Resumen viajero 2019
Después de un completo 2018 en que viajamos a Estados Unidos y Canadá, Balcanes, Marruecos y Berlín, teníamos un 2019 por delante bastante yermo. En enero decidimos que en verano tocaría Islandia, y como es un país para el que necesitábamos un presupuesto más alto de lo habitual no llenamos más la agenda. El problema es que no nos fuimos de viaje hasta finales de agosto, por lo que el año se nos hizo algo duro estando tantos meses sin vacaciones.
En cualquier caso, durante los 15 días en Islandia nos olvidamos de todo. Y es que esta tierra situada en mitad del océano Atlántico, a 700 km al Norte de Noruega y al borde del Círculo Polar Ártico es un lugar como pocos, con un clima extremo, unos paisajes espectaculares y donde la naturaleza se escribe con mayúsculas.
Hay muchas maneras de llevar a cabo un viaje por Islandia: en caravana, en coche, en 4×4, con un guía… pero sin duda todos los visitantes llegan con el mismo objetivo. Naturaleza es la palabra clave para entender y recorrerla. Es verdad que no es un tipo de naturaleza de grandes bosques o parques naturales, ya que apenas hay árboles en todo el país. Se trata más bien de una naturaleza primitiva, salvaje y ancestral que nos hace pensar en los orígenes de la Tierra.
Una naturaleza que aún se mueve, se modifica, se inventa y se autodestruye. Islandia está en pleno proceso de creación, como si fuera un laboratorio de la Tierra donde los elementos luchan para predominar unos contra otros. Es un libro abierto de geología que presume de tener más de 200 volcanes, campos de lava, acantilados de vértigo, curiosas formaciones rocosas, espectaculares fiordos, desiertos que no parecen terrestres, 600 géiseres, un sinfín de fumarolas, fuentes termales, túneles kilométricos, lagos, lagunas glaciares, playas negras, innumerables cascadas de casi todos los tamaños y formas o glaciares que ocupan más del 10% del territorio. Mires donde mires, siempre te deja con la boca abierta.
La península de Snæfellsnes, al oeste del país, es un resumen de Islandia, ya tiene un poco de todo ello en un territorio reducido: un volcán cubierto por un glaciar (Snæfellsjökull) donde Julio Verne situó la entrada al centro de la Tierra, espectaculares cascadas, inmensos campos de lava, localizaciones de Juego de Tronos, fiordos, llanuras, pequeños pueblecitos pesqueros, acantilados inundados de aves, excursiones para ver mamíferos marinos….
El paisaje islandés es rudo, pero la ventaja del país es que su naturaleza indómita se halla, en la mayoría de los casos, accesible a pie de carretera. A otras más alejadas se puede llegar siguiendo unas atractivas rutas. La isla tiene en un pequeño territorio algunos de los paisajes más espectaculares del continente y unos incomparables fenómenos naturales (no nos olvidemos de las auroras).
Islandia está orgullosa de su pasado vikingo, pero también mira al futuro y es una sociedad moderna. Muestra de ello es su pequeña capital, Reikiavik, donde se unen pasado, presente y futuro. Tan pronto te encuentras con casitas de madera de colores, como otros edificios más vanguardistas.
Ciudad moderna, cosmopolita y acogedora, Reikiavik está llena de vida con numerosos museos, galerías de arte, tiendas, cafés, restaurantes y piscinas termales.
Islandia es una isla despoblada, de una belleza insultante y cargada de aventura. Una tierra de mil colores, en la que el agua tiene un gran protagonismo, un territorio que huele a azufre. Pero sobre todo es un país plagado de magníficos paisajes que nuestra retina no podrá olvidar. Es de esos lugares a los que quiero volver. Quizá en invierno, quizá durante más tiempo.
El segundo y último viaje del año fue más local. Nos quedamos en España y visitamos Galicia, especialmente A Coruña, aunque también nos acercamos a Santiago e hicimos alguna parada por la Costa da Morte. También, de subida, hicimos dos breves paradas en Astorga y Lugo.
Astorga, pese a ser una ciudad pequeña, es un importante nudo de comunicaciones entre la planicie del Páramo Leonés y los montes de León. No solo es la puerta natural de entrada a Galicia, sino que en ella confluyen dos caminos históricos de la península: la Vía de la Plata y el Camino de Santiago. Pasear por sus calles supone honrar su pasado romano y recordar épocas de esplendor en las que se construyeron la Catedral o el Palacio Episcopal.
Lugo comparte con Astorga ese carácter romano, de cuando fue Lucus Augustus. De aquella época conserva la muralla construida entre los siglos III y IV, la única muralla romana declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y que delimita claramente la ciudad. Así pues, cuando se cuenta con poco tiempo como en nuestro caso, nos marca de forma evidente dónde queda el casco histórico. Además de pasear por sus calles y plazas, recorrerla también desde lo alto de la muralla aporta una perspectiva diferente.
Santiago de Compostela, la capital de Galicia desde 1980, también tuvo sus murallas, pero que fueron derribadas en el siglo XIX. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO gracias a su belleza monumental, extraordinaria conservación y por ser el final del Camino de Santiago, prácticamente todo gira en torno a esta ruta de peregrinación milenaria. Y es que la urbe le debe gran parte de su desarrollo a la llegada continua de peregrinos. Y cómo no, su monumento por excelencia es la Catedral.
También pudimos recorrer un pequeño tramo de A Costa da Morte, un recorrido que se nos llevó por escarpados acantilados entre los que destaca el Cabo Fisterra, un lugar al que acuden muchos peregrinos para finalizar su camino con un ritual de inicio de una nueva vida antes de regresar a casa. Allí se erige a 138 metros sobre el nivel del mar el faro construido en 1853, todo un símbolo de la ciudad.
Y si hablamos de faros simbólicos no podemos olvidarnos de la Torre de Hércules, construida en A Coruña por los romanos para guiar sus rutas marítimas.
A Coruña, esa ciudad que ha tenido una historia llena de altos y bajos, como la marea. Su situación privilegiada desde el punto de vista geográfico ha atraído a diferentes civilizaciones a lo largo de los siglos. No solo a los romanos, sino también a los celtas, suevos, visigodos y vikingos. Esto ha dado como resultado una notable mezcla de culturas. Aunque también tiene su punto negativo, pues ha sido testigo de múltiples batallas, como por ejemplo las del siglo XVII entre Felipe II y la reina Isabel I de Inglaterra (una de las cuales encumbró a María Pita en heroína local) o las del siglo XIX contra el ejército napoleónico (la más famosa es la Batalla de A Coruña).
Hoy es una ciudad que en las últimas décadas (pese a perder la capitalidad) ha ido creciendo en lo económico, urbanístico y cultural. Se construyó el Paseo Marítimo más largo de Europa y el muelle de transatlánticos en plena ciudad, se planificaron parques y jardines, se creó una importante red de museos y una feria de muestras y actividades multiculturales… A Coruña sigue creciendo.
Galicia, tierra de leyendas y meigas, esconde muchos rincones que merecen ser descubiertos. Desde su naturaleza hasta sus ciudades llenas de historia pasando por sus pequeños pueblos de pescadores, sus costas rocosas, sus verdes praderas, sus frondosos bosques, sus playas interminables y sus misteriosas rías. Además, tiene buen clima y se come y bebe bien. ¿Qué más se puede pedir?
Con ella cerramos un 2019 poco viajero habiendo sumado tan solo un país (el 38 en mi caso), pero con muchos planes para 2020. No obstante, no nos podíamos imaginar ni de lejos lo que se nos venía encima con el Coronavirus.


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