la de Segovia y Lugo. Siguen en pie 2.516 metros de longitud, 87 torreones y 9 puertas de acceso. Peligró en el siglo XIX, pues dado que había perdido su función defensiva y que la ciudad estaba en expansión se ordenó su desmantelamiento. Por suerte, no se llegó a demoler por completo, aunque se perdieron los fosos, barbacanas y otras edificaciones que impedían el acceso a la urbe.

Esta ciudad de poco más de 60.000 habitantes posee un casco antiguo declarado Patrimonio de la Humanidad gracias a la cantidad de monumentos que asesora. El centro neurálgico es la Plaza del Mercado Chico, uno de los lugares con más historia de Ávila. Alrededor de su ubicación fue donde se formó el primer núcleo de población de los íberos y donde más tarde los romanos construyeron el foro. Considerada como plaza mayor, ha acogido todo tipo de celebraciones a lo largo de los siglos.

De la época medieval son también la multitud de palacios medievales con fachadas blasonadas que podemos encontrar en un paseo por su casco histórico.

Aparcamos extramuros y realizamos un recorrido circular partiendo de la Puerta de San Vicente, una de las primeras en construirse junto con la del Alcázar, ambas de estilo románico con una gran presencia con dos grandes torreones unidos por un puente. En el paseo nos fuimos encontrando con numerosos edificios relevantes, especialmente religiosos. Entre ellos destacan la Basílica de San Vicente, la Catedral, el Convento y la Iglesia de Santa Teresa o la por la Iglesia de San Pedro Apóstol.

La Basílica de San Vicente, una iglesia de estilo románico cuya construcción se inició en el siglo XII, se ubica junto a la puerta del mismo nombre. Declarado Monumento Nacional en 1923, es un templo con planta de cruz latina con tres naves y un brazo crucero donde destaca su galería porticada del siglo XV construida en piedra caleña, extraída de Villamayor en Salamanca.

No muy lejos, junto a la Puerta de los Leales, se erige la Catedral, de Cristo Salvador. No es tan impresionante como la de Burgos o León, pero la abulense puede presumir de ser la primera catedral gótica del país. Está construida en el siglo XII sobre una antigua iglesia mozárabe con una doble función: la de templo religioso, lógicamente, y la de fortaleza defensiva, debido al ambiente bélico de la época. Declarada Monumento Nacional en 1949, esta catedral no está concluida, pues nunca se levantaron las dos torres que originalmente se habían proyectado.

El Convento y la Iglesia de Santa Teresa se localizan en la Plaza de Santa Teresa de Jesús. Poco original, sí, pero es que no podía faltar monumento o espacio dedicado a uno de los personajes más ligados a la historia de la ciudad. El conjunto fue construido en 1636 sobre los cimientos de la casa natal de Teresa de Cepeda y Ahumada, fundadora de la Orden de las Carmelitas Descalzas junto con Juan de la Cruz.

La Iglesia de San Pedro Apóstol, un templo románico construido entre los siglos XII y XIII, preside la Plaza del Mercado Grande. Declarada Monumento Nacional, ha sido históricamente uno de los edificios más importantes de la ciudad.

Para concluir no podía faltar una parada en el Humilladero de los Cuatro Postes, ubicado a las afueras, al lado izquierdo del río Adaja. Este monumento formado por cuatro columnas dóricas unidas por un arquitrabe sobre las que se asienta el escudo de la ciudad en el centro de una cruz granítica tiene más de 500 años y es el mirador mas famoso de la ciudad gracias a su estupenda panorámica de la ciudad rodeada por la muralla. La vista es especialmente bonita al atardecer, cuando el conjunto queda iluminado.

Y con este panorama cerramos un 2022 de proximidad. Sin desmerecer las visitas interiores, porque en España tenemos muchos lugares ricos en historia y tradiciones con un importante interés turístico y cultural, lo cierto es que echamos de menos las escapadas a Europa, los grandes viajes recorriendo un territorio en coche, o el tradicional interrail en verano. Esperamos que 2023 nos vuelva a llevar a destinos inexplorados por nosotros y llegar a sumar, por fin, el país número 40. En el próximo repaso anual lo sabremos.

 
 
 

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